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Pinceladas sobre la infancia en claroscuro

Tristana Landeros

Pinceladas sobre la infancia en claroscuro

Antes de los 30 años creía que “infancia es destino”, frase que vemos por todos lados en estas fechas y escuchamos como parte de un discurso oportunista en los festejos organizados para la temporada. Después de diez años trabajando directamente con niños, niñas y adolescentes, decidí solamente dedicarme a colaborar con ellos y mostrar lo que sé hacer y cómo mi profesión me puede llevar más lejos de lo que la función de los objetos pretende limitarme a su uso, es decir, que el uso cotidiano de los objetos no restrinja ni condicione el alcance de mis propias metas trazadas, porque lo que ellos decidan realizar se puede lograr teniendo la guía oportuna y las herramientas adecuadas a través del proceso de obtención de sus metas.

Intervenir como una especie de “salvadora” o “mesías” del arte para cambiar las condiciones de vida o de desarrollo de un menor con la creencia de que su entorno es injusto y está minándolo, termina por ser una tarea infructuosa, precisamente por lo forzado de la participación y por la visión externa que se impone rompiendo la armonía, como destrozar ídolos para exigir el culto a los santos.

Culpar a los medios o al entorno es simplista, los medios persisten y el entorno se irá modificando; del acompañamiento de los padres y la participación de educadores escolares se marca un sendero de comportamiento y desenvolvimiento de un niño o de un adolescente. La cultura está ahí, permeando cada instalación pública y las actividades prácticas y ahí sí, nuestra labor puede influir, aún más considerando que el goce estético será eso, una experiencia, y que su satisfacción en un primer acercamiento hará que el participante vuelva una y otra vez.

Lo mismo pasa con los contenidos: la tendencia a erradicar o censurar lo que nos parece inadecuado para la infancia, va de la mano con el desenvolvimiento mediático. Así que pedí a un grupo de escritores que habitan desde Mexicali hasta Veracruz, que, a partir de una idea tan amplia como es la niñez, desarrollaran lo que su evocación les remitiera, confiando en que para ellos las limitaciones o el buen comportamiento en las redes sociales no existe. Las etiquetas les tienen sin cuidados y sé que por medio de su literatura no intentan describir una infancia “como debe o debería ser”, sino una más real, tan multicolor y en claroscuro, porque no todas las historias con personajes infantiles son brillantes y optimistas: hay qué rescatar los obstáculos que se atraviesan en nuestra historia, que son los que nos hacen seguir andando como personas y, en un momento, construir personajes.

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