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El reflejo generacional a través de varios cuentos de Irvine Welsh

Sandra Ríos

El reflejo generacional a través de varios cuentos de Irvine Welsh

Juventud, ¿sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida plena de belleza y libertad?
Albert  Einstein

Todo comienza con un ceño fruncido donde esperábamos una sonrisa, un comentario aparentemente insignificante o despectivo “si te lo digo es porque te quiero y me preocupas”, o una mirada indiferente ante un logro, momentos pequeños, insignificantes ante los ojos de los demás, que se suman uno sobre el otro hasta que poco a poco se convierten en un sentimiento de insuficiencia, el cual crece junto contigo y se alimenta de inseguridades, las cuales se te avivan día tras día. Cada vez que abres una revista y vez una delgada modelo, de piernas largas, una cintura tan pequeña que ni ella misma la tiene o  lees un artículo sobre una niña de once años en Sonora que podría ser el siguiente Steve Jobs, mientras tú todavía usas la calculadora de tu celular para multiplicar 3x8.

Es aquí cuando no puedes evitar preguntarte, ¿Qué sentido tiene esforzarme? Y esa vieja frase, siempre habrá alguien mejor que tu toma un nuevo sentido más obscuro y aterrador. Mas dios te libre de siquiera mencionar que sientes todo esto, porque entonces te conviertes en una malagradecida, ya que en algún lugar de África hay niños que matarían por tener la vida que tú tienes, pero siendo honestos eso no te ayuda de mucho.

Entonces no queda más que pegarte una sonrisa fingida y actuar como si todo eso no importara, ignóralo y seguramente con el tiempo desaparecerá, aunque tú y yo sabemos bien que lo único que logra eso es que se acumulen todos estos pensamientos hasta que llega un punto en el que a los veintidós años te estás metiendo antidepresivos como si fueran caramelos o buscando  salidas un poco más creativas.

Total, ¿qué a donde voy con esto, te preguntas? Pues sólo estoy dándote los parámetros que te marcan como uno más del montón de los emocionalmente reprimidos que buscan la primera salida al desastre que les rodea: el calentamiento global y la guerra en medio oriente, o que el Papa renunció y que alguien le disparó al Archiduque Franz Ferdinand. No eres más que una estadística de esas que los Americanos han denominado la generación milenio o generación Y (que en inglés se refiere a why = por qué) o más recientemente clasificada como la generación yo por la revista TIME, denominación que se le da a todos aquellos nacidos entre mediados de los años ochenta y principios de los noventa, la generación de los narcisistas, desmotivados e irrespetuosos que no se preocupan por nada más allá de lo que les rodea.

Con estas características en mente abordaremos el presente ensayo, tomando como ejemplo dos cuentos del autor escocés Irvine Welsh uno de ellos de la obra Acid Housey el otro de Si te gusto la escuela, te encantará el trabajo (2007). Welsh es más conocido por su primera novela, Trainspotting (1993), la cual gozó de un éxito arrollador desde su publicación, vendiendo no sólo medio millón de copias, sino también convirtiéndose en el libro más robado de las librerías[1] y leído por personas que nunca antes habían dedicado tiempo a la lectura o que mantenían una opinión negativa acerca de la literatura (el propio Welsh prefiere el término “activista cultural” al de escritor).[2] Cabe mencionar que Acid House siguió un camino similar tras su publicación. ¿Qué hay en los personajes de Welsh, en su escritura, que llama de forma tan impetuosa a estos nuevos lectores?

Las historias de Welsh pertenecen a la generación química, la cual se refiere a un grupo de escritores que en los años noventa le dieron un significado literario al uso de drogas artificiales y la cultura hedonística tras ellas. Sus personajes, con su lenguaje tosco e ideología derrotista, se convierten en representantes verosímiles de una cultura que la literatura hasta entonces había mantenido al margen. Welsh le dio voz a la clase obrera de los barrios bajos escoceses, los antecesores de los Neds escoceses o los ahora llamados Chavsbritánicos, en su mayoría jóvenes que abandonaron la escuela y eran consumidores de heroína y éxtasis al igual que habitantes frecuentes de la escena Dance de su época.

Cronológicamente hablando, podemos ubicar a Welsh y a sus personajes como parte de la ahora olvidada generación X, la cual fue la mayor aportadora en la construcción de los cimientos que dan base a la generación Y. Mientras que los llamados baby boomers son caracterizados por su actitud idealista, orientados hacia sus carreras y adictos al trabajo en busca de estabilidad, la generación X por su parte se identificó a través de su cinismo y escepticismo al igual que un remarcado rechazo hacia la autoridad. Podemos ver de esta forma a la generación X como el hilo conector entre el pasado, representado por los baby boomers y los milenio.

Al ver todos los eventos históricos y culturales que rodean las décadas principales de esta generación, nos resulta más fácil dar un vistazo a la ideología, sentido de identidad y aversión al sentimentalismo que la marcan. Desde la caída del muro de Berlín, la guerra del Golfo, la disolución de la Unión Soviética y hechos culturalmente icónicos como el asesinato de JFK y la muerte de Freddy Mercury y Kurt Kobain. De esta forma la generación X abre paso a una sociedad cuya atención comienza a girar alrededor de la clase trabajadora, elemento que encontramos perfectamente reflejado en los personajes de Welsh, los cuales se enfrentan a una crisis de identidad típica para la época de una Escocia luchando por encontrarse a sí misma. Quizás podamos atribuir la popularidad de las novelas de Welsh a este hecho, él logra, a través de la ruptura de tabúes y concepciones preestablecidas, de darle voz a un pueblo que se encuentra mudo.

Con su representación fonética del dialecto escocés y su falta de timidez a la hora de usar un habla considerada vulgar por la mayoría, logra atrapar la atención del lector, obligándolo a ver una realidad mucho más cruda y cercana, una realidad que muchos fingen no ver, hasta que se convierte en una fantasía, una ficción que le ocurre siempre al otro pero a ti jamás: drogadicción, prostitución y violencia son cosas ajenas para ti, nada más que temas del noticiero o para carcajearse mientras bromeas con tus amigos. Welsh, a través de su escritura, los trae hasta a ti, los presenta en toda su gloria de lo grotesco, te obliga a mirar hasta que no te queda más que abrir los ojos y darte cuenta de cuál es en verdad la realidad y cuál es la ficción.

Yo era anti todo y anti todos. No quería gente a mí alrededor. Esta aversión no suponía una enorme ansiedad traumática; era simplemente la madura convicción de mi propia vulnerabilidad psicológica  y mi incapacidad para la convivencia. Los pensamientos se hacían sitio a empujones en mi cerebro abarrotado mientras luchaba por ordenarlos de un modo que sirviera de motivación a mi apática existencia.[3]

Su narrativa logra esto a través del elemento de la empatía. Estos personajes no son seres de otro mundo, son tan familiares como tu vecino, tu mejor amigo o incluso tú. Es una experiencia humana trasladada al texto,[4] no te la explica porque no necesita hacerlo, de la misma forma que no se tiene que ser escocés para entender e identificarse con estos personajes, ya que se nos presentan como ecos de algo que la mayoría ha experimentado. La escritura de Welsh es la voz de punk icónico de la época en el ambiente escocés que ha madurado, se ha vuelto más sabia y elocuente.

El problema al enfrentarse a las obras de Welsh en especial para aquellos que no están familiarizados con la cultura británica y escocesa es el peculiar uso del lenguaje que hace el autor: “Thir must be less tae life than this”. Uso esta oración para ejemplificar este punto, el Thir en esta oración se refiere a There y el tae es un to, la traducción sería “Debe haber más en la vida que esto” el propósito, reflejar a través de la escritura de forma realista el habla común de la clase trabajadora de la Escocia de finales de los 80.

Trainspotting se vendió dentro del Reino Unido con un glosario al final del libro como guía para que los lectores lograran comprender la obra. ¿Qué esperanza queda entonces, para aquellos ajenos a la lengua Inglesa?

Welsh en ningún momento finge ser moralizante, su obra “retrata una sociedad en la cual la masculinidad ha sido despojada de su dignidad hasta tal grado que la única salida para el orgullo masculino son la violencia y la promiscuidad sexual”.[5] El valor o éxito que se pueda alcanzar como hombre depende de cuántas mujeres “te has cogido”

Empecé a besarla y a tocarla, y Richard nunca se alejaba de mis pensamientos. No quería preliminares, no quería hacer el amor, con aquella mujer no. Quería follarmela. Ya. La única razón por la que le metía mano era Richard; pensaba que si me lo tomaba con calma y hacía un buen trabajo, tendría mayor dominio sobre ella y por tanto la oportunidad de fastidiarle mucho más.[6]

Quedan expuestos entonces los verdaderos motivos tras cada acción, el sexo deja de ser un acto de placer y se convierte en un arma para dominar y humillar, tal como lo hace Alejandro de Serpientes de Cascabel al obligar a un joven a practicarle felación a su amigo. No se trata de su propio placer al observar el acto, sino de una clase de desahogo y venganza hacia una proyección mental de su hermana. La violencia se convierte en la única arma a su disposición para rebelarse contra la injusticia que les rodea, la marginalización y el deseo sobrecoger de lograr escapar de todo aquello.

El punto fuerte de Welsh está en sus personajes masculinos, las mujeres en las historias manejadas dentro de este ensayo se quedan cortas, se convierten en accesorios: “Esta maldita zorra calientapollas lleva días vacilándome, y quien sabe si a Scott también”.[7] Utilería que ayuda avanzar la historia pero que no logran llegar a nada más profundo. Las Annas y las Madelines de Welsh son solo un impulsor para los jóvenes insensibles, particularmente egoístas y temerosos al compromiso que plagan las obras del autor. Podríamos razonar que el personaje transexual de Chrissie es la presencia femenina más fuerte dentro de estos cuentos, pero se queda a medio camino, quizás sea eso lo que causa su muerte. No logra desprenderse por completo de ese aspecto de masculinidad que parece perseguirla durante toda su vida.

Esto crea una marginalización, tópico común dentro de los cuentos. Estos personajes no sienten que forman parte de algo. Alejandro siente el rencor causado por ser un inmigrante ilegal en un país que no lo toma en cuenta, Euan no sólo se encuentra de alguna forma exiliado de su propio país, sino que se mantiene en un autoexilio ante aquellos que le rodean. No se identifican plenamente son la sociedad en la que viven y gracias a esto se convierten en un Otro que se maneja en las orillas de lo moral y socialmente aceptable.

Una de las grandes ironías de las escritura de Welsh es el gran nivel de popularidad comercial que adquirieron sus obras siendo que uno de los temas que más critica el autor es el consumismo que han llevado a la ruina cultural a Escocia y el Reino Unido, donde todo lo que aprenden las nuevas generaciones lo hacen a través del televisor y la filtración de la cultura americana; ejemplo perfecto de esto es Spud, cuya habla esta plaga de influencias americanas y el rechazo de Renton hacia el consumismo, debido en gran parte a su exclusión de los beneficios que ofrecen este estilo de vida.

Escógenos. Escoge la vida. Escoge los pagos de la hipoteca; escoge lavadoras; escoge autos; escoge sentarte en un sillón viendo programas que embrutecerse y aplastan el espíritu, tragando mierda de comida chatarra. Escogiendo pudrirte, meando y cagandote en tu casa, una jodida vergüenza total para los jodidos mocosos egoístas que has producido. Escoge la vida. Todos escogemos no escoger la vida.[8]

El personaje sigue siendo un marginado, pero para lograr este nivel de enajenación debe existir una conexión preexistente entre los dos elementos. Tanto Alejandro como Renton observan una sociedad, un mundo al que solo pueden pertenecer  en los márgenes, del que por más que intenten nunca formaran parte, nunca logran penetrar los círculos internos. Ellos se identifican de alguna forma con la cultura de la que están enajenados; Renton, con el consumismo británico y Alejandro con la sociedad adinerada americana para la que trabaja y es solo al sentir esta identificación que pueden ser alienados de la misma.

Welsh nos aporta una mirada realista a un mundo olvidado por Dios y hasta la llegada de Welsh por la literatura, sus personajes no están de ninguna forma protegidos ante la crudeza de la vida, la tienen que enfrentar día tras día, a sus ojos la única solución es el escapismo que les ofrecen las drogas y el sexo y hasta cierto punto tienen razón al formar parte de una clase baja y poco educada, su existencia se demoniza hasta cierto punto.

Son socialmente rechazados volviendo cualquier intento por escapar el círculo vicioso que los arrastra una y otra vez, inútil. Desde el lenguaje, su representación de la juventud, el mundo y estilo de vida que rodea el uso de las drogas Welsh se vuelve el tío incomodo de la sociedad, el que le da voz a todos aquellos problemas que la mayoría prefiere ignorar antes que enfrentar el papel que juegan ante aquella situación.

Así que arranca una hoja de los libros de Welsh (de preferencia no literalmente) ya que tu futuro no se ve muy brillante desde aquí. Siendo honestos tú y yo sabemos perfectamente bien que todos aquellos sueños a los que tanto aspiras, no te dejarán nada más que un empleo mediocre, un matrimonio infeliz con altas probabilidades de divorcio y la admirable vista del mundo a través de un fondo de botella. A la primera oportunidad que tengas roba a quien puedas y pisa a quien tengas que pisar porque si a estas alturas aun crees que existe tal cosa como justicia divina y que el universo tiene grandes planes para ti pues créeme, al universo no le importa siquiera un carajo.

 

[1] Burgert Adriaan Senekal, Alienation as a fictional construct in four contemporary British novels: A Literary theoretical Study, PDF, p. 143.

[2] Steve Double, British Council, Literature, Literature, British Council, http://literature.britishcouncil.org/irvine-welsh

[3] Irvine Welsh, “Euroescoria”, en Acid House, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 23.

[4] Hayden White,The Value of Narrativity in the representation of Reality”, en W.J.T. Mitchell, editor, On Narrative, The University of Chicago Press, U.S.A, 1980,

p. 5.

[5] Burgert Adriaan Senekal, op. cit., 149.

[6] Irvine Welsh, op. cit., p. 33.

[7] Irvine Welsh, Si te gusto la escuela, te encantará el trabajo, Anagrama, Barcelona, 2008, p. 13.

[8] Irvine Welsh, Trainspotting, Anagrama, Barcelona, 2002, p. 147.

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