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El poder de las palabras

Artículo de Olga González Esquivel

Tachas 06
Tachas 06
El poder de las palabras

Poco se asocian entre nosotros los términos discurso y racismo. Frecuentemente al escuchar un discurso es probable que nos estén discriminando; pero lo hacen de una manera tan sutil que las mayorías no se dan cuenta. Se hace necesaria una cierta preparación académica para poder distinguir las intenciones del hablante, debido a que éste puede utilizar términos desconocidos que sólo aquel que goza de un repertorio léxico más amplio puede definir los conceptos y por lo tanto las ideas del discursista; además, advertir hacia dónde quiere guiar la atención.

Las élites políticas, burocráticas, corporativas, mediáticas, educativas y científicas controlan las dimensiones y decisiones más cruciales de la vida cotidiana de las minorías y los inmigrantes.[1]

Dichas élites establecen un control hablando o escribiendo a través de los medios de comunicación, reuniones de trabajo o en la escuela, toman decisiones que afectan la vida de las minorías y de los inmigrantes; es por eso que “el discurso puede ser en primera instancia una forma de discriminación verbal. El discurso de la élite puede constituir así una forma de racismo de la élite”.[2]

El racismo es visto a menudo como una ideología. Van Dijk lo entiende como un “sistema societal complejo de dominación fundamentado étnica o racialmente, y su consecuente inequidad”.[3] Es decir, las élites son las que tienen el acceso a los medios de comunicación masiva, son las que tienen algo que decir a la sociedad, las que llaman la atención de los medios y son dignos de escuchar y ser escuchados, ya que lo que dicen es algo importante con tendencia a la “verdad”.

El discurso de estas élites tiene dos caras: una donde podemos ubicar prácticas discriminatorias que se dan en la vida cotidiana, en la calle, en oficinas, y las que se dan haciendo abuso del poder a nivel de organizaciones e instituciones. Cuántas veces somos testigos o incluso somos objeto de discriminación; por ejemplo, en el banco hacemos largas filas para realizar un trámite y hay otra sección para quien tiene tarjeta preferencial. Significa que tiene más dinero, gana más dinero, es mejor cliente; por lo tanto, lo atienden mejor y más rápido. También se da el caso de que tramitamos un documento o pedimos información y somos tratados de manera despectiva sólo porque el empleado está de mal humor o porque estamos mal vestidos y parecemos (o somos) de los marginados.

Cuántas veces nos enteramos del abuso de poder por parte de policías o gente que tiene dinero y siente que tiene poder sobre y desde el poder gubernamental y lo manifiestan en algún accidente: alcoholismo, infracciones, hasta en manifestaciones de alegría, porque su equipo de futbol ganó, pero los policías se permiten dar la vuelta donde está prohibido y se estacionan donde quieren. Otro ejemplo se da cuando se asciende de puesto o se emplea a un trabajador por razones de compadrazgo, económicas o simplemente “visuales” y no por preparación profesional o cumplimiento en el trabajo. Son actitudes que muestran visiblemente las prácticas discriminatorias de miembros de grupos o instituciones y un racismo cotidiano.

La otra cara es la cognitiva, la podemos distinguir de la siguiente manera: en las prácticas discriminatorias tienen una base mental, se realizan de acuerdo a prejuicios e ideologías que se han aprendido a través del discurso, debido a que

los prejuicios e ideologías étnicas no son innatas y no se desarrollan espontáneamente en la interacción étnica. Se adquieren y se aprenden y éste sucede generalmente a través de la comunicación; es decir, a través del texto y la charla.[4]

El discurso de las élites, que son las que ejercen gran influencia en las creencias, tienen en consideración a quién va dirigido; es decir, los discursos racistas pueden ser variados adaptándose a diversos contextos que los producirán y atienden qué dicen, cómo lo dicen, cuándo, dónde y con qué objetivos.

Tal vez consideren muy exagerado al decir que pareciera que nos hipnotizan y nosotros respondemos como autómatas, pues reproducimos sus manera de pensar y de ser, lo grave de este asunto es que negamos ser racistas y realizamos en nuestra vida cotidiana las mismas prácticas discriminatorias de las que somos víctimas, padecemos una ceguera mental y visual, no vemos ni estamos conscientes de lo que hacemos ni de lo que nos hacen, es un ámbito muy personal, con quien tratamos en la vida diaria, con quien tenemos una relación más cercana, donde la relación es íntima, donde se supone que nuestra actitud es más consciente y van implícitos sentimientos, ya sean de amistad, compañerismo, respeto o amor, también se reproducen esas ideologías racistas.

Cuántas veces criticamos a nuestros familiares por cómo hablan, cómo visten o por cualquier simpleza. Lo mismo hacemos con nuestras amistades o conocidos. Se realiza de una manera cómica con tintes de inocencia, bromas o críticas. No dejan de ser prácticas discriminatorias y, por si eso no bastara, esperamos que los criticados o a los que se les aplica la broma no se molesten y lo tomen con la misma gracia que nosotros. Algunos aparentan no mortificarse y siguen la corriente de la conversación; pero otros no, no sabemos si en realidad les causa gracia o nosotros caímos con ella, depende de la ideología de la persona; en otras ocasiones, lo hacemos a sus espaldas.

Si desde la relación íntima se dan prácticas discriminatorias, qué podemos esperar cuando se da una comunicación unilateral, en donde está en juego el poder, ya sea económico, político, religioso, ideológico.

Podemos molestarnos cuando somos objeto de prácticas discriminatorias y hacer uso de ellas en el entorno familiar. Al final reproducimos  las mismas actitudes de las élites, es por eso que se establecen normas sustentadas en prejuicios e ideologías aceptadas y se toman decisiones que influyen en la vida de nuestra familia, sin considerar en la mayoría de las veces si están de acuerdo, por la edad o porque nos justificamos como padres, porque deseamos lo mejor para nuestros hijos, aunque en ocasiones ellos difieren de nosotros. Como sea, se imponen nuestras reglas.

Si carecemos de conocimiento sobre el racismo, no sabemos cómo el discurso está implicado en su reproducción diaria. Lo mismo aplica para el discurso; por lo común, para distinguirlo, podemos hablar de tipos de discurso: médico, político; pero

no entendemos por discurso una filosofía, una ideología, un movimiento social o un sistema social, como sucede en frases  como ‘el discurso del liberalismo’ o ‘el discurso de la modernidad’, a menos que nos refiramos a colecciones de conversaciones o textos.”[5]

El discurso también incluye expresiones no verbales y distinguimos prácticas discriminatorias en gestos, cuadros, mímica, entonación de la voz, las palabras y oraciones que se escogen para acentuar Nuestras cosas positivas y las negativas de Ellos. Las éiltes hacen uso de estas técnicas para acusar a otros de racistas y ocultar su propio racismo desviando la atención. Como líderes sociales establecen valores, metas y preocupaciones comunes; para realizarlas, saben cómo llegar a las mentes de las minorías, de una forma muy sutil, logran que la sociedad esté de acuerdo con ellos para alcanzar sus propios fines.

En nuestro país existen infinidad de líderes que primero convencieron a la gente. Tomaron posesión de puestos clave y tomaron decisiones que afectaron la vida de las minorías (la reforma del IMSS, la nueva ley del ISSSTE), gozaron de gran poder económico, político y social, abusaron de él como muchos presidentes de la república, por no decir todos. Pocos han terminado en la cárcel después de gozar y prolongar sus fechorías. El clarísimo ejemplo está en la lideresa vitalicia sindical Elba Esther Gordillo. La apoyaban muchos y grandes líderes; sin duda, algunos de ellos contribuyeron a su caída. No sabemos a ciencia cierta qué es lo que sucede tras bambalinas, pero hay reglas del juego y se debe jugarlas para mantenerse dentro del poder y el estatus.

 En general, el análisis del discurso tiene distintos niveles, “con las muchas estructuras sutiles de los significados, de forma y acción, el discurso racista se acentúa generalmente. Nuestras cosas buenas y Sus cosas malas desenfatiza (atenúa, oculta) Nuestras cosas malas y Sus cosas buenas”.[6]

Todos, en cualquier ámbito hemos sido objeto de racismo o discriminación, entre amigos, en la familia, en el trabajo, en la escuela, hospital, banco, oficina de cualquier tipo, hotel, calle, restaurante. En ocasiones lo advertimos, pero otras no, nos parece normal e incluso, a veces, justificamos cierta actitud porque estamos acostumbrados a ello; si es por un amigo, es porque no estaba consciente de lo que dijo; si es en la calle, en el banco, hotel, oficina, hospital es que no deseamos meternos en problemas; si es un político que nos dice que toma cierta decisión para una ley, es porque es necesaria y por el bien de la población, muchos están de acuerdo hasta que se le descubren actos ilícitos o actitudes indeseables después de su gestión. Las personas se molestan pero todo queda en eso, no hay ley ni población que pueda pedir castigo o exigir justicia, debido a las medidas precautorias que hasta cierto punto les da inmunidad, y no siendo suficiente el político en ocasiones puede seguir aspirando a otros puestos, incluso algunos de sus colegas les siguen dando sus respetos, mientras que las minorías son juzgadas y castigadas por pequeñas infracciones a la ley o por actuar en defensa propia.

Lo gracioso es que los que observamos, criticamos o advertimos estas prácticas discriminatorias, lo reproducimos en nuestro entorno, unas veces conscientes, otras no tanto, ¿será que ya es parte de nuestra personalidad?, desde que nacemos nos desarrollamos con discursos racistas en nuestro contexto que ya es parte de nosotros, ya que el discurso también transmite significados que ejercen gran influencia en nuestras creencias e ideología y no sólo formas de interacción y prácticas sociales.

Una vez que nuestras representaciones mentales han sido influenciadas de manera prevista a través de un discurso racista, podemos utilizarlas en otras prácticas sociales reproduciéndolas; por lo tanto, élites y no élites, las integramos en nuestra vida cotidiana.

   Actuamos con una ideología conveniente a la élite en el poder y la reproducimos educando de esa manera a nuestros hijos, transmitiéndola de generación en generación; de esta manera, valores, costumbres, tradiciones, perspectivas de vida son vistas como propias y no impuestas. Un ejemplo de ello es: hace ya bastante tiempo, para obtener un trabajo con el sueldo mínimo era necesario tener la primaria terminada; después fue requisito la secundaria; ahora se pide la preparatoria, no hay lugar a dudas que pronto requerirá de una carrera técnica o licenciatura.

En las conversaciones cotidianas de nuestra vida social, ya mencionamos que realizamos prácticas discriminatorias; pero si lo hacemos sobre otros, los que desestabilizan el orden social, generalmente todos coincidimos en otorgarle el poder al estado para que se termine con el desgaste emocional que ha provocado esta situación.

Lo que se ha tratado en los medios de comunicación es precisamente que pensemos eso, no sabemos si en realidad los Otros son un medio para llegar a un fin que desconocemos, pues se han sabido situaciones en que las fuerzas del Estado han abusado de su poder y ocultan bastante información, de tal manera que existen dudas para creer fielmente en los acontecimientos que se manejan; pero el temor que se ha desplegado entre la población hace que se pida a gritos protección. ¿Es éste un medio para quedar como héroes y restablecer la confianza que se está perdiendo en nuestras autoridades?

Tal vez sea sólo una actitud esperada, totalmente prejuiciosa, no toleramos en otros las prácticas discriminatorias y las criticamos, pero si alguien de las minorías o un inmigrante llega a tocar nuestra puerta por una ayuda para volver a su casa, no se la damos, la tratamos despectivamente, cerramos la puerta en su cara o definitivamente no abrimos.

Los prejuicios étnicos, estereotipos, rumores, se expanden rápidamente a través de la conversación cotidiana, inspirados por lo que se ve en la televisión, se escucha en la radio o se lee en el periódico como fuentes de conocimiento y de opinión cuando no se puede observar directamente, tanto en las élites como en la gente común. Debemos mencionar que los titulares de los periódicos siempre serán negativos si se refieren a las minorías; en cambio, atenuarán las acciones de las élites cuando éstas son indeseables, notablemente existe una diferencia.

Después de los medios de comunicación masiva, no hay discurso más influyente que el que se da en las escuelas; en ningún otro lugar se obliga a leer libros y aprenderlos, estos están elaborados por las élites reproduciendo sus creencias, prejuicios y estereotipos, pero también es el lugar en donde se puede apostar por otras alternativas.

Estamos en un mundo de prejuicios, estereotipos, bombardeados por los medios de comunicación que trabajan a favor de las élites, un mundo en el que nos hundimos como un torbellino en el mar, sin esperanza de salir. Lo bueno es que estamos tan alienados que podemos decir que estamos y vivimos bien; si algo está mal es por nuestra culpa. No tomamos en cuenta las decisiones que toman las élites y que inciden en nuestras vidas para mantenernos controlados y consolidar su poder y estatus; y terminamos reproduciendo las prácticas discriminatorias de las élites.    

 

[1] Teun A. Van Dijk, Discurso y Poder, Gedisa, Barcelona, 2009, p. 181.

[2] Ibid., p. 182.

[3] Idem.

[4] Ibid., p. 183.

[5] Ibid., p. 184.

[6] Ibid., p. 185.

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