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Del futbol como excusa para ser felices o provocar guerras

Pablo E. Montes Palomares

Del futbol como excusa para ser felices o provocar guerras

El deporte puede ser usado para la paz o para la guerra.
Pierre de Coubertin

 

 

Pero, ¿eso da para decir que el futbol incuba huevos de serpiente? En 1969, se llamó "guerra del futbol" a la matanza entre hondureños y salvadoreños, porque la primera chispa de ese incendio se había encendido en los estadios. Pero la guerra venía, en realidad, de mucho antes. Y su nombre mentiroso logró ocultar una historia larga: la guerra fue la trágica desembocadura de más de un siglo de rencores entre dos pueblos vecinos, entrenados para odiarse mutuamente, pobres contra pobres, por sucesivas dictaduras militares fabricadas en la Escuela de las Américas.

Eduardo Galeano

 

El siglo XX fue la centuria de las dictaduras para Latinoamérica. El panorama de la Guerra Fría abrió las puertas para que juntas militares se hicieran del poder y de manera totalitaria instauraran gobiernos que regían bajo un estricto fascismo. Así, diferentes países del continente se vieron involucrados en situaciones político-sociales derivadas de estos esquemas de gobierno. Persecuciones políticas, criminalización de las protestas, control de medios de comunicación e incluso conflictos internacionales, son sólo algunos de los conceptos que forman parte de la lista.

Hacia 1967 el general Fidel Sánchez Fernández llegó a la presidencia de El Salvador a través de elecciones. Por su parte, en Honduras, Oswaldo López Arellano, también de carrera militar, se había hecho de la presidencia de la república desde 1965. Ambos personajes simpatizaban con el orden estadounidense y habían coincidido en la Escuela de la Américas, donde recibieron instrucción contrainsurgente. Hecho que no importó, ya que en el año de 1969 se declararon la guerra, desatando un conflicto corto pero catastrófico.

Las condiciones desfavorables para el campesinado salvadoreño obligaron a que mucha de su población se desplazara hacia la frontera con Honduras, situación que se prolongó durante una parte importante del siglo pasado. Así sucedió, hasta que grupos de campesinos cruzaron los límites divisorios y se hicieron de tierras para el cultivo, muchos de ellos al grado de ser considerados terratenientes. De esta manera, hacia los años 60, Honduras tenía alrededor de 200,000 salvadoreños radicados en los confines del suroeste.

Así llegamos a 1969, cuando el gobierno hondureño promovió una reforma agraria que sólo favorecería a sus ciudadanos, ya que se despojaría de sus tierras a todo campesino que no comprobara su nacionalidad. Esta situación originó que se llevara a cabo una persecución de salvadoreños, tanto terratenientes como jornaleros, que se vieron acosadas por grupos paramilitares, quienes los obligaban a salir del país con base en la violencia, misma que cobraría la vida de varios de ellos.

Por su parte, el gobierno de El Salvador, al darse cuenta de lo que estaban sufriendo sus compatriotas en el territorio hondureño, decidió tomar cartas en el asunto. Temerosos de que el éxodo de ciudadanos acrecentara el descontento social por las desigualdades internas, decidió aprovechar la situación para iniciar una campaña de desprestigio y confrontación con el país vecino, situación que finalmente dirigiría la mirada de los ciudadanos de ambos países al conflicto externo, distrayéndolos de sus realidades nacionales.

Los tintes que tomó el conflicto fueron subiendo gradualmente de tono. Así el destino decidió enfrentar a ambos países en una contienda deportiva, que más allá de mermar los aspavientos del conflicto, terminó por complicar aún más la situación. Durante ese mismo año se llevó a cabo la eliminatoria para el mundial de México 70, y uno de los boletos para asistir a la justa mundialista fue disputada entre el Salvador y Honduras.

Ya con las consecuencias del conflicto a cuestas, el primer encuentro se desarrolló en Tegucigalpa, donde los locales se impusieron con un 1 a 0. Previo al partido, la presión para los salvadoreños fue ardua, ya que el hotel de concentración estaba lleno de aficionados catrachos, quienes se encargaron de evitar que la tranquilidad se hiciera presente en las habitaciones de los jugadores. La vuelta tuvo lugar una semana después en San Salvador, donde continuaron las hostilidades, en gran medida, gracias a los medios que sólo ayudaban a intensificar la situación. Pese a ello, el cuadro local se impuso a los hondureños 3 a 0.

Después del juego en el Salvador, se supo en Honduras del trato que sufrieron sus jugadores a manos de la afición selecta, desde agresiones físicas hasta la quema de una bandera hondureña en el estadio cuscatleco. Dicha situación provocó que la población se volcara a las calles y arremetiera contra todo negocio o casa propiedad de salvadoreños. Así pues, al igualar en ambos juegos, el criterio de desempate consistía en disputar un tercer partido, pero ante el creciente conflicto y las hostilidades que se vivían en ambos países, la FIFA decidió que se llevara a cabo en el Estadio Azteca, en México, el 27 de junio de 1969.

El día pactado ambas selecciones llegaron a tierras mexicanas, y las condiciones de un territorio neutral propiciaron el ambiente adecuado para que se practicara un buen partido de futbol. Los jugadores de ambos equipos entendieron su papel y se dedicaron a hacer lo que sabían, regalando un encuentro digno de recordarse, que al final se llevó El Salvador con un marcador de 3 a 2. Pero los políticos de ambos países pensaban diferente a los seleccionados, y tal vez aprovechando la distracción del partido, el gobierno salvadoreño decidió romper relaciones con el gobierno de Honduras.

Las tensiones continuaron, acrecentadas en gran medida por el encuentro futbolístico. Se habla incluso del suicidio de una chica salvadoreña debido a las tensiones, y de la muerte a pedradas de un hondureño a manos de aficionados contrarios. De esta manera, el 14 de julio de 1969, el ejército salvadoreño lanzó una ofensiva militar e invadió el territorio de Honduras, con la intención de apoderarse del área y así conseguir una salida al mar Caribe, logrando ocupar una extensión de 1600 km2.

Finalmente se le puso un alto al conflicto cuatro días después, cuando la Organización de Estados Americanos gestionó un alto al fuego. Así el 18 de julio terminó el enfrentamiento que cobró la vida de alrededor de 6,000 personas y 15,000 heridos, entre salvadoreños y hondureños. Sin embargo, las tensiones entre ambos países continuaron en estado de guerra latente durante cerca de 11 años, hasta la firma de los tratados de paz en 1980 y la resolución de la Corte Internacional de la Haya en 1992.

En más de una ocasión el futbol ha servido como detonarte de conflictos sociales y por desgracia el enfrentamiento de identidades se ha trasladado a los terrenos de juego, trayendo algunas veces consecuencias catastróficas. Los escenarios deportivos tendrían que servir para ámbitos contrariamente distintos; no obstante, el futbol ha sido utilizado en ocasiones para fines funestos, como esa vez en que se enfrentaron El Salvador y Honduras, países que tienen más similitudes que diferencias, y cuyas circunstancias llevaron a que de manera injusta, tal experiencia fuera catalogada para la historia como La Guerra del Futbol.

(paulin_mendiak@outlook.com)

Fuentes:

http://www.canaltrans.com/deportes/futbol1/historias/014.html

http://www.teinteresa.es/mundo/Honduras-Salvador-guerra-Isla-Conejo_0_1073894691.html

https://www.ferplei.com/2013/07/la-guerra-del-futbol-cuando-el-deporte-se-mancho-con-sangre-fotos-y-video/

http://elpais.com/diario/2009/07/20/deportes/1248040816_850215.html

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