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Leñero para estos días

Leñero para estos días

Comunicar, tarea que todos abordamos desde el primer día de nuestro respiro, puede volverse un oficio tenaz, preciso, distante y personal, atenazado en los aconteceres para luego constarlos en géneros y sus variantes que transitan por la nota periodística, el reportaje, el teatro, la novela o hasta la tiranía de los 144 caracteres que ahora constituyen un reto en cada tuit.

A través de un Manual de Periodismo y de textos suyos antologados en el libro Talacha periodística, además de sus novelas, obras de teatro y guiones cinematográficos, Vicente Leñero llegó a ser un real maestro en todos sus ámbitos de acción. Maestro para los alumnos del Centro Mexicano de Escritores y para sus compañeros de redacción en la revista Proceso (entre otras) pero, sobre todo, para quienes hemos hallado en su obra y figura la indispensable guía para transitar, muchas veces con menos tenacidad de la que urge, por el ancho y sinuoso camino del periodismo.

Su partida en lo material, circunstancia que suele convertir en moda express (¿qué moda no lo es?) los elogios al personaje en turno, ha convocado con justicia en este Tachas 79 a unos cuantos de estos sentidos, agradecidos discípulos: Federico Urtaza lo pone a trabajar en ¿Qué estará escribiendo Leñero?,  Rodolfo Escalante rememora sus días de ENEP Acatlán y el resto de la vida profesional en Gracias, Vicente Leñero, David Ibarra Torres recuenta Los regalos de don Vicente, Alicia Arias desgrana sus experiencia como aprendiz, profesional y maestra desde Vicente Leñero en mi vida, y la Guía de lectura de Jaime Panqueva nos acerca nuevamente a Los periodistas, de Vicente Leñero.

De Juan Manual Ramírez Palomares hemos hurtado el poema Alebrije, y María Luisa Vargas continúa volviéndonos Agua la boca, ahora con su disertación culinaria sobre Las joyas de la familia.

A comunicar.

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