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Nuestro hermano el diablo

Artículo de Sandra Alvarado

Tachas 05
Tachas 05
Nuestro hermano el diablo

Mi soledad es absoluta, y el “Extranjero en su patria” es el título de la novela de mi vida.
Julio Torri

Existe quien lo definirá como un duende, otros como el hermano diablo, como aquel a quien gustaba hacer travesuras y bromear con sus condiscípulos, la figura de Julio Torri, podría resultarnos tan soberbia, quizá un tanto marchita y, sin embargo, al leer sus libros, descubrimos a un individuo juguetón, divertido, burlesco sin caer en la sátira cruel. Quizá en estos momentos el señor Torri continúe riéndose al ver los desvaríos y las trampas en las que sus lectores hemos caído a lo largo de los años.

Julio Torri Máynez nació en la ciudad de Saltillo, Coahuila, el 27 de junio de 1889. En 1908 viajó a la Ciudad de México para matricularse en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde trabó amistad con Alfonso Reyes y Mariano Silva y Aceves. Es gracias a esta amistad que Torri entra en contacto con el grupo que posteriormente sería considerado el núcleo central del Ateneo de la Juventud en México, ahí Torri se relacionó con la élite de la cultura en México.

Torri tomó del Ateneo algunas aspectos, tales como su gusto por la lectura de los clásicos, los ingleses y los españoles; sin embargo, Torri estaba en oposición con una cuestión central del Ateneo. Para la mayoría de los ateneístas, el arte estaba ligado a la posibilidad de educar, podría resumirse su empeño como el deseo de masificar la cultura. Torri, por el contrario, se opone a todo aquello que no contribuye a crear y mantener la aristocracia del espíritu: el arte como producción individual destinada al consumo personal, el arte que para cumplirse debe renunciar a toda mediación del entorno.

Torri nunca pretendió ser un escritor de masas. Escribió al margen del sistema literario, con la resignación y la libertad de quien no pretende el éxito ni el prestigio intelectual, de quien no puede albergar dudas sobre si alcanzará renombre porque antes de eso ha renunciado a su mera posibilidad.

De ahí que la obra de Torri resalte entre las del Ateneo por su carácter personal. Su generación, como he indicado, concebía la literatura como instrumento social, mientras que las páginas estrictamente literarias de Torri, las que él señaló como tales, son un catálogo de su propia subjetividad.

Nuestro país no estaba preparado para este tipo de textos. Es por esto que las obras, o quizá sería más conveniente hablar de la obra de Julio Torri, no ha sido reconocida como cabría esperarse. Por años se le olvidó totalmente de la historia literaria nacional. Fue un escritor poco leído en su tiempo. Y posteriormente relegado al olvido casi absoluto. Es hasta tiempos recientes que se ha retomado el estudio de este autor.

Torri escribía para analizar al individuo y burlarse de él, de la sociedad, de las ansias de gloria y reconocimiento social que imperaban y siguen imperando en la mayoría de los humanos. Sus amigos de juventud, sus compañeros de escuela lo recuerdan como una persona humorista maliciosa, traviesa. Esta forma de ser no desaparece nunca de sus escritos. La vena irónica que caracteriza la obra de este autor es algo realmente refrescante y novedosa (incómoda quizá) en la corriente realista que imperaba en la narrativa del país.

Si nos ponemos a observar la historia de nuestra literatura, podemos observar que, hablando en términos generales, los autores del siglo XIX mexicano no se distinguieron precisamente por un empleo recurrente del humor o la ironía. Sólo en el modernismo se dio cabida a la ironía, de la mano de diversos autores, quienes particularmente en sus prosas, emplearon la ironía como una herramienta que servía para contrarrestar un poco el exceso de sentimentalismo que provenía de la literatura romántica y costumbrista, que antecedía al movimiento modernista.

 Sin embargo, como recurso constante, y más aún, como una perspectiva creadora general, la ironía no alcanzará una práctica más extendida y decisiva sino hasta la generación del Ateneo, principalmente con escritores como Julio Torri, Carlos Díaz Dufoo Jr. y Alfonso Reyes. Estos autores hicieron de ella un método de pensamiento y una constante de su escritura. En el caso de Torri la ironía no se reduce a una estrategia ocasional, sino que representa una visión global del mundo que termina sobrepasando a las cuestiones rítmicas, genéricas o temáticas del texto.

Mediante la ironía Torri elude el imperativo moral, el compromiso social, la necesidad de una evaluación directa, sus textos irónicos juzgan negándose a juzgar y de esta manera superan el compromiso, la identificación del sujeto con el objeto. Esto lo podemos ver en textos como “De fusilamientos” o “De funerales”, donde la perspectiva irónica global posibilita el no involucramiento del narrador en un asunto que parecería implicar forzosamente un acercamiento piadoso, triste, convencional o combativo.

Torri es un observador de la conducta humana y desde la distancia habla sobre los conflictos que observa, nunca con un afán moralizante ni maniqueísta. En vez de sufrir por lo ilógico y disparatado del mundo, Torri se burla, se ríe. Su ironía es sutil y triste. Tal como el mismo autor la define, “la melancolía es el color complementario de la ironía”. En la obra de este autor, la ironía es complementaria de la melancolía en tanto ayuda a evitar el estancamiento que solamente provocaría un discurso nostálgico, melancólico, pesaroso.

En su obra, todo el texto está encaminado a negarse continuamente desde el título. Es un contraste que atrae la atención del lector, y es uno de los rasgos distintivos de este autor. Cuando leemos el índice de algún libro de Torri imaginamos la seriedad de los temas a tratar dado los títulos que aparecen; sin embargo, al llegar al texto, el enfoque desde el cual se le aborda dista mucho de nuestras preconcepciones. 

Existen textos del autor en donde un asunto absurdo, excéntrico o en algunos casos francamente ridículo está expresado no sólo mediante una prosa muy cuidada, sino con una voz narrativa que evita en todo momento descender explícitamente al terreno humorístico. Una de las características de los textos de Torri es la gravedad del narrador, éste siempre ostenta un lenguaje muy peculiar, su discurso es tan solemne y esto contrasta muy bien con la temática que está narrando. Este contraste es lo primero que nos choca cuando leemos algún texto de Torri.

Julio Torri ciertamente fue un autor elitista, despegándose del vulgo tanto como le fuera posible, y una de las herramientas que contribuyeron a tal fin es el hermetismo que se observa en algunos de sus textos, y es que el autor incluye referencias eruditas que provocan un hermetismo tal, que los lectores podemos sentirnos excluidos, si no conocemos de lo que el narrador está hablando. Ésta es una de las características de la obra torriana que a la vez ayuda a la brevedad de los textos, ya que el autor espera que el lector tenga un referente y de esta manera no tener que extenderse en explicaciones.

Autor de textos enigmáticos, concisos, extraños y sobre todo irónicos; solitario empedernido, extranjero en su tierra, exiliado en su biblioteca, enigma en pos de resolverse, escritor por descubrirse, así  es Julio Torri.

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