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MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO

En la gloria de mi cuarta década

Artículo de Benjamín Morquecho

Tachas 05
Tachas 05
En la gloria de mi cuarta década

Converso con el hombre
que siempre va conmigo

Antonio Machado

En la gloria de mi cuarta décadaEn la gloria de mi cuarta década —la séptima del siglo—, mi maestro de filosofía me recomendó una lectura. Realizaba, entonces, mi segunda vuelta por los terrenos extraños de esa profesión y tuve la oportunidad de disfrutar el magisterio de un maestro: el doctor Francisco Bucio Palomino. Él es, desde entonces mi maestro de filosofía. Me recomendó, a la sazón, la lectura de un tratadito juvenil de Jean-Paul Sartre: La trascendencia del ego. Aquel texto de 1934, había dado a conocer a quien sería, más tarde, acaso el más célebre filósofo francés de su generación. Allí se describía el ego, al yo, como una construcción, casi como un invento. Aunque la idea había venido construyéndose hacía tiempo, hacía agresivamente explícita la salida del “yo pienso” cartesiano y, con ello, de la modernidad. Con su gracia y picardía italianas, Umberto Eco describiría, después, el fenómeno como cogito interruptus. La lectura me fascinó. Sin confesármelo, había sido, hasta esa fecha, íntegramente cartesiano. A lo largo de tres décadas, la idea me persiguió en mis lecturas filosóficas hasta culminar, ya a fines de siglo con Sí mismo como otro de Paul Ricœur. Me fueron lecturas gratas, debo confesarlo con rubor. Hasta las lecturas filosóficas pueden agradar a algún lector. Para todo hay gente.

Me percaté que la idea, como toda idea filosófica que se respete, era muy vieja. En contextos y con pretensiones diferentes, había formulada a lo largo de milenios. El demonio de Sócrates, el cristiano y medieval ángel de la guarda, fueron bellos ejemplos. En la narrativa del siglo XX, me fascinan las dualidades de Hermann Hesse, la de Demian y Sinclaire, la de Narciso y Goldmundo, mi preferida. ¿Es el hombre, como decía Alfonso Reyes, el hombre y su espejo?

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