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Del Hidalgo al Nou Camp, los estadios de mi ciudad

Pablo E. montes Palomares

Del Hidalgo al Nou Camp, los estadios de mi ciudad

Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie.

Eduardo Galeano

Parte de la idiosincrasia de los clubes de futbol, es aportada por los estadios donde disputan sus partidos como locales. Los equipos hacen valía de su carácter de anfitriones, abren las puertas emitiendo mensajes de bienvenida, saludan a sus rivales amistosamente, intercambian pendones como símbolo de respeto. Pero de pronto toda esa ceremonia de decoro y recato, termina por olvidarse para defender a capa y espada la gallardía de sus colores. Y haciendo gala de sus atributos, visitantes y locales se olvidan de los modales por 90 minutos para vencer la portería de sus contrincantes.  

En muchos casos se habla de la imposibilidad de vencer en ciertos recintos, debido al ambiente que se genera cuando el aficionado se hace presente en el graderío. Entonces la presión es tal, que se ha llegado a creer que el aficionado forma parte del plantel titular que salta a la cancha. Hoy en día es considerada casi una hazaña plantarse como visitante en cualquier recinto y robar el triunfo al anfitrión. Muchas de las historias en torno a los estadios de futbol giran en torno a este tipo de anécdotas, como cuando Uruguay cometió la osadía de ganar una final del mundo en el Maracaná, frente a Brasil.

Así pues, el estadio pasa a ser una parte fundamental de cualquier club. Sus muros son testigos perpetuos de las glorias conseguidas y de sus sufridos fracasos. Desde los equipos globalmente más conocidos hasta los casi anónimos, se jactan de tener un recinto casi sagrado, de incomparables dimensiones, así sea el más pequeño e insignificante frente al Panathinaikó.

En México los estadios emblemáticos siempre harán la primera referencia en el Azteca, pero esta construcción es relativamente joven. La historia del futbol en nuestro país se empezó a escribir en inmuebles ya desparecidos como el Parque Asturias, que con su graderío de madera fue quemado por una turba de aficionados enardecidos. Por mucho tiempo la madera fue siempre un elemento fundamental en los primeros estadios de nuestro país, que poco a debió ser sustituida por el concreto, que garantizaba una mayor seguridad ante las grandes conglomeraciones.

En el bajío mexicano la popularización del futbol fue creciendo gradualmente, ganándole campo poco a poco al beisbol. Las primeras referencias a equipos formales las encontramos en la ciudad de Irapuato, con el club Mutualista, fundado por un grupo de emprendedores deportistas, entre ellos Diego Mosqueda, quien casualmente sería fundador del primer equipo en la ciudad de León: el León-Atlético, hacia la década de los 20.

Con el León-Atlético llega a la ciudad el primer campo para la práctica del futbol. En él existían ya rudimentarias tablas que fungían como tribunas y se cobraba una pequeña cuota para ingresar a ver los partidos. El sitio era conocido simplemente como “La cancha del Atlético” o “La Hidalgo”, ya que se ubicaba donde actualmente se encuentra el parque del mismo nombre. En dicha cancha disputaron partidos los protoequipos de la ciudad como Unión de Curtidores, San Sebastián, Aldana o el mismo León-Atlético. 

Más tarde, entra en juego la prominente familia Lozornio, muy conocida en la ciudad por diversas obras, entre ellas el impulso al deporte. A partir de la donación de unos terrenos se construye el estadio Patria, originalmente pensado para el béisbol; sin embargo el espacio termina alternando entre los gritos de play ball y gol. El Patria se ubicaba donde actualmente se encuentra la calle Lisboa, a un costado de la calzada de los Héroes. De este sitio, los más viejos recuerdan los primeros encuentros de clásicos como León vs Irapuato o Curtidores vs San Sebastián. Del viejo estadio sólo queda la memoria y algunas cuantas ruinas de lo que fueran los muros que resguardaron el recinto, ya que fue demolido para dar paso a la urbanización. Hacia los años 40, se consideró poco viable su ubicación y se decidió construir espacios deportivos más acordes a la época. De ahí que se construyera el Domingo Santana para la práctica de la pelota caliente y el Fernández Martínez para el futbol.  

En las vísperas de la profesionalización y como premio a un campeonato obtenido por Unión de Curtidores, se mandó construir un nuevo estadio que se ubicó donde actualmente está el Centro Comercial León, lugar donde estaba la plaza del Mariachi, en esquina de López Mateos y Miguel Alemán. Dicho inmueble llevaría el nombre de estadio Enrique Fernández Martínez, quien fuera gobernador del estado por esos tiempos. En la cancha del Fernández Martínez, el Club León obtuvo su primer campeonato y más aún, el título de primer Campeonísimo. La popularidad del club crecía a la par de los éxitos, y la necesidad de un mejor estadio lo llevó a mudarse a principios de los años 50, dejando el Fernández Martínez para los equipos amateurs de la ciudad. Finalmente dicho recinto fue demolido en razón del progreso, hacia 1964.

Por su parte, el antagonista San Sebastián construyeron su propio estadio en terrenos del propietario del club, con lo que hacia finales de los 40 veía la luz el estadio La Martinica. En principio se pensó que fuera la casa de un solo equipo, pero con el paso del tiempo terminaron jugando ahí los tres clubes insignias: San Sebastián, Unión de Curtidores y León. En La Martinica se guardan los recuerdos de las más grandes hazañas del balompié en el bajío. La época de oro de nuestro futbol tiene como testigo silencioso a estos muros; de ahí surgieron grandes leyendas esmeraldas como Marcos Aurelio, “Tota” Carbajal, “Dumbo” López o Jorge Marik, sólo por mencionar algunos. Teniendo como escenario de local a la Martica, se obtuvieron el cuarto y quinto título del club León. Tanto Curtidores como San Sebastián se mantenían en la liga con altibajos, hasta que sucumbieron por el descenso. Los éxitos los cosechaba el León, y ante las cercanías del Campeonato del Mundo de 1970, aunado al escaso espacio que representaba la Martinica para albergar a los aficionados, se proyectó la construcción de un nuevo estadio para la ciudad.

A la fecha se mantiene en pie el mítico recinto del Malecón y mucho se ha rumorado su desaparición, pero mientras se define su destino, ni el tiempo ni la memoria de los aficionados permitirán olvidar las viejas glorias que ahí se obtuvieron. Aún pesan en sus derruidos muros y su maltratada cancha las pisadas de los hombres que construyeron la leyenda, los gritos de gol y los cánticos que festejaban esos primeros campeonatos. 

Hacia 1967, el club León se mudó a la avenida López Mateos. En unos terrenos aledaños a la Feria se construiría lo que hasta la fecha se conoce popularmente como el “Nou Camp”, recinto que fue inaugurado con un partido entre los clubes Santos de Brasil y River Plate de Argentina, aunque el primer partido oficial sería entre León y América. El estadio León ha albergado partidos de dos copas del mundo (70 y 86) y de un mundial juvenil, así como los juegos olímpicos del 68. El paso del equipo por este estadio sufrió una época de sequia de títulos, aunque obtuvo algunos de copa. También se vivieron los primeros descensos, siendo hasta 1992 cuando la noble afición volvió a vivir la experiencia de ganar un título de liga. Y ahora las nuevas glorias obtenidas en los últimos años, no han hecho más que engrandecer al recinto. 

De esta manera, el trayecto del futbol por nuestra ciudad ha sido arduo, pues todos estos lugares emblemáticos han aportado un pedazo importante de historia; muchos héroes recordados, otros tantos anónimos, miles de anécdotas que ahora viven en las memorias de nuestros padres o abuelos.  Mientras sigan en pie estos cuasi templos del futbol, siempre habrá alguien que al pasar junto a ellos recuerde las proezas ahí vividas, gestas de hombres valientes, convertidos ahora en epopeyas que cuentan a las nuevas generaciones, como si se tratase de darles a conocer algo de vital importancia. Esos mismos que se entristecieron al ver derruidos los muros del Patria o del Fernández Martínez, son los que ahora recuerdan los aficionados que visitan cada sábado o domingo la Martinica o el Nou Camp, y que sin duda entristecerán cuando sucumban los muros de cualquiera de estos dos colosos. 

Fuentes:

El Heraldo de León- 12 de enero de 1962 y 14 de mayo de 1964.

El Sol de León, OEM- 9 de diciembre de 2012

Periódico Armonía Social – Circulo Leonés Mutualista

http://www.leonantiguo.com/historia-de-los-estadios-en-leon/#

(paulin_mendiak@outlook.com)

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