Es Lo Cotidiano

Días Festivos

Gerardo Mares

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Días Festivos

La primera de varias virtudes que se aprecian en la serie de documentales realizados por la firma productora Nueve Cine –originaria de la ciudad de Guadalajara- y que tratan sobre diversas manifestaciones sociales y religiosas en el municipio de Tonalá, Jalisco, es su cariz de revelación.  

Es decir, a través de varios cortometrajes con objetivos disímbolos y que poseen una unidad temática harto interesante y una paleta cromática rica, cálida y colorida, el crew de Nueve Cine puso en relieve un rico caleidoscopio sobre tradiciones que tienen su candor y encanto, llevadas a cabo en un rincón ajeno a la urbanización fagocitaria de la zona metropolitana, que uno pensaría amenazada en su vitalidad y trascendencia.

Nada más alejado de esta suposición. A través de un marco de legitimización, apropiación y defensa de los valores locales, se desarrolla Un día antes de cuaresma, crónica sobre unos danzantes que por puro amor se obstinan en fomentar un carnaval con la evidente intención de echar desmadre, una vacilada de acento bufo que a pesar de su espíritu lúdico, es tomada bastante en serio por todos sus promotores oficiales e informales. En una segunda lectura, el documental, de duración considerable y que puntualiza el inicio de un festejo en los prolegómenos de la semana santa, resulta ser una reinterpretación sobre la danza de los viejitos, originaria del estado de Michoacán, pero que se lleva a cabo bajo códigos propios.

De factura técnica muy por encima de lo que se produce en el entorno, la dupla de cineastas, a la manera de antropólogos sociales, nos descubren el complejo entramado de una celebración que ha permanecido casi inmutable gracias al esfuerzo de un pueblo que no desea ver morir sus costumbres, no obstante la evidente modernización de Tonalá. Integrada en su mayoría con planos cerrados para captar las sinceras emociones de los entrevistados, Ruth Figueroa y Oswaldo Martínez prescinden de la frialdad expositiva para incluso integrarse al fasto callejero, permitiéndonos echar una ojeada sobre rostros curtidos por el tiempo, de una humanidad y una sencillez palpable en cada cuadro. Es sorprendente, por otra parte, la devoción que se les profesa a las máscaras, de alguna forma, un micro documental dentro del corpus narrativo de Un día antes de cuaresma.

Pero el fenómeno es más rico, variado y en el caso de los Tastoanes, hasta inquietante. En una inesperada profundización de estos asuntos, el interés se acrecienta por los trabajos dedicados a explorar el cosmos de unos danzantes denominados tastoanes, una suerte de raras entelequias que buscan expulsar los demonios que nos heredó la conquista y otros traumas sociales. El que manda, título de un segmento dedicado a Miguel Pila y traducción literal de la palabra Tastoán, el trabajo expone con convicción el espíritu de sacrificio de una población que trabaja todos los días para la perduración de esta rara danza con tintes sanguinolentos.

De abigarrada vestimenta, máscaras indescriptibles y una coreografía lúcida, violenta y catártica, quedan claro las evidentes señas de resistencia a la evangelización de parte de los antiguos moradores de esa región del país y que se manifiestan en esta celebración callejera a los que rinde homenaje.

Sin duda, entre los motivos que llaman la atención es la que tiene que ver con las indumentarias de los tastoanes, elaboradas de manera artesanal y que manifiestan un poderío más allá de lo tangible, evidenciado en el excelente trabajo de transformación que se recrea en Homenaje al Tastoán Jesús Delgado; en lo formal, un videoclip sobriamente coreografiado y musicalizado, esteticista a grados virtuosos, pero sin desviarse del cometido de introducirnos brevemente a un universo lleno de misticismo; ese espíritu difícil de captar en la vulgaridad de la geografía urbana. Existe una segunda versión más amplia, con información adicional, disponible en  YouTube, pero que no difiere en gran cosa del que fue exhibido con notable éxito en la galería GenerArte Spacio de la artista Lupita Anaya.

Santiago, por otra parte, es la recreación en crudo y directo de la ancestral batalla entre los tastoanes y los tonaltecas, que de tan fuerte pulso a la teatralización, los guamazos atizados por el personaje principal, deja con marcas y heridas sangrantes a los participantes de un rito que parecía ser más benigno. Meramente de carácter expositivo, los realizadores utilizan las armas del Cinema Verité para acercar al espectador a un acto de fe que es la danza misma, una celebración que hasta hace pocos años era desconocida por nuestros lares y que la mancuerna principal de Nueve Cine, despojándose del rigor y distancia de la mirada científica, del acartonamiento del cine antropológico malentendido, nos han ofrecido, a través de una proximidad que detalla el lado humano, los rostros y las voces de gente que se empeña en no dejar que sus creencias fenezcan y pasen al olvido.

La cosmogonía con lazos al panteísmo que se intuyen en las dos celebraciones anteriores, se explaya en el documento dedicado a la festividad de El señor del buen temporal, quizá el trabajo más elaborado y el que requirió de mayor atención de todo el mosaico arcaico. No tan sorprendente como los anteriores, dado el conocido sincretismo entre la religión católica y la cultura mestiza de la región, ubicado en el pueblo de San Gaspar de las Flores, la celebración que da nombre al documental se ha mantenido vigente gracias al hermetismo de una comunidad que ha resistido los embates de la modernidad. De calles angostas y polvorientas, los testimonios que salen de bocas desdentadas y piel quemada por el sol, dan fe sobre un pensamiento mágico que tiene mucho de poético.

Vital y agreste a partes iguales, la filmografía de Nueve Cine nos ofrece la inmersión a un México Desconocido revelada desde la perspectiva cinematográfica. Ojalá que la rica labor de investigación, rescate y difusión de Ruth Figueroa, se vuelva extensiva en el entorno leonés, que tanto necesita en la salvaguarda de nuestras señas de identidad, más allá de un museo temático, un equipo de fútbol, de guacamayas, de bebidas efervescentes y caldos de oso, que se prestan a interpretaciones reduccionistas innecesarias.  

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