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¿Queremos tanto a Harry Potter?

¿Queremos tanto a Harry Potter?

Durante el año 2000 apareció en una de las clases de literatura europea una alumna de hablar arrastrado y decir pícaro. Si acaso su ritmo vocal se veía dinamizado por ciertas expresiones a favor de un tal Harry Potter. Al año siguiente, el maestro en cuestión la invitó a desarrollar un trabajo amplio donde expusiera sus consideraciones sobre la obra y la autora de eso que ya para algunos había pasado de la curiosidad a la duda: ¿era un entusiasmo ciego, perfilado del lado de lo comercial, propio del best seller, o estábamos frente a algo por lo menos diferente, aunque estuviera imbuido de la industria del libro y de la cinematografía? Su influencia fue benéfica para el curso y para la apreciación de la literatura de ese entorno. Después de producir una buena cantidad de cuartillas con apoyo teórico y vivencial, se mantuvo más como fan de Harry Potter que como su estudiosa durante las 3 restantes obras de la saga, pero su trabajo quedó.
Norma Angélica Andrade Haro nos entrega en Tachas 28 esa primera
apología por Harry, de tiempos en que todo era nebuloso y arriesgado, apoyada en Todorov y Propp.
María Guadalupe Larios Castro, más militante aún, esgrime las descalificaciones contra la obra de Rowling y contra-argumenta por qué esta obra es digna de ser leída y es objeto de descalificaciones desde las oficinas de la alta cultura.

 En poesía Édgard Cardoza Bravo nos da una lección de Ajedrez, mientras que en narrativa Cleone Valadez habla de una mujer que no se halla.

En Memorias del subdesarrollo Marcelino Díaz Mares nos convida a caminar con un ángel, en El occipital de Einstein (Ciencia), Jesús Madrigal Melchor y Raúl Alberto Reyes Villagrana le aplican la prueba de la física a X-men, en El Parietal de Chomsky (comunicación y lenguaje) Gabriela Cortez Pérez nos dice cuántas palabras se acomodan dentro del habla culta.

En Un ratito de tenmeallá Caleb Landaverde recomienda El desesperar de los muertos y Juan Francisco Camacho Aguilar reseña un libro de Margaret Randall

En Viborero habitan las sierpes de La cámara secreta.

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