Martes. 15.10.2019
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Una guerra perdida

Una guerra perdida

Si hemos de dar por buena la historia sobre Gary Webb, el periodismo estadounidense ha perdido por completo la credibilidad de que gozaba en el pasado, y debilitado de manera alarmante su propio frente ante el estatus quo, donde los intereses políticos de los Estados Unidos se siguen imponiendo a cualquier noción de derecho.

Kill the Messenger es, digamos, un filme modesto, casi un telefilme que aprovecha las convenciones del thriller político para narrar una historia de interés y que remite a la vena revisionista de Todos los Hombres del Presidente (1976. Alan J, Pakula), la personal odisea de un reportero que trabaja en un periódico rascuache y que logra descubrir, por vía de una filtración, una operación secreta perpetrada por la CIA para hacerse de los recursos económicos y con ello apoyar la insurgencia en Nicaragua, evento previo al escándalo Irán-Contras y de cuya figura representativa (el militar, Oliver North), hoy muy pocos recordarán su rostro.

En principio agasajada por sus pares, la investigación de Webb en realidad caló hondo en la arrogancia de los medios de comunicación considerados de ligas mayores, particularmente en lo que se refiere a la descripción de una maraña de conductas delictivas que permitieron financiar la guerra sucia en Centroamérica.

La película arranca promisoriamente con la contextualización del ambiente político en la guerra contra las drogas, un discurso repetitivo desde la administración de Richard Nixon hasta el conservadurismo y la doble moral de la época reaganiana, recreado todo ello de forma fragmentaria.

Sin embargo, la verdadera apuesta del director es describir sin tapujos el linchamiento mediático al que fue expuesto Gary Webb, luego de la publicación hecha por el diario San José Mercury News de un reportaje incómodo y revelador, donde se denuncia la implicación de la agencia de espionaje norteamericana en el tráfico de drogas en territorio estadounidense.

Parece mentira que todavía existan periodistas (y gran parte de la población) que nieguen la cara real de un poder de Estado al margen de las leyes. Tal pareciera que los desmanes y atropellos cometidos o financiados por la Inteligentzia no tuviera mayor consecuencia en el diario acontecer de una nación que poco a poco comienza a mostrar evidentes signos de decadencia.

Interpretado sin estridencias por Jeremy Renner, si bien de aspecto chilapastroso en un principio, el director recrea con mesura la personalidad de un periodista al que se le niega la cualidad de mártir, personaje que ciertamente recuerda en algunos gestos al personaje gonzo caracterizado por Robert Downey Jr. para Zodiac (2007, David Fincher).

De entre las afortunadas insolencias que vocifera el filme, destaca la tibia recepción del Oscar que lo acreditó como uno de los mejores del año en una ceremonia tensa y llena de malas vibras, la denuncia del tráfico de crack para inundar a los guetos afroamericanos como carne de cañón, y que por fin alguien se haya atrevido a decir que este comercio ilegal es perpetrado por manos gringas, aunque sin dar nombres y apellidos en concreto… Al presentar su renuncia a los editores del periódico San José Mercury News, Gary Webb nunca volvió a trabajar en los medios.

Filme generador de antipatías por la valiente reivindicación de la imagen del periodista, Gary Webb fue encontrado muerto en condiciones misteriosas, con dos tiros en la cabeza que prácticamente se la destrozaron. La policía local concluyó que se trató de un suicidio.  

Kill the Messenger (Matar al mensajero)/ D: Michael Cuesta/ G: Peter Landesman basado en los libros Dark Alliance de Gary Webb y Kill the Messenger de Nick Schou/ F en C: Sean Bobbit/ E: Brian A. Kates/ M: Nathan Johnson/ Con: Jeremy Renner, Mary Elizabeth Winstead, Rosemarie DeWitt, Robert Patrick, Oliver Platt y Ray Liotta/ P: Bluegrass Films, The Combine. EUA. 2014.

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