Es Lo Cotidiano

Los pájaros

Leo Mendoza

En el norte de la ciudad, más allá de la colonia Valle Gómez, se levanta una enorme bóvedas que se ve desde los convoyes que pasan raudos con rumbo a Martín Carrera. Se le conoce como la iglesia de los Pájaros porque en sus bóvedas vuelan variopintas parvadas de aves canoras.

Aun cuando la construcción es reciente, nadie recuerda el nombre del pintor que los plasmó o cuándo las aves  trazaron su vuelo en aquella bóveda. Ni siquiera el cura. Dicen que algunos feligreses se lo preguntaron pero sólo recibieron, como respuesta, vaguedades.

Aseguran que algunas noches es posible escuchar los trinos de los pájaros y el aletear de las parvadas en pleno vuelo; yo mismo pasé una noche en sus alrededores y tan sólo alcancé a escuchar un murmullo que surgía del concreto y de las paredes de la iglesia. A la mañana siguiente, durante la misa de seis, vi cómo los pájaros continuaban en el techo aun cuando la dirección de su vuelo se había  modificado.

Se ignora a cuál especie pertenecen estas aves porque muchos de ellos son apenas trazos; pincelazos de maestría que completan su existencia gracias a la ilusión de quienes los miran desde abajo.  Hay quien dice que son ruiseñores, pero muchos aseguran que son gorriones, otros que grajos y no falta quienes votan por que sean cenzontles o canarios.

Algunos feligreses cuentan que un día un pequeño atrapó uno de aquellos pájaros pero que, al ponerlo en una jaula, éste enmudeció por completo y se convirtió en una mancha colorida que revoloteaba sin descanso hasta que, apiadándose de ella, lo soltaron nuevamente en el interior de la iglesia. Ya libre, aquella mancha recuperó su plumaje y su canto y se elevó hasta unirse junto con sus hermanas, allá, en el techo de la bóveda.

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LeoMendoza. Cuentista, antologador y periodista, Leo Eduardo Mendoza nace en el 58 en Oaxaca, México, pero posteriormente adopta la "nacionalidad" sinaloense. Posee estudios en letras hispánicas y en cine, y es autor del libro Mudanzas y Relevos Australianos, y coautor y antologador de varios más. Ha sido becario del FONCA en el área de cuento, y de su pensamiento y obra, el maestro Eusebio Ruvalcaba ha escrito: "Conocedor del alma humana, de las profundidades inescrutables del sufrimiento y de la alegría, da gusto leer sus cuentos: siempre frescos y desparpajados, como aves surcando el cielo".

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