Es Lo Cotidiano

Penalti

Macaria España

A mí nunca me ha gustado el futbol, pero una vez me gustó un futbolista y siempre me han gustado las cervezas. Aquella tarde caminaba por el Eje Norponiente, yo venía con media caguama adentro y las ganas de orinar eran intensas. No había ningún baño cerca. Y aunque mi pudor me lo impedía, si no encontraba alguno, terminaría orinando en un baldío. Por fortuna, me topé con una cancha de futbol rápido. Vi la entrada abierta, nadie vigilando. Me metí rápidamente hasta el sanitario de las damas y por fin pude descargar mi vejiga.

Salí presurosamente para que nadie me viera, pero antes de llegar a la salida fui interceptada por un chico exquisito, tenía las nalgas como balones de futbol bien inflados.

–Hola , ¿juegas aquí? –me preguntó sonriendo.

–Mm… no –titubeé apenada-. Mi hermano juega aquí.

Mentira, no tenía siquiera un hermano, mucho menos uno que jugara al futbol.

–¿Quieres tomar algo en la cafetería? –Sonrió nuevamente como queriéndome provocar.

–Claro, ¿por qué no?- alcé los hombros preguntándome, cómo diablos un bomboncito en shorts me invitaba tan espontáneamente.

Fuimos a la cafetería que tenían para servicio de jugadores y aficionados, ahí me dijo que se llamaba Manuel Márquez, su vida eran las canchas, yo fingí que también amaba el balompié y por fin salió la ominosa pregunta:

–¿A qué te dedicas? –preguntó.

–Soy escritora –contesté mientras hacía puchero.

–¿Escritora, de qué o cómo es eso? –siguió la inquisición.

–Verás –respiré profundo-, escribo cuentos, relatos, ideas, fantasías, es decir, la realidad pero con más imaginación.

–¡Órale, que chido! Nunca había conocido a una escritora, de saber que son así de bonitas, hubiera buscado una antes.

–¡Já! –atiné a decir con los cachetes colorados.

–Te veo mañana –aseveró mientras me daba un beso en la frente.

Quedé más que estupidizada, claro que iría mañana y así estuve yendo por tres semanas seguidas, tres semanas que tuve que fingir que llevaba a mi hermano imaginario a jugar partidos, mientras platicaba con Manuel en la cafetería.

–Oye, a mí no me gusta leer mucho, pero si haces un cuento de futbol, te prometo que lo leo –dijo de repente.

–Claro que puedo escribir sobre eso, me encanta la idea, en una semana lo tendré –tragué saliva.

–¡Perfecto! Ya quiero leerlo –guiñó un ojo.

Durante toda una semana estuve inspirándome viendo los juegos más clásicos de todos los tiempos. También me di a la exhaustiva tarea de estudiar la jerga futbolística para que mi texto tuviera más consistencia. Así aprendí diversas palabras: cancerbero, ariete, asistencia, artillero, cañonazo, etcétera.
 
Después de siete días de no ver a Manuel y ansiosa por mostrarle mi cuento pambolero, corrí a la cafetería de la cancha. Ahí estaba Manuel, sosteniéndose de la delantera de una muchacha, metiéndole un penalti en la portería, dejándome fuera de juego.
 


Macaria España. Desde temprana edad descubrí que una de las cosas que más me apasionan en la vida, es escribir. Escribir cualquier idea que pudiera ser una representación de una parte de la vida diaria. La cotidianeidad es uno de los temas principales en algunos de mis textos. El cuento corto es en lo que he tenido mayor dedicación creativa, sin embargo la narrativa extensa y la poesía son un par de puertos que he visitado. En cuanto a la publicidad, los textos son un reto que me encanta poder abordar y ha sido en lo que me he enfocado el último año. La creación literaria, comercial o no, más que una profesión y oficio, es una forma de vida.

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