Es Lo Cotidiano

Bocados de imperialismos

Alejandro García

Bocados de imperialismos

Recuerda que en toda guerra la primera baja es la verdad.
Doris Lessing

El costo ha sido muy alto, pero Afganistán derrotó 3 veces a Inglaterra durante el siglo XIX, mandó a los rusos a terminar de disolver la URSS y está a punto de mandar a los americanos con la cola entre las patas. La arrogancia imperialista ha sabido esconder doblemente el rabo, primero para no hacer evidente que la llevan entre las patas y segundo para dar la impresión de que ha sido una retirada victoriosa.

El viento se llevará nuestras palabras de Doris Lessing (Barcelona, 2007, Bruguera, 191 pp.) se mueve en torno a una visita de la autora a Afganistán en 1987, aunque su base de operaciones fue Pakistán, con el propósito de conocer las condiciones de los refugiados y averiguar sobre las versiones de que había entre los muyahindes mujeres combatientes con tropa bajo su mando.

La primera faena en este libro tiene que ver con lo inextricable del terreno. Primero porque tenemos una idea estereotipada de los musulmanes fundamentalistas. Lessing nos recuerda que hay que matizar, que existe una amplia gama de islamismos, dentro de los cuales las prácticas tipo Irán, Irak o Al Qaeda son las más ruidosas, pero no las dominantes, por lo menos en el Afganistán de la década de los 90, antes de que los talibanes se apoderarán del gobierno.

Esto es importante porque dentro de la confusión, propia del extraño o del manipulador ideológico, que en realidad es una riqueza de posturas para el involucrado, se justifica que se cometan injusticias y se avalen actos de dominio y represión, la famosa decencia del mundo occidental o la vieja tradición violenta de los rusos, desde el zarismo hasta la Perestroika.

También es inextricable el territorio, por su condición montañosa y de zona de guerra. Afganistán ha llegado a tener unos 4 millones de refugiados en Pakistán e Irán, cifras nunca confirmadas, pero que se presume están subestimadas. Es paradójico, pero estando en Pakistán, Lessing está en Afganistán por el número de refugiados y por ser el refugio para los combatientes que se repliegan o toman un descanso.

El tormento de soportar el ataque de las guerrillas musulmanas y su retirada a las grutas fue reemplazado por la victoriosa noticia de que los norteamericanos detonarían bombas que destruían aún dentro de los recovecos de esas madrigueras. Aún no sabemos si el ataque fue efectivo o si las bombas esparcieron su poder destructor sólo entre las rocas y el polvo mientras los afganos salían por algún otro agujero.

El otro elemento que es inextricable es el que se explica por el choque cultural, la diversidad de intereses. No son muy comunicativos esos afganos, sus formas épicas son repetitivas: Todas las historias empiezan igual: “Los rusos bombardearon nuestro pueblo y vinimos cruzando las montañas” (p. 130). Muestran lo que quieren o lo que creen que los llevara a una ayuda de Occidente. A la petición de filmar a las mujeres casi siempre corresponde una negativa, bien porque no están los hombres en ese momento o porque se encuentran en otro recinto. Y la búsqueda de las mujeres combatientes se alarga y se alarga y nunca se sabe de cierto si los gestos que reciben ante la demanda son de ironía, de negación o búscale, te costará trabajo, pero por allí andan.

La respuesta es sencilla, la mujer está enclavada en una cultura bien definida en cuanto a su rol y sus aspiraciones, que nada tienen que ver con la versión de la dama hollywoodesca que es incluso capaz de poner en tela de juicio la fuerza del hombre. De allí que la mujer afgana responda a su tiempo y a sus creencias y lo único que hace varias su papel es el requerimiento situacional y muy pocas están en posibilidad de escapar al cerco. Es el caso de Taywar Sultan, profesora, quien lleva a las familias de presos en Kabul provisiones y emprende una labor educativa que le cuesta la libertad, hasta que es rescatada y llevada a Pakistán. Nada parecido a la mujer maravilla o Rambo, pero como bien dice Lessing al reclamar que se equipare a Afganistán con Vietnam: Los vietnamitas tuvieron todo tipo de armamento, entrenamiento, ayuda. Además, la guerra se libró bajó el resplandor de la publicidad, fue una guerra televisada (p. 180).

Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007, hace el papel de Casandra, a quien dedica una de las crónicas: “Su larga cabellera ondeando al viento”. La griega tenía el don de la profecía, pero también el estigma de que no era creíble. Con Afganistán, lo mismo ante los rusos que ante los estadounidenses, se corre siempre el riesgo de que las palabras pasen de oreja a oreja sin imaginar siquiera el tamaño de su drama.

                              

Doris Lessing

(1919-2013)

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