Es lo Cotidiano

El lado oscuro de los cuentos de hadas

Sandra del Río

El lado oscuro de los cuentos de hadas

 

Los cuentos de hadas son más que reales: no porque nos cuentan que los
dragones existen, sino porque nos dicen que los dragones pueden ser vencidos.

Neil Gaiman

 

Por más que intento alejarme siempre termino en este lugar, entre sirenas, hadas y dragones, persiguiendo sueños olvidados, en este mundo de fantasías que se ha convertido en mi salvaguarda al enfrentarme a monstruos que a través de los años han transmutado de criaturas espantosas que habitaban en la oscuridad, a uno que otro maestro que logra causarme pesadillas, y es el hecho de encontrarme nuevamente ante esta situación lo que me lleva a preguntar ¿Por qué? ¡Qué tienen esos cuentos de hadas que logran atraerme aun ahora que se supone que ya soy demasiado adulta para ellos? ¿Algún complejo de Peter Pan que me impide alejarme de mi infancia y madurar? Para ser honesta, no lo creo. Hay algo en ellos, un lado obscuro, ajeno al lado dulce y moralizante de las historias que nos ofrecen los cuentos de hoy en día.

Estas historias han tenido tan gran impacto en mi vida, no sólo por el hecho de que crecí con ellas, sino también porque he aprendido de ellas, he experimentado cosas que no lograría hacer de alguna otra forma, son la puerta que me trajo a estar sentada aquí frente a ustedes, son la razón de que aún me emocione las historia que leo, que me ría y llore o incluso llegue a aventar un libro contra la pared porque las emociones que me causan son tan reales como las que me provocaban a los cinco años y, por momentos, más.

La temática quizás haya cambiado, pero la pasión que me inspiran no. Es por eso que encuentro muy injusto el hecho de que  se clasifiquen estas historias como literatura infantil, como si con eso se les condenase a ser inadecuadas para la mente “maduras y juiciosas” de los adultos, cuando muchas de ellas tienen en sus orígenes temáticas que podrían competir y ganar sin ningún esfuerzo contra muchas novelas que conocemos hoy en día.

Trataré de indagar en estas líneas sobre este aspecto lúgubre de los cuentos de hadas. Tomaré Una casa de granadas de Oscar Wilde, libro de cuentos (¿de hadas?) publicado en 1892. El mismo autor declaró no haberlo dirigido a los niños británicos.[1] De los cuatro cuentos que forman la obra me concentraré en El pescador y su alma, específicamente en los tres elementos más resaltables de la obra:

  • La búsqueda de la separación del cuerpo con el alma
  • El acto de separación
  • Sus consecuencias.

Después de leer El Pescador y su alma queda claro por qué cualquiera buena madre o padre cristiano se negaría a relatarle esta historia a su pequeño antes de dormir, ya sea por el ferviente deseo del pescador de deshacerse de su alma o por lo medios a los que este recurre para lograrlo. La razón de esto está en que un día por accidente atrapa en su red a una princesa sirena y se enamora perdidamente de ella, pero por ser ésta una criatura del mar no tiene alma humana, y el pescador debe deshacerse de la suya si desea casarse con la sirena.

—Sirenita, sirenita, te amo. Acéptame por esposo, pues te amo. Pero la sirenita negó con la cabeza. —Tú tienes un alma humana —respondió—. Si quisieras arrojar tu alma lejos de ti, podría amarte. Y el joven pescador se dijo: “¿De qué me sirve el alma? No puedo verla. No puedo tocarla. No la conozco. Ciertamente la arrojaré lejos de mí, y será mía una gran alegría”.[2]

 

Con esta resolución en mente, el pescador se presenta ante el cura del pueblo para solicitar su ayuda a la hora de deshacerse de su alma. Tengamos en cuenta que la época de la cual Wilde formó parte fue una era Victoriana tardía, cuya sociedad era regida por su puritano concepto de moralidad y disciplina donde los deberes de la fe y el descanso dominical eran valores de gran importancia.

Aunque al hablar de cuentos de hadas nos adentramos en un mundo de fantasía que Tolkien describe como una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios,[3] es el mundo de lo Otro, pero este elemento de lo Otro no es ajeno a nuestra realidad, es un espejo que corre de forma paralela al mundo real que, como toda buena literatura, refleja el mundo que rodea a quién lo observa.

De esta forma muchos de estos valores se ven ejemplificados dentro de la obra, desde el rechazo del cura frente el pescador y su amor por una criatura pagana, hasta el sentimiento de culpa que enfrenta el pescador al darse cuenta de lo que ha sido de su alma, El poder esencial de fantasía es hacer inmediatamente efectivas a voluntad las visiones “fantásticas”. No todas son hermosas, ni si quiera ejemplares; no al menos las fantasías del Hombre caído.[4]

El hombre caído en esta instancia siendo el pescador una vez liberado y reunido con su alma. Es el cura quién le advierte que perder su alma es perder la cosa más preciosa que le ha sido otorgada por dios y en el cuestionamiento del pescador a esto ¿para qué me sirve el alma si no la puedo ver o tocar?, se muestra un tema controversial para la cristiandad: el sacrifico del alma por amor, el sentimiento más puro de todos, ¿de qué sirve aquello que es intangible ante una emoción tan sobrecogedora como el amor?

El cura se enfrenta ante esta cuestión aclamando que el amor del cuerpo es vil, ya que no es amor a dios, sino a aquellas cosas que, en este caso, dios permite que vaguen por su mundo, las sirenas faunos y ninfas, pero que no pertenecen, según la religión cristiana.

Es al buscar ayuda de una bruja que lo invita a bailar con ella en un aquelarre frente a su Señor, a quien podemos tomar como una representación del diablo, dada su conducta ante la señal de la cruz que hace el pescador en su presencia, a cambio del secreto necesario para deshacerse de su alma. Es en este punto donde encontramos una vez más ese hundimiento al lado más obscuro de esta clase de cuentos, sean o no de hadas, ya que queda claramente implícito el pacto que tiene la pelirroja bruja con este hombre que se hace rodear de mujeres que lo alaban.

Se rompe una vez más la barrera entre lo real y lo otro, o un mundo dentro de otro, rompe también con los paradigmas del cristiano, al arrojar de sí el “preciado regalo de dios”. El acto es bastante simple, la bruja le explica que su sombra no es más que el cuerpo de su alma y lo único que debe hacer es cortarla de su cuerpo con una daga que ella le proporciona.

Y su alma le dijo: —Si de verdad tienes que arrojarme lejos de ti, no me envíes sin darme un corazón. El mundo es cruel, dame tu corazón para llevarlo conmigo. Él sacudió la cabeza y sonrió. —¿Con qué amaría a mi amor si te diera el corazón? —exclamó. —Sé compasivo —dijo su alma—; dame tu corazón, pues el mundo es cruel y tengo miedo. —Mi corazón es de mi amada —respondió—; por tanto, no te hagas la remolona y vete. —¿No debiera yo también amar? —preguntó su alma. —¡Vete!, pues no te necesito —exclamó el joven pescador.[5]

 

El alma es enviada al mundo sin un corazón con el cual amar, lo que terminara atrayendo repercusiones para el pescador, una vez más nos encontramos ante la dualidad alma/corazón (amor). Estos dos elementos logran formar un equilibrio y es a través de la falta de él que descubrimos que el alma nos es un ente de entera pureza y bondad, sin un cuerpo que la mantenga en riendas se torna fría, cruel y malvada.

Al engañar al pescador para que le permita volver a reunirse con él, éste se da cuenta del daño que ha hecho al ser, obligado por su alma a robar y asesinar. La lección al final de cuentas termina siendo moralizante, ya que al dejarse caer en la tentación ante el engaño del alma, el pescador pierde su único y verdadero tesoro, el amor de la Sirenita, a quien deja atrás al caer en la trampa puesta ante él.

Y su alma le respondió: —Cuando me echaste al mundo no me diste corazón, así que aprendí a hacer todas estas cosas y a amarlas. —¿Qué dices? —murmuró el joven pescador. —Ya lo sabes —respondió su alma—; lo sabes muy bien. ¿Has olvidado que no me diste corazón? Yo creo que no. Así que no te inquietes ni me inquietes, y quédate tranquilo, pues no hay dolor que no hayas de arrojar lejos de ti ni placer que no hayas de gozar.[6]

Es verdaderamente una obra llena de simbolismo, con una historia que no solo sirve de entretenimiento, sino que logra hacer pensar al lector y que merece muchas más palabras dedicadas a ella que las que yo le puedo otorgar en este ensayo.

Si en algún momento de mi vida siento que puedo ser sincera es cuando estoy ante una hoja en blanco, así que aquí les dejo mis palabras, espero que sean sufrientes para hacerlos pensar y despertar su curiosidad, por algo nuevo que tal vez no hayan considerado con anterioridad.

Regreso antes de que las ideas me abandonen al concepto con el cual abrí este trabajo, la defensa de una niña aterrada ante aquello que le trae seguridad en un mundo lleno de monstruos, con mis palabras tal vez no logre cambiar el mundo pero si logro poner una quitar una piedra del camino para que otros transiten con más facilidad sobre él entonces creo que habrá valido la pena.

 

[1] Michelle Beissel Heath, Lessons Not Learned: ‘Bad Cocoa’, ‘Worse Blankets’, and the Unhappy Endings of Oscar Wilde’s Fairy Tales, pdf, http://diposit.ub.edu/ dspace/bitstream/445/33690/1/Los%20cuentos%20de%20hadas%20y%20su%20, simbolog%C3%ADa, consultado 13/05/13, 10:36 P.M.

[2] Oscar Wilde, Una casa de granadas, pdf, p. 32, http://www.biblioteca. org.ar/libros/130153, consultado el 29/04/13.

[3] J. R. R. Tolkien, “Sobre los cuentos de hadas” en Cuentos desde el reino peligroso, Minotauro, México, 2009, p. 257.

[4] Ibid., p. 274.

[5] Oscar Wilde, op. cit., p. 37.

[6] Ibid., p. 57.

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