Es Lo Cotidiano

Móvil de estrellas

Melissa Barradas

Móvil de estrellas

Desconocía la procedencia de aquel móvil de estrellas, o más bien, nunca le importó. O tal vez lo supo y lo olvidó. Lo único que le resultaba relevante, en ese entonces, era alcanzar a rozar con los dedos aquellos astros de origami que caían de la luna plateada de aluminio hecha en apariencia de manera improvisada, y que, inevitablemente, se movían cuando la cabeza de algún adulto los acariciaba al cruzar aquel umbral del que se encontraban suspendidos.

El tacto del móvil con su piel se volvió una especie de obsesión. Al principio ella, que era suficientemente pequeña y ligera como para ser levantada en brazos, tenía la facilidad de alcanzarlo de vez en cuando, de jugar con él un par de segundos. Cuando nadie estaba para echarle una mano, se paraba justo debajo de él y se limitaba a mirarlo, a imaginar que era tan alta como para tocarlo.

Qué dichosa habría sido si hubiera podido elevarse del suelo por su propia cuenta, de escudriñar cada una de las estrellas de papel, de hacer que se movieran mientras les propinaba manotazos y les soplaba con fuerza. A su vez, le ilusionaba la idea de ser tan diminuta que pudiera habitar en la superficie de alguna de aquellas figuras colgantes, lejos de todo aquello que provocaba sus lágrimas, en un lugar distante de las prohibiciones y el aburrimiento.

Tal vez si viviera en el móvil de estrellas pudiera descubrir a otras como ella. A otras que amaría, no porque era su obligación sino porque le nacía hacerlo. Estaba convencida de que jamás encontraría tediosa su estadía, pues ya con compañía y en un lugar tan diferente al que estaba acostumbrada, tendría muchos caminos por recorrer entre los pliegues de papel, a la luz del reflejo de la luna metálica.

Todos aquellos deseos fueron esfumándose poco a poco y tan sutilmente que no pudo percatarse, mucho menos evitar que se extinguieran. Cuando la edad le otorgó la altura idónea para alcanzar al móvil por su propia cuenta, éste había desaparecido. Sin embargo su piel lo sigue recordando, sus ojos pueden visualizarlo a pesar de su ausencia. Así que de vez en cuando voltea, acaricia con las yemas de sus dedos aquel umbral y se lamenta el haber crecido tan tarde, el no haber tocado las estrellas cuando aún las añoraba. Cuando aún eran importantes.

Melissa Barradas

Escritora y artista visual mexicalense nacida en 1990. Egresada de la Licenciatura en Medios Audiovisuales de la UABC.

Actualmente publica sus escritos en http://cienelefantes.com

Comentarios