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RESEÑA

La generación del desencanto, de Macaria España

Jaime Panqueva

La generación del desencanto, de Macaria España

Dice el Diccionario de Estilo de María Moliner, (no me gusta citar el de la RAE, que para muchos tiene cierto tufo a panteón) que desencantar es retirarle a algo o alguien el hechizo al que está sometido. Las ilusiones o aspiraciones por algo mejor, la mirada optimista ante el futuro incierto construyen en gran medida el encantamiento al que nos rendimos para sobrellevar nuestra vida cotidiana. El libro de Macaria España, La generación del desencanto, (Pictographia, 2013) dinamita los cimientos de esas ilusiones con sus narraciones cortas y frescas a veces con arremetidas hacia lo fantástico, otras con humor negro y algunas simplemente con mala leche.

Hace unos meses, Pedro Ángel Palou me comentaba lo impresionado que estaba con la fuerza que las mujeres jóvenes mexicanas están escribiendo. En Macaria España, encuentro mucha vitalidad y deseos de sacudir al lector en su trabajo. Nacida en Celaya en 1980, reside, tallerea y escribe en esa ciudad. Pero quizás lo mejor es dejar que uno de sus cuentos hable por ella, dada su brevedad en este caso transcribo el segundo fragmento de El cementerio de los absurdos:

Todos los días Nicolás iba a la prepa norte. Sus padres le habían dado un pequeño automóvil para su traslado. Esto a raíz de que doña Chita les comentó que, la otra vez, un muchacho fue machacado por la línea dos mientras se dirigía a la prepa norte.

¡Era la misma línea que tomaba Nicolasito a diario!

Pensaron, como buenos padres, en evitar una tragedia así, y le regalaron un vochito azul modelo 85.

Apenas llevaba un mes conduciendo diariamente por la avenida Tlalpan, para llegar a tiempo a mate. Esa clase siempre le tocaba a las siete de la mañana.

Nicolás llevaba un café del Oxxo para lograr despertarse, pero ni eso lo salvó del enorme agujero que se hizo en el pavimento y se tragó de inmediato el vochito, con todo y Nicolás adentro.

Las labores de rescate han cesado. Protección Civil ha declarado que el agujero no tiene fondo. Mientras, todos los días, a las siete de la mañana, el metro de la línea dos sigue funcionando.  

Conjuros que invocan al humor y la imaginación para develar nuestras realidades, los cuentos de Macaria España sacuden y dejan un sabor agridulce en la boca. 

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