EL PARIETAL DE CHOMSKY (COMUNICACIÓN Y LENGUAJE)

Territorio y redundancia

Matilde Hernández Solís

Tachas 03
Tachas 03
Territorio y redundancia

Es innegable el efecto que los elementos del espacio pueden tener sobre los humanos: nos pueden hacer sentir alegres, relajados, cohibidos, acelerados, dicen algunos que ‘hambrientos’, dice Hall que hasta deprimidos; con la distribución de los muebles que había en una sala de geriatría femenina de un hospital “todas parecían deprimidas” (Edward T. Hall, La dimensión oculta, p. 134); “cuando la renovación urbana [en Boston] impuso el traslado a espacios más modernos pero menos armonizados, un importante número de italianos se sintieron deprimidos y perdieron visiblemente el interés por la vida” (p. 209)

Para sus propósitos, el autor hace un recorrido que va del estudios de los organismos biológicamente más simples hasta la vida urbana más compleja, pues “la hipótesis que sustenta el sistema de clasificación proxémica es la siguiente: es propio de los animales, entre ellos el hombre, el comportamiento que llamamos territorial, que entraña la aplicación de los sentidos para distinguir entre un espacio o distancia y otro. La distancia específica escogida depende de la transacción: la relación de los individuos inoperantes cómo se sienten y qué hacen” (p. 154), ya que “es un factor decisivo en la distancia empleada el modo de sentir de las personas una respecto de la otra en ese momento” (p. 140) y “no sólo hay… matices y grados de personalidad, sino… cierto número de personalidades situacionales aprendidas” (p. 141).

Punto de apoyo es la hipótesis lingüístico-antropológica generalmente conocida como la ‘hipótesis Sapir-Whorf, pues Hall considera que “los principios expuestos por Whorf… se aplican de igual manera… a toda la cultura” (p. 7). Así pues, la idea de ‘relatividad lingüística’ habrá que hacerla extensiva a la de ‘relatividad cultural’.

A propósito del problema de la interpretación de la simultaneidad en la cultura, hace uso del concepto de ‘redundancia en el sistema cultural:

Todos los organismos cuentan en gran parte con la reptición; es decir, la información procedente de un sistema se corrobora y respalda con otros sistemas en caso de falla. El hombre mismo está también programado por la cultura de modo masivamente redundante o superabundante. Si no fuera así, no podrá hablar ni ejercer ninguna interacción, porque tardaría demasiado. Siempre que hablan las personas, entregan solamente parte del mensaje. El resto lo pone el que lo escucha. Mucho de lo que no se dice se sobreentiende: pero las diversas culturas difieren en lo que queda tácito (pp. 126-127).

Que “cada mundo tiene su propio equipo para entrada de energía sensoria, de modo que lo que atrae a las multitudes en una cultura no necesariamente las atrae en otra” (p. 12) me confirma cada vez más la idea de que lo que entendemos como ‘mexicano’, como una forma de cultura, no es tal unidad, sino que está constituida de muchos otros subniveles, de muchas (sub)culturas al interior de ella, sin haber diferencias étnicas. Hall emplea en otro momento el término microcultura, pero éste, tal como lo define el autor, no embona con lo que quiero señalar.

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