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Catar • Los prolegómenos, día cero • Fernando Cuevas

"Un Mundial cuestionado desde su nominación, en la que se sospechan movidas por debajo de la mesa..."
A view shows the Lusail Stadium in Lusail on November 5, 2022, ahead of the Qatar 2022 FIFA World Cup football tournament. (Photo by Kirill KUDRYAVTSEV / AFP) (Photo by KIRILL KUDRYAVTSEV/AFP via Getty Images)
A view shows the Lusail Stadium in Lusail on November 5, 2022, ahead of the Qatar 2022 FIFA World Cup football tournament. (Photo by Kirill KUDRYAVTSEV / AFP) (Photo by KIRILL KUDRYAVTSEV/AFP via Getty Images)
Catar • Los prolegómenos, día cero • Fernando Cuevas

Un Mundial cuestionado desde su nominación, en la que se sospechan movidas por debajo de la mesa. Un país con un clima muy caluroso, por lo que la fecha tradicional se recorrió hacia fin de año, y con una liga profesional de fútbol poco conocida más allá de sus fronteras. Su legislación castiga la homosexualidad (como en Rusia, así es que no es la primera vez) y el gobierno funciona de acuerdo con la sharía (ley islámica), que implica diversas complicaciones en términos de respeto a la diversidad, a pesar de aplicarla de manera más tolerante en comparación con Irán y Afganistán, por ejemplo, aunque más estricta que en Turquía.  Un retrato preciso del país en cuestión se puede ver aquí.

Las mujeres deben cubrir todo su cuerpo, salvo el rostro, y las manifestaciones de cariño en la vía pública están prohibidas, así como el consumo del alcohol, salvo en determinados lugares que, ahora se sabe, no incluyen los estadios ni sus alrededores. Abusos laborales en la construcción de esos estadios se sumaron a los cuestionamientos que llevaron a algunos países, como Alemania, a blandir amenazas de boicot, al final sin concreción. El show, dicen, debe continuar. Esperemos que esta celebración sirva en términos sociales, más allá de llevar más recursos a las arcas de la FIFA, que ha intentado ampliar el abanico de países organizadores pero siempre dando pasos con huarache.

Las grandes ausencias están encabezadas por Italia, campeón de Europa, acompañada por Chile, Colombia, Nigeria, Suecia, República Checa, Rusia, Escocia y las Irlandas, por mencionar algunas que han sido más o menos asistentes frecuentes a la justa; además, no podremos ver en acción a estelares de la talla de Haaland, Salá, Ibrahimovic y Oblak, porque sus selecciones no están presentes, y a Pogba, Lo Celso, Correa, Mané y Tecatito Corona, estos por lesión. Habría que incluir a varios más que se quedaron fuera por decisión de los respectivos técnicos, siempre generando polémica entre la fanaticada de Inglaterra, Brasil, España y Alemania, sobre todo.

Ojalá que la fiesta del fútbol, finalmente un deporte que se juega en prácticamente todo el mundo y que tiene un gran potencial de integración y convocatoria, consiga regalarnos pasajes de entretenimiento y celebración más allá de las diferencias que tenemos como especie, en términos culturales y religiosos: una buena oportunidad para encender la tolerancia de todas las partes y no quedarse en la dañina idea de la superioridad moral. La celebración deportiva más importante del planeta, con perdón de los Juegos Olímpicos, está por comenzar. De algo tenían que servir los nacionalismos.

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