Martes. 15.10.2019
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Es lo Cotidiano

Escribir, que es vivir, que es escribir, que…

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Escribir, que es vivir, que es escribir, que…

Ésta es una entrega de Tachas adolorida, pasmada por irrumpir en medio de los tantos lutos, indignaciones y urgencias de cambios que debemos estar gritando y aplicando sobre la marcha, para fundarnos unos nuevos sobre las cenizas en que nos estamos sepultando. Un Tachas que se confiesa azorado-expectante-gritón por el sentido y el valor de los silencios, el de los gritos, el de las exigencias para que los unos, los otros, los todos, empecemos ya a refundarnos antes que vengan las barbaries de cualquier color a tomar decisiones y acciones por nosotros, por nuestros cuerpos, por nuestras libertades, por nuestras personas queridas y por aquéllas a quienes aun siéndonos ajenas no pararán de estar en nuestra misma tierra, y no por ignorarlas nosotros, dejarán de ser lastimadas en todo lo que en la vida y la muerte les quepa.

Y quiere ser una entrega de Tachas 75 que se asume en lo suyo, optimista, reflexiva y puesta a hacer lo que sabe, lo que quiere saber, y se declara viva y lista para escuchar voces y poner la suya.

Para empezar, Juan Carlos Mares dice aquí sobre su Blues para una tarde lluviosa.

Yara Ortega, como parte de su saga mogadoriana que en determinadas etapas la suele inundar, recorre aquí un Frágil Aleph.

Edwin Illescas tiene mucho por decir acerca de una y muchas Alejandra, y lo ensaya hasta el cansancio del personaje.

El poeta Carlos Vicente Castro expone lo que debe ser dicho Como un aullido.

Edgard Cardoza no tiene empacho para imprimir una Postal de día de muertos en la que arrancan importantes etapas de la vida.

María Luisa Vargas San José, invitando siempre para inundar de Agua la boca, habla doctamente De afrodisiacos y otras zalamerías primaverales.

Jaime Panqueva, para cerrar la entrega, reseña hoy en su Guía de Lectura una novela, Las reputaciones, de Juan Gabriel Vásquez.

Y escribimos, que es vivir.

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