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EL PARIETAL DE CHOMSKY (COMUNICACIÓN Y LENGUAJE)

Sobre Introducción al pensamiento complejo (de la barbarie a la perplejidad y el despertar)

Artículo de Mónica Muñoz Muñoz

Tachas 06
Tachas 06
Sobre Introducción al pensamiento complejo (de la barbarie a la perplejidad y el despertar)

Hace ya casi cuatro décadas Edgar Morin aseveró: “Tenemos que comprender que estamos siempre en la era bárbara de las ideas. Estamos siempre en la prehistoria del espíritu humano. Sólo el pensamiento complejo nos permitiría civilizar nuestro conocimiento.”[1] Hace tres décadas, las suficientes como para que su pensamiento haya fructificado y hoy el mundo tuviera en claro las desventajas de cercenar, de mutilar, el conocimiento y —en general— de desarticular el universo —sin volverlo a unir— para luego interpretarlo.

¿Qué pasaría si desde pequeños se nos enseñara a interpretar el mundo tal como Morin y Matthew Lipman lo proponen? Aprenderíamos desde niños a llevar el conocimiento a nuestra vida, puesto que ambas son un ente entretejido —diría Morin—, sin duda alguna, mejoraría nuestra calidad de vida.

El pensamiento complejo es multidimensional y no totalitario, teórico pero no doctrinario —como dice el autor de Introducción al pensamiento complejo— la doctrina es la teoría cerrada autosuficiente, por lo tanto insuficiente. Así el pensamiento complejo está abierto a la incertidumbre y a la trascendencia; no al ideal que idealiza ya que sabe que la cosa no será nunca totalmente encerrada en el concepto y —por lo tanto— el mundo jamás podrá ser aprisionado en el discurso.

Introducción al pensamiento complejo describe una teoría que le da sentido e integración a la ciencia sin tomar un tópico a analizar como pretexto, ya que la teoría del pensamiento complejo se hace práctica en todos los ámbitos, no necesita parcialidades de manera última, justificante; el fijarse en la parte —en la estructura— es solamente un paso para llegar al conocimiento. Por lo tanto, Morin explica su teoría por explicarla, no es exclusiva de algún área del conocimiento  puesto que su práctica está en la vida misma que –desde luego– es muy compleja.

Así, con Edgar Morin la vieja disputa sobre qué es más importante: la naturaleza, la genética, o el ambiente en el que el individuo crece, la cultura, terminó. Tal disputa no tiene por qué existir, somos seres tan complejos que dependemos de ambas raíces —y quizá de otras que aún no sabemos cómo definir—. Marcelo Pakman, admirador de Morin y autor de la introducción a Introducción al pensamiento complejo lo tiene claro: “la mente humana, si bien no existe sin cerebro, tampoco existe sin tradiciones familiares, sociales, genéricas, étnicas, raciales, que sólo hay mentes encarnadas en cuerpos y culturas, y que el mundo físico es siempre el mundo entendido por seres biológicos y culturales”.

Siguiendo los principios de su teoría Edgar Morin no puede dar una definición de complejidad, no puede encerrar en unas palabras lo que él mismo considera entretejido —quizá— de manera infinita, por eso su definición de complejidad se acerca más a lo confuso que a lo concreto, a incertidumbre que a la certeza, elementos característicos de su propia teoría, “es complejo aquello que no puede resumirse en una palabra maestra, aquello que no puede retrotraerse a una ley, aquello que no puede reducirse a una idea simple. Dicho de otro modo, lo complejo no puede resumirse en el término no complejidad, retrotraerse a una ley de complejidad, reducirse a la idea de complejidad.”[2]

Morin insiste en que se debe cambiar el modelo de disyunción-reducción-unidimensionalización por el de distinción-conjunción para que sea posible desarticular el mundo, estudiarlo, identificarlo pero luego volverlo a unir, entendiendo que todo está entrelazado, entretejido, puesto que si mantenemos mutilado el conocimiento mantendremos mutilado nuestro pensamiento y por consiguiente nuestros actos serán rutilantes, actos que completamente están dentro de la barbarie de la humanidad, como Morin lo sugiere.

Otros conceptos fundamentales de la teoría de la complejidad son los de entropía (desorganización) y neguentropía (reorganización), con ellos entra la importancia de la auto-eco-organización, es decir que cualquier sistema complejo que entra por naturaleza en un desorden y luego en un orden natural que le da una nueva vida, esto me recuerda aquella vieja idea de “quien no evoluciona, muere”, dentro de una realidad recursiva, tal como el lenguaje, diría Chomsky.

Debemos acostumbrarnos a trabajar con la incertidumbre, con el azar, despertar nuestro pensamiento creativo y aceptar que el conocimiento y el mundo no son exactos como algunas ciencias lo pretenden, porque entonces —si todo estuviera descubierto y dicho— ya nada tendría razón de ser, el mundo no tendría más para qué existir, no tendría que seguirse autodescifrando. “Lo propiamente científico era, hasta el presente, eliminar la imprecisión, la ambigüedad, la contradicción. Pero hace falta aceptar una cierta imprecisión cierta, no solamente en los fenómenos, sino también en los conceptos, y uno de los grandes progresos de las matemáticas de hoy es el de considerar los fuzzy sets, los conjuntos imprecisos.”[3]

Morin, un filósofo, decidió fundamentar su teoría —que para muchos incrédulos o irreflexivos podría no tener ningún fundamento científico— en una ‘ciencia dura’, la física, porque la idea de complejidad resalta aún más, la idea de que todo está relacionado, a partir de ese momento su teoría es el mejor ejemplo de la necesidad de la eliminación de la división de las ciencias.

Es necesario aclarar que tener un pensamiento complejo no significa que en adelante podremos conocer lo inesperado, pero sí nos volverá prudentes, atentos, no nos dejará dormirnos en la mecánica aparente y la trivialidad aparente de lo que creemos determinado. “El pensamiento complejo no rechaza, de ninguna manera, a la claridad, el orden, el determinismo. Pero los sabe insuficientes, sabe que no podemos programar el descubrimiento, el conocimiento, ni la acción.”[4]

Una de las características del pensamiento complejo es que produce un estado espiritual de perplejidad en un principio, pero luego “hay otro estado que se parece a una excitación producida por algo que nos sobrepasa y nos sorprende provocando en nuestro espíritu un estado parecido al despertar.”[5] Busquemos ese estado.

[1] Edgar Morin, Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, España, 1998, p. 35.

[2] Ibid., p. 22.

[3] Ibid., p, 61.

[4] Ibid., p. 117.

[5] http://www.complejidad.org/penscompl.htm  “Qué es el pensamiento complejo y la complejidad”, p. 2.

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