viernes. 24.09.2021
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54 MUJERES [XII]

The Slits (no tan “typical girls”) • José Luis Justes Amador

José Luis Justes Amador
54 Mujeres - The Slits
54 Mujeres - The Slits
The Slits (no tan “typical girls”) • José Luis Justes Amador


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Las chicas típicas no se rebelan / ¿Quién inventó a la chica típica? / ¿Quién es el que lanza el nuevo modelo? / He ahí otro truco del mercado.

(Typical Girl, The Slits)

Como la historia de tantos y tantos grupos, la de las Slits comienza en un concierto. Como tanta historias de grupos femeninos comienza en el concierto de una mujer. Patti Smith, la abuela del punk, tocó en el Roundhouse de Camden el 16 de mayo de 1976, apenas unos meses antes de la gran explosión que ya estaba gestándose en el underground. Entre el público se encontraba Arianne Foster, una jovencita de 14 años a la que después se le conocería como Ari Up, con su madre Nora, que después se casaría con Jhon Lydon, el Rotten pistoliano. En ese concierto Ari conoce a la española Paloma Romero, a la que todo el mundo llamaba Palmolive, ya que así como su entonces novio, Joe Strummer que después fundaría The Clash, intentaba pronunciar su nombre de pila. A ella se unieron dos jóvenes que apenas durarían unos meses en la nueva banda que habían formado, The Slits, Las Rajitas, cuyo nombre, orgullosamente femenino, venía de una de las denominaciones vulgares de la vagina.
 


La formación clásica de The Slits se completaría con la entrada de Tessa Pollit, que llega de un grupo de existencia efímera, llamado también gráficamente The Castrators, y de Viv Palmolive, que había tocado una temporada en los protopunks, aunque su nombre no lo indicara, The Flowers of Romance, junto a los todavía desconocidos Keith Levene y Sid Vicious. Ellas cuatro, una de las primeras formaciones punk exclusivamente femeninas, serían parte de una revolución cuyas reglas implicaban no tener reglas. Por eso la etiqueta feminista se les queda pequeña. O, como lo explica Tessa en la biografía del grupo: “Nunca nos etiquetamos como feministas porque eso implica una serie de reglas y no queríamos ser etiquetadas de ninguna de las maneras”.

Pero eso no quiere decir que la afirmación orgullosa de su sexo (de ahí su nombre) se encontrara con una escena punk rompedora en casi todo, pero que era tan machista como el resto de la industria musical de finales de los setenta. Ellas formaron parte de la mítica gira White Riot que expandió el punk por toda Inglaterra junto a los Clash, The Jam, Buzzcocks y Subway Sect. Pro no lo tuvieron nada fácil.

“Éramos las mayores rebeldes de aquella gira. Nuestra imagen era, con mucho, más rara o arriesgada que la de los chicos. Ahora el público está acostumbrado a la imagen de las estrellas de rock and roll, pero ¿chicas con vestidos de fetiche, camisetas rotas y pelo kilométrico con botas de Doctor Martin? No podían soportarlo, y nos decían que sólo nos verían en el hotel y en el concierto. Todos y cada uno de los días, el manager de gira nos amenazaba con sacarnos del cartel. Teníamos que sobornar a Norman, el conductor del autobús, para que nos dejara montarnos. Fue jodidamente estresante”.

Además del machismo socialmente aceptable entonces, hay otros dos motivos para más en ese desprecio. Eran técnicamente superiores a la mayor parte de los grupos de aquella primera hornada, lo que tampoco las convertía en virtuosas y, sobre todo, eran igual de violentas en el escenario que sus contrapartes masculinas. Hay una grabación de uno de sus conciertos de 1978 en la que una Ari Up enojadísima interrumpe una de sus canciones “Enemy número uno”, para bajar a un invasor del escenario a golpes mientras les espeta un directo “vuelve al baño y hazte una paja”.

Ellas cuatro graban un disco que no vendió mucho pero tuvo influencia en muchísimas mujeres en la música posterior, algo que ha hecho que a veces, exageradamente, se lo comparara con el primer disco de la Velvet Underground. “Cut”, otro homenaje a su sexo, además contó con la magia dub del productor Dennis Bovell y la icónica fotografía que muestra al grupo desnudo y lleno de barro. La mezcla de letras inteligentes e irónicas, algo poco habitual en el punk, una instrumentación de acordes abiertos y efectos de sonido jamaicanos, hizo que fuera un disco parecido a lo que realmente podrían ser. Había una diferencia radical entre el sonido trabajadísimo de su disco y la acelerada violencia de sus directos, lo que hizo que aunque llegara a los puestos medios de la lista, no vendiera mucho.

Las diez canciones de “Cut” son preludios del amor y romance que el punk y el post punk tendrían con los sonidos de la isla caribeña como el ska o el rock steady y, en general, con la música negra. Por eso destacan además en las versiones que elegían para sus conciertos o sus grabaciones. Mientras que su generación covereaba a Sinatra (“My Way”), por mucha intención irónica que hubiera, o a Alice Cooper (“I’m eighteen”), mucho antes de que los Clash lo hicieran ellas ya hacían el clásico de rock steady “Man Next Door” de John Holt (que siempre comenzaban al grito de “roots”), o el impresionante tema de Smokey Robinson “I heard it through the gravepine”, canción que además contaba cómo alguien deja a otro por haberlo engañado. Lo que en el cantante usamericano era un reproche masculino, en la interpretación de The Slits se convierte en rabia femenina.

Su legado, por supuesto, está más allá de las pocas ventas, de su lucha contra el sistema patriarcal de la música, punk incluido. Ari lo explica mejor: “The Slits se han convertido en algo que está más allá de The Slits. Algo más grande que la vida misma. Más grande aun que nuestras personalidades. Se han convertido en algo mítico. La responsabilidad de ser fiel a una misma es enorme. La gente necesita algo como The Slits aunque no fuéramos nosotras. Cada vez que tocamos hay una chica que nos dice ‘Voy a montar una banda’. Siempre hay alguien que nos dice que hemos sido su inspiración para un cambio de vida”.

PD: Como la mayoría de los grupos que vuelven a juntarse, para regocijo de sus fans antiguos y nuevos y un sustancial aumento de sus cuentas corrientes, The Slits cayeron en la tentación de volver a entrar en el estudio para grabar dos discos que, aunque no directamente inaudibles, desmerecen bastante de aquel rompedor, fresco y nada típico “Cut”, el disco por el que siempre serán recordadas.
 

 

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