Es Lo Cotidiano

Un tipo con clase

Yara Imelda Ortega

Un tipo con clase

-¿Qué clase de amante soy?- Preguntó Ahmad una tarde infinita entre los brazos de su amada.

Ella distaba entonces de tener una respuesta coherente. Aún se encontraba perdida entre el vértigo que significa la bendición de descubrirse, una vez más, mujer. El orgullo de ser la suya.

Cuando el tiempo hubo pasado lo suficiente para que el corazón de Amidallah  volviera a su ritmo cotidiano, con la vida por dentro y saliéndosele aún en cada suspiro, con la vida por fuera y capturándola en cada mirada que él luego compartiría gracias a su memoria que iba cultivando jardines en cada sitio en que anclaba un recuerdo, entonces lo pensó mejor.

Él con seguridad es el tipo de amante que cualquier mujer desea. Vehemente cuando hay que serlo. Paciente si es menester. Urgente cuando el deseo le atenaza la mente. Exigente cuando está ardiendo. Parsimonioso para despedirse. Generoso con sus bienes y cuidadoso de los ajenos.

Es la clase de amante que no es para todos los días, porque sabe hacer una fiesta de cada encuentro. Sacerdote de un rito antiguo, que no quiere dejar perder por falta de devotos.

Pertenece al selecto grupo de aquellos que saben lo que valen por todo lo que cuestan. De los que significan, más que un problema, una razón para vivir. De quienes conocen cómo enloquecer a una mujer, sin hacerle perder la cordura que la cotidianeidad requiere.

Uno de esos que permiten se les taracee la piel a punta de caricias, y luego se llenen los huecos con miel, jazmín y una extraña raíz que crece en las alturas. Pulir a besos hasta hacer destellar su piel.

Pero también es tan inexperto en las lides de amor, que desconoce la diferencia entre querer y desear. Se quiere lo que se puede. Se desea lo que no se alcanza fácilmente.

De creer a amar va mucho. Se cree lo que se espera. Amar no es cuestión de fe, sino de querer seguir creyendo. Y ella aún lo ama, aunque a veces no crea en él.

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