Es Lo Cotidiano

Mi versión de un cronopio

Arlett Cancino

Mi versión de un cronopio

El hombre actual vive en una constante incertidumbre, busca por todos lados algo que anime su espíritu y lo reviva, porque sin eso se siente muerto, sin motivo, sin razón de existencia. Algunos, que son la mayoría, hallan esa satisfacción, llenan ese vacío ontológico, en la acumulación de bienes, en la obtención y ostentación de poder. Sin embargo, quedan unos cuantos que no encuentran medio para reconocerse plenos. Ellos saben y sienten que más allá de sí mismos nada vale la pena, que otra cosa que no exista con base en la prolongación con su entorno, no merece la pena. Ellos saben, también, que la vida está en otra parte, sienten un aleteo profundo que les exige salir, pelear, buscar, observar, reconocer, ser.

Los más perdidos son estos últimos. Porque en el mundo que los rodea, jamás sus anhelos tendrán prioridad, jamás sus ideas serán primarias; el sistema no funciona así. Es por eso que se pierden, es por eso que se idolatran a sí mismos, es por eso que mueren bajo máscaras. Es por eso, también y sobre todo, que entablan relaciones ilusorias, es por eso que crean mundo alternos de imposible realización. Es por eso que se enamoran de personas ficticias e imaginarias. Es por eso que siguen solos, viven solos, mueren solos.

Pero hay algo que es imprescindible rescatar de este tipo de personas: su anhelo por reconstruirse, por fundirse con todos los resquicios de la realidad, de la realidad realidad, ésa que pervive en los barrios bajos de esa otra pragmática; la que sólo es vista con la lente del extrañamiento, con el ojo avizor de quien voltea una tarde y reconoce el sabor de una mirada, reconoce la infinitud de un instante, quien siente que la eternidad no está determinada por una línea temporal, sino por una expansión del ser, y esa expansión no se rige por relojes ni itinerarios; llega ciertas ocasiones de la vida y se agota entre más se es fama y no cronopio.

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