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Surrealismo y vida

Surrealismo y vida

Las vanguardias cañonearon el viejo orden artístico. Mientras las potencias buscaban nuevos mercados, los artistas cuestionaban la doble personalidad de la sociedad moderna: por un lado el pregón del progreso, por otro el imperio del ennui; por un lado el desarrollo de la ciencia, de la tecnología y por otro la hostilidad al mundo del espíritu.

Los surrealistas ampliaron la banda del mundo, incorporaron universos y viajes desconocidos e introdujeron cuestiones puntuales al discurso. Si bien la estética y la fantasía formaban parte ya del mundo del arte, los surrealistas las pusieron en crisis, las desordenaron, junto (con más ganas) con la conciencia, la lógica, el tiempo, el espacio y, nada menos, el estado tan cacaraqueado como excelente, de la condición humana.

Proust, desde 1913 dejó hablar al pensamiento y lo siguieron Joyce y Woolf, pero las vanguardias pelearon el terreno, defendieron el instante y lo inasible y los surrealistas mostraron que el mundo de la conciencia y de la inconsciencia no era de dos, sino que cada uno de ellos tenía numerosas realidades, recovecos que había explorar e incorporar a la vida.

Había un fluir de la conciencia, una escritura automática, un mundo de analogías, un repertorio de juegos, la presencia redentora de la risa, del azar, del sueño, de la obsesión.

Pero además, todo esto, y muchas otras cosas, no se podían esclerotizar como se había hecho con todo el legado anterior, amenazado con convertirse en museo o en almacén de antigüedades, sino que había que moverlo, ponerlo a prueba, llevarlo a la vida diaria, a otras esferas de la actividad humana y después, había que hacer lo mismo con ese legado, no darle brillo, sino su merecido y ver la suerte que corría después de la batida contra él: era la relectura del pasado.

De entre todos los movimientos de vanguardia el que más creció, se mantuvo y rebasó los límites del arte fue y es el surrealismo, en él se encuentra esa irresolución que tanto irrita, la muerte del absoluto y de la certeza, la ausencia de respuestas o, por lo menos, de respuestas consagradoras.

Tachas 22 aprovecha el parecido que no igualdad del 2 a 2, para ofrecer un acercamiento al surrealismo a través de la perspectiva y la lectura de Manuel Eduardo Vaquera Cervantes, quien desde el principio pone en duda el vehículo del argumento [xxx]. Después, contraviniendo la discreción y el sello del juego, reunidos en sesión sumaria, 22 jugadores “umoristas” enhebran un cadáver exquisito. Quiso el destino que fueran 22, los mismos miembros que hoy conforman el cuerpo de Tachas: Karmina Cervantes del Río, Mario Alberto Morales González, Alejandro García, Eunice Zuleika Báez A., Chelseae Yarazel Carrillo Carrillo, María Guadalupe Santos G., Janet Almazán Ramírez, Sandra Ríos, Itzel Guadalupe Núñez García, Alejandra Flores Casas, Andrea Villegas, Manuel Eduardo Vaquera Cervantes, José Roberto López Alvarado, Fátima Olvera, Grecia Alejandra Rodríguez Manzanares, Dulce Armenta, Maricarmen Ortega Piña, María Guadalupe Larios Castro, Karina Gaytán, Verónica Robledo Rodríguez, Jesús Gibrán Alvarado Torres, Denise [xxx]. Alejandro García parafrasea uno de Los pasos perdidos de André Breton [xxx].

La urraca ladrona nos trae un soberbio poema de Cesár Moro, poeta entre los nuestros que supo de las vanguardias y del surrealismo [xxx].

Eduardo Santiago Rocha Orozco nos diseña un plan para una cadena perpetua [xxx].

En Memorias del subdesarrollo el poeta Víctor Hugo Rodríguez Bécquer nos habla de algunos mástiles de sus travesías y de cómo les fue a las sirenas [xxx].

En El occipital de Einstein (Ciencia) Jesús Madrigal Melchor y Raúl Alberto Reyes Villagrana nos enteran de los dictámenes del Nobel [xxx].

En El Parietal de Chomsky (comunicación y lenguaje), José Manuel Ibarra Cruz construye y deconstruye enigmáticas y claras sonrisas [xxx].

En Un ratito de tenmeallá María Vázquez Valdez nos mueve y remueve con punta fina el recuerdo: Lou Reed [xxx].

En el Viborero puede usted ejercer la escritura automática o sacar su pistola de pelotitas de ping pong y jugar a poner ojos [xxx].

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