Es lo Cotidiano

UN RATITO DE TENMEALLÁ

Historias de frontera

Alejandro García

Tachas 12
Tachas 12
Historias de frontera

Confirmaba que Oriol había cruzado la línea, había perdido las amarras que lo unían con su vida anterior, se había deshecho de la lealtad, ese valor imprescindible que respetan incluso los criminales.
Jordi Soler

Jordi Soler se ha dedicado a darnos a conocer la vida de los republicanos de frontera. En su obra siempre está presente el límite. Para no totalizar, porque siempre quedarán obras o rasgos que no pueden incluirse en lo afirmado, esto sucede en La última hora del último día, donde se nos da a conocer la vida de una comunidad, La Portuguesa, de exiliados españoles. Sobrevivirán en Veracruz no sólo al destierro sino a las agresiones de los lugareños de las tierras que los acogieron y a la retórica de los regímenes priístas en torno a la repartición de la tierra. Así conocemos la obra constructora transterrada de Arcadi y la contradictoria, cotidiana, obra de un grupo, alejada del sentimentalismo revolucionario y de los lugares comunes sobre la generosidad al recibir a los derrotados del 36-39. Los personajes de esta novela están en la frontera, son marginales no corresponden a los españoles de gran imagen que labraron la épica de la República, aunque con su obra hicieron posible lo que los errores de los políticos y militantes acaso dinamitaron.

En La fiesta del oso (México, 2009. Mondadori, 157 pp.) la frontera es más clara: España-Francia. Allí se perdió en 1939 Oriol, el hermano de Arcadi, abuelo de Jordi Soler, narrador e investigador. Un viaje a un pueblo francés en 2007 le permite a Jordi romper la estampa: el hermano del abuelo, desaparecido, en El Pirineo, después de auxiliar a unos enfermos. En La Portuguesa se pensaba que algún día aparecería como célebre pianista. No había sido así. Al final del evento el personaje recibe una nota: lo que lo que ha dicho en su libro es mentira.

La novela entonces se convierte en una serie de pasos en donde el conocimiento se convierte en peso y en condena. Una mujer de aspecto miserable lleva el mensaje mediante el cual conocerá a Noviembre, un gigante que en 1939 rescata a un joven republicano herido en una pierna, le lleva una curandera que le amputa la pierna y lo cuida durante su convalecencia. Oriol no muere, pero su destino ha conocido del descenso a los infiernos o el retroceso del género.

Noviembre es un gigante fronterizo con la idiotez, le da algunos informes sobre su tío abuelo, pero nada que sirva, si acaso la noticia de que ha muerto en Perpignan. Una vez más es la mujer, ángel anunciador, el que lo lleva a Isolda (¿la de las blancas y sanadoras manos?), quien en 1939 le salva la vida a un joven al amputarle la pierna, pero que entra en shock cuando le dice que él es de la familia de Oriol. Hasta aquí, el inquiriente sabe que el gigante se dedicará a rescatar a los españoles que huyen y permitirles descansar y hacer acopio de fuerzas antes de encontrarse en otros países o con los campos franceses.

Investigando, se entera de que Oriol no sólo no murió, sino que una vez que la frontera se convirtió en un espacio de locos: republicanos huyendo del franquismo, resistentes huyendo de los nazis, guerrilleros tratando de sembrar la semilla de la justicia, se dedica a asaltar a mujeres solitarias o familias que buscan el escape. El gigante nunca lo supo, bien por su deficiencia, bien por su afecto por Oriol. Quedarán las actas de los asaltos y la certeza de que también hubo una frontera que Oriol atravesó al mismo tiempo que pasaba a territorio francés: la de hombre devenido en bestia.

Noviembre será apresado por los españoles (cruzan la frontera y se lo llevan sin que los franceses levanten el orgullo), le dirán que ha sido denunciado por alguien que estuvo con él y asumirá que fue uno de los guerrilleros. Oriol permanecerá en sus posesiones y cometerá el acto que lo llevará a la cima: perseguirá a una niña, hija de Isolda, hará lo mismo con la hermana y después de jugar al cojo y a la gacela, una de ellas caerá y se pegará en la cabeza mientras la otra huye. Oriol se llevará el cadáver y lo ocultará en una cueva. Sólo rescatarán los huesos.

¿Por qué este hombre sensible, pre-pianista de talento, llega a estos niveles? Imposible saberlo. El investigador habrá de buscar los últimos cabos y encontrará que en 2008 (?), Oriol purga cadena perpetua, si bien ha negociado a lo largo del camino algunos indultos al denunciar a un gigante que “servía” a los enemigos de los fascistas. En la “Fiesta del oso”, el carnaval, servirá de plantígrado que recibe golpes y ejecuta tareas para humanizarse.

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