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GUÍA DE LECTURA

Los cuatro libros del Emperador Amarillo

Jaime Panqueva

Los cuatro libros del Emperador Amarillo

Es difícil entender A China sin conocer el confucianismo y el pensamiento filosófico taoísta, que derivaría en una religión y se fundiría con las creencias budistas para formar hacia el siglo VI después de Cristo el budismo chan, más conocido en occidente como zen. La doctrina taoísta se expresa en cuatro libros fundamentales; el Tao te king o Daodejing (según el tipo de transcripción) atribuido a Lao Tsé, el principal de ellos. De los otros tres se conocían el Zhuang zi y el Lie zi, que a pesar de encontrarse rodeados por las polémicas sobre su autenticidad o pertenencia a la corriente que representan, han sido confirmados como bases del saber gracias a ejemplares encontrados en excavaciones arqueológicas.

El cuarto pilar del saber corresponde a Los cuatro libros del Emperador Amarillo, que estuvieron expuestos a especulaciones sobre su contenido, pues se sabía de su existencia e importancia por las menciones a ellos en diferentes textos, pero se carecía hasta finales del siglo XX de un ejemplar auténtico que pudiera ser traducible. Por fortuna, uno apareció junto a muchos ejemplares invaluables en una tumba en la provincia china de Mawangdui, datada el año 168 antes de Cristo. El contenido sorprendió a muchos, pues se esperaba un tratado de alquimia o incluso de contenido erótico, y resultó ser sobre el gobierno, que mucho preocupaba a algunas escuelas taoístas en la época de los Reinos Combatientes.

Los textos se emparentan con la escuela legista, contraria a la de Confucio, pues buscaban normar el comportamiento a través de leyes y no de ritos ancestrales. Esta escuela, aunque reconoce el Tao y emplea terminología análoga a la del Tao Te King, no comparte su estatismo o negación de la acción. Debieron pasar muchos años para que se completara una excelente traducción directa del chino al español por parte de Iñaki Preciado, publicada en 2010 por Editorial Trotta. En ella ofrece la sabiduría para gobernar existente en sus pragmáticas páginas a los políticos (quiero pensar que principalmente a los españoles que lidiaban con la crisis económica en su país), como un vademécum que les permitiese ponderar sus decisiones.

Para que el lector juzgue la vigencia o interés que pueden aún despertar Los cuatro libros del Emperador Amarillo, comparto algunos fragmentos que seleccioné durante mi lectura. Buen provecho.

A los que tienen prisa por triunfar, el Cielo les quita el brillo; si se es indolente, la tierra se torna un erial; si se esquilma la tierra, el Cielo castigará con desastres; los que abusan de la fuerza, acaban vagando por extrañas tierras; los que forman camarillas, se ven atacados desde dentro y desde fuera. Tener prisa por triunfar es causa de males; la indolencia, de hambrunas; el esquilmar la tierra, la arruina; abusar de la fuerza hace perder el favor del pueblo; formar camarillas provoca el caos.

Un Estado que tiene de sobra es invencible cuando se defiende; un Estado que no tiene bastante, si ataca a otro, se ataca a sí mismo.

[…] si el pueblo se enriquece, tendrá dignidad y vergüenza; con el sentimiento de dignidad y vergüenza, la obediencia de las leyes se hará costumbre, y así no delinquirá, ni, por tanto se afrontará el castigo.

Sólo se puede gobernar bien un Estado cuando se busca el interés común y no el privado, y cuando se actúa con justicia a la hora de conceder premios y aplicar castigos.

Los seis peligros [que acechan al soberano]: el primero, que el hijo arrebate la autoridad del padre; el segundo, que el ministro arrebate la autoridad del soberano; el tercero, que el ministro traicione a su soberano; el cuarto, permitir que los señores feudales depongan y nombren mandarines a su antojo; el quinto, que los próximos consejeros del soberano se coludan para mantenerlo engañado; el sexto, que los allegados del soberano formen camarillas y violen las leyes. Si no es capaz de superar estos seis peligros, la desgracia caerá sobre su persona.

Comentarios a mi mail: panquevadas@hotmail.com

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