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00:35h. Miércoles, 19 de Diciembre de 2018

Mutek 2018: 15 años de digitalizaciones artísticas [I]

El autor reseña este festival

 

Foto cortesía: Clarin
Foto cortesía: Clarin

Este festival inició hace más de dos décadas en Montreal, Canadá. Poco a poco se fue expandiendo a otras ciudades, CDMX incluida. En nuestra capital cumple 15 años como la celebración más consolidada de música electrónica y arte digital, sobre todo por la capacidad que ha tenido para mantener un cartel de actividades conformado por artistas experimentales de altos vuelos, además de la organización que permite integrar, al menos durante esos días, una comunidad en busca de experiencias estéticas innovadoras. A través de su sección Digi Lab, se ofrecen talleres y charlas sobre realidad virtual y la presencia de las mujeres en estos ámbitos. Si alguien anda por tierras defeñas, ni lo dude

Sonoridades niponas globales

En esta primera entrega, una breve repasada a un par de invitados ilustres provenientes de Japón que se han insertado en distintas músicas alrededor del mundo, incorporando sus visiones de origen y expandiéndolas por una multiplicidad de territorios. Del lugar donde nace el sol, se presentan también los artistas visuales Tetsuji Ohno (alias Intercity-Express) y Synichi Yamamoto que presentarán Noesis: vale la pena echarle un ojo en el sitio del Festival.

Conexión espiritual

La música ambient de Kazuya Nagaya, también dedicado a la creación literaria, nos sumerge en una especie de tiempo circular que se conecta con la naturaleza y sus parajes místicos: combina instrumentos tradicionales como gongs y campanas, usados en ceremonias religiosas, con teclados y guitarra eléctrica. Su primer disco solista fue Utsuho (1999), integrado por cuatro cortes de contrastante duración, como si se tratara de distintos momentos de un rito espiritual. Continuó con Kumano of a Thousand Gods (2000), proponiendo sonidos para la tierra sagrada de los inmortales y Skyward the Spirit, Earthbound the Soul (2001), moviéndonos a una introyección para pensar en esa eterna dualidad expresada en el título.

Grabó Resonator (2002), en clave avant-garde junto con el estadounidense Carl Stone, al que le siguió Secret Rhymes (2003), incorporando el poder de la palabra; colaboró con el score de Gaia Symphony no.4 para el documental de Jin Tatsumura (2004), mismo año en el que vio la luz For All the Radiant Darkness (2004). En Illuminations/Pluto (2006), se entreveran con nitidez las posibilidades de la digitalización con los antiguos ecos de las campanas gigantes y gongs luminosos en pleno llamado a la introspección. Esta década la cerró con Harmonic in the Lights (2009), alumbrando conciencias, el soundtrack Gaia Symphony no.7 (2010) y con Silent Garden (2010), convirtiendo las notas en hermosos y apacibles copos de nieve, salpicando sabiduría.

Dadas sus inclinaciones filosóficas, ha entrado en contacto con monjes tibetanos, nativos americanos y hawaianos; en contraste, también trabajó con el inglés Richie Hawtin, (a.k.a. Plastikman), figura esencial del ambiente tecno. Volvió al estudio para producir Microscop of Heraclitus (2018), desplegando una conversación entre Buda y el conejo mientras se desafía la gravedad con vocalizaciones serenas, invitando por supuesto al cambio permanente para atravesar las aguas que nunca son las mismas. En su presentación en el Museo Anahuacalli, estará acompañado por Florence To, artista visual que nos guiará a la luz mientras suenan los ecos espirituales de nuestros ancestros.

Nombres y géneros múltiples

Por su parte, el oriundo de Sapporo Kuniyuki Takahashi, todo un escultor sonoro, empezó desde adolescente a entrar al mundo de la electrónica, particularmente en la vertiente ambient por la influencia del patriarca Brian Eno y poco a poco fue visitando otras estaciones estilísticas. Formó el dueto industrial DRP con Tomoyuki Murastige, a través del cual grabó Electro Brain 586 (1990) y Peace Offensive (1991) aparecido varios años después. Primero se auto apodó Forth, práctica que ha seguido de manera constante, y debutó con Rose Trumpet Herb (1997), enclavado en el drum'n'bass con aderezos de jazz y apuntes justamente ambientales.

Durante los primeros años del presente siglo fue construyendo un estilo propio, integrando piezas de house con sustentos de un jazz intervenido por la experimentación, además de trabajar como mezclador y productor; con el apelativo de Kuni rubricó algunas participaciones en colaboraciones y compilaciones. Bajo el nombre de Koss, grabó Ring (2004), Four World’s Coverge As One (2008) y Ancient Rain (2008), desde una perspectiva más exploradora, y su primer disco firmado como su acta de nacimiento fue We Are Together (2006), en el que se instalaron diversos remixes y cortes perpetrados con anterioridad, exhibiendo la evolución del músico y su paso por algunas tendencias estilísticas de la electrónica proveniente del subsuelo.

Con invitados varios e incorporando vocales, grabó con espíritu ecléctico All These Things (2007), seguido por Remixed (2008), de claras intenciones y por Walking in the Naked City (2009), deslizado a partir de un jazz en penumbras con su consecuente contraparte de mezclas Dancing in the Naked City (2011). De regreso al sobrenombre de Koss, produjo un festín de improvisación plasmado en The Möllan Sessions (2011), en compañía de Sebastian Mullaert y Marcus Henriksson. Continuó con Feather World (2013), generando una nutrida globalidad de sonidos con invitados de aquí y de allá, del afropop al free jazz con tintes de fusión y de la electrónica inquietante al new age contenido.

Después de Remixes 2 (2013) enclavado en el deep house, se presentó una vez más como Koss para grabar Silence (2015), acaso buscando en los espacios ambientales donde flotan las partículas inasibles, al que le siguió Kalima's Dance (2016), un EP surgido de una colaboración con Jimpster. Newwave Project (2017) representó una vuelta a los orígenes de su dueto DRP, intención reforzada con un par de volúmenes titulados Early Tape Works (1986-1993) (2018), ideales para introducirse en la versátil propuesta de este músico cuya forma básica de creación radica en la búsqueda de alternativas y la interacción de géneros sin asumir prejuicios sobre el resultado.