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Novísima narrativa en 15 plomazos

Novísima narrativa en 15 plomazos

Dijimos en Tachas: necesitamos parque. Preguntamos a Elena Bernal Medina, a Adalberto García López, a Leopoldo Navarro, a Alejandro García cómo andaban sus arsenales y si estaban dispuestos a mandarnos unos tiritos.

Se trataba de publicar una pequeña muestra de lo que se está haciendo en narrativa entre autores casi inéditos y muchos de ellos aún en busca de un estilo (como si se pudiera decir que éste se obtiene alguna vez definitivamente). La respuesta fue positiva y llegó parque de diversos calibres.

Este material se puede leer de muy diversas maneras y más de acuerdo a la esquina de la página que la iguana lectora muerda. Pero leer los textos de acuerdo al índice ha significado para el oculto y famélico corrector, en realidad conejillo de indias, una agradable sorpresa, porque este tiroteo inmisericorde de nada más 15 tiros, váyase a saber cuál era de muerte, proporciona un archipiélago en donde la voluntad de reacción se va dulcificando, cediendo, frente a las texturas narrativas. Esto es sorprendente, porque los 15 autores aquí incluidos se desconocen en su mayoría. Algunos se ven y se saludan, acaso se eviten, acaso se consulten, acaso se lean el rostro antes de intentar leer la obra. Pero en general sus energías se transforman y es poco probable que entren en el de alguna de las otras voces.

Tachas se siente verdaderamente alborozado, como suplemento de eslocotidiano.com,  y alborozadas como expresión de la lengua, por esta muestra de escritores que, estamos seguros, llega para quedarse y perforar el cuero de la tradición y de la seriedad.

Uno:

Sara Andrade en “Descripciones. Los chicos perfectos” nos da un tríptico de personajes signados, mirados con perversión e inocencia, con admiración y cuestionamiento, puestos en la imagen descriptiva, pero siempre a la altura del lector que habrá de enclavarlos en diversas historias, además de la escondida, cada una, aquí.

Dos:

Jorge Luis Barajas en “El otro mundo” hace vivir a su personaje en la alteridad, o más bien en los dos puntos de la dualidad, bien en ese mundo que nos fue ruinmente arrebatado para la memoria de corto y largo plazo, la guerra de las Malvinas, aunque bien pudo ser cualquier otra, bien para la vida que vino después.

Tres:

Sergio Ceyca en “Corazón, te vi: ya no me engañas…” habla de la soledad y de la compañía, de la búsqueda, de los territorios arrebatados cuando la misma esencia lo está. Buscará su corazón, el suyo y el cuerpo de la otra, pero primero el suyo, el que palpita y llama de una zona que descubrirá tarde o temprano. Frío.

Cuatro:

Adán Contreras Alonso en “La madre” nos acerca a este personaje inolvidable en nuestra vida, fiel balanza de nuestros suspiros y nuestros hipos amatorios, figura que se pega y pesa, nos ilumina y nos trasnocha con su propio mundo y sus imposiciones, con sus ruindades y grandezas y, tal vez, sobre todo, con sus acertijos.

Cinco:

Filiberto García con “María” nos traslada de Jerez a los Estados Unidos, allí la mujer alegorizada desde el nombre, baja de lo divino a la terrenal figura que le proporcione el green card, la carta de ciudadanía, la protección que garantice un amor desenfadado y natural, obstruido por las reglas de la migración.

Seis:

Gabriela  Lemus Ruiz en “Diana y los sonidos del mundo” sabe de los contenidos que tienen los ruidos, de lo que significan para ella y deberían significar para los demás. La casa es fundamental, de ella emanan mensajes, susurros, signos que deberá decodificar con el tiempo, más que nada ahora que las manos ya no le pertenecen.

Siete:

Citlalli Luna Quintana en “Momento” combina la violencia y el orgasmo. La conjunción se ha vuelto disyunción. O mejor digamos que la violencia se ha apartado de su dosis creativa, de resistencia y la mujer se ha dejado de pensar como pareja. Puede producir orgasmos, al fin máquina, pero la violencia es sólo contra ella.

Ocho:

Daniel Medina Flores en “Germán” nos regresa al cuento político, al imperio de las dictaduras: contra el cuerpo, propio o ajeno, contra la pareja, sea amante o amigo, contra el grupo, contra la sociedad. El uso del poder enloquecido contra el libre pensamiento y la libertad. El imperio de los partidos y de las voluntades personales y su culto.

Nueve:

Bernardo Monroy en ‘“The Power of Love”

(o estudios de campo sobre el Imperio Romano para trabajo final en equipo de introducción a la crononáutica)’ hace un ilustrativo viaje escolar al pasado, a las guerras púnicas, a las orgías de Calígula, al Concilio de Nircea y como bocado final se detiene en la proyección, en una sala de cine de organización Ramírez, de “Volver a futuro” 

Diez:

Elizabeth M. Murcia en “Como los árboles” hace una defensa valerosa de la abuela: morir de pie. Y se acuerda que su personaje da un beso a esa abuela admirable, de pequeña estatura, pero resistente. Así, el prototipo del orden y del buen comportamiento es visto como en realidad es, cercana a la vida, a los sueños, a los ideales derrotados.

Once:

El tiro de Rodrigo Fernando Pérez Muñoz en “Cuentos” es de ocho perdigones. Aquí predomina el sentido del humor, desde el leve hasta el negro. Usualmente el  hombre vive en la paradoja y ya desde las dos primeras líneas de su texto el ciego, tendrá que concentrar en sus manos la sensualidad invisible, aunque eso le gane le infierno.

Doce:

Héctor Hugo Ramírez Medrano en “Cuestión de suerte” avienta la moneda diferente, el comodín de la vida, la pata de conejo de metal. No cree en la suerte. No necesita discutirlo mucho, entra a donde se le hará el trabajo a la medida, sin causas a la vista. La vida entonces es vómito, golpes, sangre, luz y oscuridad, tronar de huesos.

Trece:

Eduardo Santiago Rocha Orozco en “El castillo en la arena (fragmentos). ‘De viaje’” nos da los distintos pliegues del desplazamiento, desde el escrito, desde el dictado, desde la enunciación de la necesidad de salir hasta las diversas etapas en que la personalidad es puesta a prueba por las diversas situaciones.

Catorce:

Cleone Valadez con “El señor Smith regresa de un viaje” reta al lector con humor desafiante. El pacto de pareja está escrito, el amor lo vence todo, de tal manera que las transformaciones en topografías y prácticas corporales podrán hacerse con tal de que el amor se siga realizando, no a pesar del tiempo, sino garantizando el juego de palancas y enchufes.

Quince:

Isaac Raúl Zepeda Romo en “Paráfrasis de vinilo” juega con el lenguaje, con la ubicación de los emisores y receptores, el valor de las palabras. Todo es lingüístico e incierto, escaso el contexto referencial, predomina el de la palabra. También la sintaxis está elidida, de tal manera que sólo sea posible presumir que algo ha sucedido, mas es imposiible corroborarlo.

En poesía Arnulfo Valdez Oleta nos entrega su Poética, juego donde a la postura contra el stablishment se agrega la postura de resistencia desde el oficio literario.

En Memorias del subdesarrollo Marcelino Díaz Mares nos dice algunas cosas interesantes sobre las húngaras.

El occipital de Einstein (Ciencia) la urraca ladrona ha realizado uno más de sus robos y nos entrega “¿Qué es una estructura cerebral?” de Douglas R. Hofstadter.

Gabriela Cortez Pérez en El Parietal de Chomsky (comunicación y lenguaje) nos explica la diferencia entre enseñar la lengua y enseñar la lengua materna.

 En Un ratito de tenmeallá Caleb Landaverde hace una elogiosa lectura de El discurso del Rey (2010) y Alejandro García recomienda un libro de Enrique Serna.

Si de tiros se trata, en Viborero del tamaño de la serpiente es la bala.

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