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EL PARIETAL DE CHOMSKY (COMUNICACIÓN Y LENGUAJE)

¿Enseñar lectura?

Gerardo Ávalos

¿Enseñar lectura?

Generar la conciencia lingüística en los alumnos de preparatoria sobre este problema (la lectura) es uno de los retos que un maestro de lenguaje y comunicación debe afrontar, cultivarlos en este sentido es prepararlos para una vida profesional, haciéndolos competentes en el uso oral y escrito de su idioma. Esa competencia ideal es en efecto el objetivo primordial del programa de las materias Taller de Redacción y Lectura I y II correspondientes a primero y segundo semestre; así como del programa de las asignaturas pertenecientes a 3º y 4º semestre: Taller de Literatura y Redacción I y II.

Sin embargo, tales propósitos parecen inalcanzables y muchas son las causas, algunas de ellas de carácter extra lingüístico y extra literario. Este texto abordará un solo aspecto; el desacierto de, para el caso del primer año, enseñar teoría lingüística en lugar de la aplicación pragmática de la lengua madre en relación con la forma estándar e idealmente culta; y para el segundo año, enseñar historia enciclopédica de la literatura en lugar de un acercamiento directo a las obras literarias y a los estudios (ensayos) literarios.

Uno de los razonamientos, muy lógico por cierto, que hacen los alumnos al maestro de taller y que en ocasiones, dependiendo de la astucia y la sapiencia del docente, puede ser un jaque mate total del cual el alumno sale triunfante convencido de la inutilidad de una materia como taller. Esa cavilación es más o menos la siguiente: ¿para qué reglas de cómo escribir y hablar si me hago entender y me comunico con quien yo quiero? Esa concepción no es de los estudiantes, es una idea sistemática que erróneamente se ha implantado y que tiene que ver con el lastre tan grave que acarrea la educación en nuestro país; así, en un trabajo Sobre la enseñanza del español como lengua materna los autores argumentan:

Nosotros estamos seguros de que el problema más grande que existe en la educación en general… es considerar que el manejo de la lengua es algo dado, es algo que los sujetos saben sin tener que aprenderlo formalmente.[1]

He aquí el reto: convencer al educando de que a la escuela se va a aprender todo lo que no se aprende a través de la experiencia; que una cosa es la habilidad apenas activada, y otra el desarrollo que ésta puede adquirir por medio de la formación académica. El alumno debe distinguir entre lo heredado y lo que se adquiere gracias a la cultura y por ende a la educación.

La preparatoria, su nombre lo indica, es una preparación previa a la vida profesional, es un estadio de suma importancia, pues en él se adquieren las herramientas que serán imprescindibles para su desempeño posterior; y una de esas herramientas es el manejo de su lengua materna, un manejo competente y real. Pero tal competencia sólo se puede adquirir una vez que se ha cobrado conciencia de la fuerza del lenguaje; de su capacidad de acuerdo y profundización. Es el lenguaje un aspecto social ineludible, mediante su uso adecuado las puertas de las diferencias sociales se abren, pero es un arma de doble filo, ya que un manejo incorrecto en relación con la norma, puede acarrear rechazo y estigma.

Con lo anterior se ve que la competencia lingüística de un estudiante de bachillerato no se limita al correcto manejo del idioma en el plano de la escritura, sino que se extiende al nivel oral. La oralidad, mejor dicho, el habla de los jóvenes necesita un reajuste. Muchos adolescentes llegan al bachillerato trayendo consigo una gran cantidad de fenómenos conocidos como “síntoma”; desde el “haiga”, el “pos”, el “nadien” o “naiden”, etc.

Tales fenómenos síntoma en el habla pueden coartar una exitosa carrera profesional, de hecho la impiden, pues aquel egresado de la universidad que llegue a una entrevista de trabajo a cualquier empresa, inmediatamente será rechazado en el instante en que diga “pos” en lugar de pues y “haiga” en lugar de haya; sin importar sus conocimientos ni su capacidad. En este sentido habrá que reconocer que las antologías de Taller de Redacción y Lectura, así como las de Taller de Literatura y Redacción no contemplan este problema ya que únicamente abordan el trabajo con la forma escrita.

Y por supuesto que la parte escrita, no deberá ser descuidada; pues así como hay fenómenos síntoma en el habla estudiantil, en su redacción hay formas incorrectas, que van desde la pobreza hasta la ambigüedad sintáctica. En su tesis de licenciatura, Ivonne Barajas[2] demuestra que la constante en la redacción de estudiantes de preparatoria son formas muy básicas de estructuración de oraciones, predominando la yuxtaposición y brillando por su ausencia las construcciones llamadas de subordinación; lo que nos habla de una escasez léxica y sintáctica.

Entonces, ambos niveles del lenguaje articulado deben ser ponderados por igual; así como los conocimientos que giran en torno a ellos: la historia de la lengua, la enseñanza de la lengua; y la historia, la teoría y la enseñanza de la literatura. Otra tesis de licenciatura, la de Gabriela Cortés Pérez[3] demuestra con porcentajes la descompensación existente entre estos saberes, al interior de los programas de Taller de Redacción y Lectura I y II.

 

[1] Marina Arjona Iglesias y Juan López Chávez, Sobre la enseñanza del español como lengua materna, Edere, México, 2001, p. 7.

 

[2] Ivonne Barajas Sandoval, Estructuras sintácticas en estudiantes de preparatoria, Tesis de licenciatura, inédita, Universidad Autónoma de Zacatecas, Facultad de Humanidades, Zacatecas, 2000.

[3] Cortés Pérez, Gabriela, La enseñanza de la lengua española en un esbozo de propuesta para el Taller de redacción, fase introductoria, en la Unidad Académica Preparatoria de la U. A. Z., Tesis de licenciatura, inédita, Universidad Autónoma de Zacatecas, Unidad Académica de Letras, Zacatecas, 2001.

 

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