lunes. 20.09.2021
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54 MUJERES, LA SERIE [XXXI]

54 Mujeres • Judee Sill (Invocando el sonido de los ángeles) • José Luis Justes Amador

José Luis Justes Amador
Judee Sill - 54M 31
Judee Sill
54 Mujeres • Judee Sill (Invocando el sonido de los ángeles) • José Luis Justes Amador


 

Judee was a punk.
Aaron Lee Tasjan


 

A pesar de que en los años setenta la mismísima Rolling Stone le dedicó una portada, la vida y la corta obra de Judee Sill pasó tan desapercibida que ni siquiera ha merecido una película biográfica a pesar de tener todos los elementos para ser taquillera y arty al mismo tiempo. Cuando murió era tan desconocida que ningún periódico ni ninguna revista musical le dedicaron una sola línea. Apenas el año pasado el New York Times, en Overlooked, la sección dedicada a los obituarios que nunca publicó en su tiempo y en la que había aparecido también, por ejemplo, Sylvia Plath, escribió sobre ella con una primera frase que atrapa perfectamente a la cantante: “La carrera de Judee Sill tenía todos los elementos para ser la historia de una gran cantautora”.

Los primeros años de su vida, por decirlo de alguna manera, fueron trágicos. Su padre y su hermano mayor murieron en accidentes cuando ella era todavía una niña y el nuevo marido de su madre la trataba con bastante violencia. Lo más lógico era que buscara la paz y la felicidad fuera de su casa. Se casó con uno de sus novios de preparatoria cuando sólo tenía diecisiete años, para divorciarse al año siguiente. Su exmarido moriría a los pocos días del divorcio, ahogado después de tomar LSD. Como ella misma reconoció, en esa época vivía de lo que sacaba asaltando licorerías y supermercados, lo que la llevó a juicio y reformatorio, donde se interesó por la música religiosa y aprendió a tocar el piano, empezando a escribir canciones.

Su nuevo matrimonio, con un músico, no fue mejor, ya que ambos se volvieron adictos a la heroína, hábito que Sill mantuvo después de su divorcio. Para costearse la adicción se dedicó a las falsificaciones lo que hizo que fuera enviada a prisión, donde tuvo que dejar la droga a la fuerza.  Pero al salir de la cárcel una sobredosis le detuvo el corazón por unos minutos e hizo que ella tomara la resolución de dedicarse exclusivamente a la composición de canciones y a la religión, a la ella llamaba “magia”, y “la usaba solo para buenas causas, nunca me metí con la magia negra ni con nada de eso”.

Su nueva residencia en la costa oeste y sus nuevos amigos, Graham Nash y David Crosby, le ayudaron a centrarse en la composición y en la música. Sin tener disco todavía, salió de gira como telonera de los propios Crosby y Nash, escribió canciones para The Turtles (de las que destaca “Lady-O”) y los medios underground la señalaron como una posible estrella. Y David Geffen que acaba de fundar Asylum Records, donde estarían entre otros Bob Dylan, the Eagles o Tom Waits, le ofreció ser el primer disco que publicara la compañía. Tan agradecida estaba Judee con la oportunidad, que en la contraportada de su primer álbum está escrito “David Geffen, te amo”.

El primer día de octubre de 1971 apareció su primer single y que, probablemente, sea la canción más emblemática, musical y líricamente, de la cantautora: “Jesus was a cross maker”, producido por Graham Nash. A los pocos días salía también su primer disco, titulado simplemente “Judde Sill”. En el disco destaca en lo musical, sobre todo, por las maravillosas armonías, más cercanas a Bach que a los acordes simples de sus contemporáneos, y por la voz de Sill que aparece doblada una y otra vez. Y por sus letras.

«Generalmente, son cosas espirituales la principal inspiración de mis canciones”, y por eso “Judee Sill” está repleto de espiritualidad cristiana. “Crayon Angels′ trata de falsos profetas, “Enchanted Sky Machines” de la parusía y el final de los tiempos según lo descrito en la Biblia, y de los últimos tiempos, y “Ridge Runner” sobre la inspiración divina». Lo asombroso es que su canción más famosa, “Jesus Was A Cross Maker”, la única en la que aparece Jesús citado literalmente, es en realidad una explicación de su desengaño amoroso con el también cantautor J. D. Souther.

Para su segundo disco “Heart Food”, también repleto, desde el título, de imaginería religiosa, ella mismo se encargó de los arreglos orquestales del disco. Frente a la simplicidad del primero, este nuevo —y último- disco arropaba la voz angelical —nunca mejor usada la expresión– de Sill, en cuerdas que no hacían sino conferir a su folk un aire más espiritual todavía. De ese disco destaca sobre todo la excepcional “The Donor”, con su introducción de piano que abre paso a la voz de Sill susurrando algo que parece no ser de este mundo, antes de entrar a la canción en sí misma, que no es sino un canto a la redención, con un estribillo en griego sacado directamente del canon de la misa.

En una extraña decisión artística decidió mudarse a Inglaterra, donde aumentaría su reconocimiento al aparecer en el mítico “The Old Grey Whistle Test”. Al poco tiempo de esa sesión regresó a Estados Unidos, donde sufrió en poco tiempo varios inexplicables accidentes automovilísticos. Judee pasó una larga temporada sumida en una depresión que la llevaría de nuevo a las drogas y abandonó, de repente y sin ninguna explicación, la música.

El 23 de noviembre de 1979 fallece a consecuencia de “una aguda intoxicación de cocaína y codeína” en su apartamento de Morrison Street en North Hollywood. Como dice José de Segovia: “Cuando sus cenizas son esparcidas en el Pacífico, ya nadie sabía de ella”. Pero ese mismo día nacía una leyenda desconocida a la que cada década se le añade, gracias a las reediciones, una nueva legión de seguidores. Dos discos, unos cuantos conciertos y una música eterna.

PD: aunque nunca ha sido un fenómeno masivo, sus canciones han sido homenajeadas en forma de versión por autores tan dispares como Cass Elliot o Warren Zevon, como Ken Stringfellow o Ettie Boland.



 

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