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CINE COLISEO

El dios de la lluvia

Gerardo Mares

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El dios de la lluvia

Lo más destacable en la mayoría de los trabajos que componen la obra de corta duración de León Calleja (éste su tercer pseudónimo además de los acreditados para Alberto Villarreal y César Kartagena), es el aliento entre épico y delirante que desprenden de principio a fin, debo de suponer, influenciado por su admiración hacia los géneros dramáticos clásicos, particularmente obsesionado por los mitos helénicos y su indudable filiación por el surrealismo y la imaginería pánica. Esto que al inicio de su carrera se podía percibir como obras de experimentación de corte menor, finalmente se ha convertido en un estilo, la firma de un autor en proceso de madurez, a pesar de los traspiés recientes en su fallida interpretación del estilo noir (los cortometrajes Metamorphos y Eros) y con los cuales se dio un viraje carente de la fuerza de sus anteriores preocupaciones plásticas. 

Y eso es precisamente lo que se confirma en lo que corresponde a Tláloc; la recuperación de un brío que había estado ausente en sus recientes realizaciones formales. Si bien el sentido trágico había estado presente, hoy ha plasmado la que es su historia más pesimista y arrebatada, predominando un estilo entre impetuoso y grandilocuente que se fusiona con el dominio técnico para la puesta en escena. Este acento, sin volverse forzado o reiterativo, sirve para equilibrar los dos segmentos discursivos de Tláloc: la que narra contundentemente la hacinación y sordidez de una ciudad infecta y con la manifestación del agua como una fuente de alcantarilla en calles pobladas de transeúntes alienados. Y la de los sobrevivientes en un páramo donde el agua se ha vuelto una especie de elixir para la vida. 

Dentro de la rudeza de su visión solidificada a través de los años, ahora se añaden cuadros de violencia sugeridos por el corte elíptico, recurso narrativo que oculta en la medida de lo posible la rigidez de las acciones, evitando los riesgos físicos inherentes en actores cómplices de esta fuga psicogénica en el sentido fílmico del término, cosmovisión enriquecida por un competente colaborador a cargo del diseño sonoro.  

De una poética parecida a Vigilante, Tláloc confirma la dramaturgia de un iconoclasta que se había perdido en las convenciones del cine erótico soft y de suspenso; la confrontación carente de malicia en unos seres marginales necesitados de beber las infectas aguas contenidas en una botella sólo para mantenerse en pie; conflicto en medio de un desierto agobiado por una sequía inclemente. A este respecto, aunque algunas caracterizaciones no están acordes con la atmósfera sugerida y la locación no se aprecia lo suficientemente árida para reafirmar la sensación de sequedad, otra vez impacta la aparición espectral de Viridiana Bravo, quien en cada entrega juega con su particular físico y transforma su rostro en una mueca indescriptible, en lo que parece una entidad más muerta que viva, acaso el alma en pena en busca del líquido elemental para la resurrección; fealdad caracterizada con suma propiedad en aras de complementar la visión de su partner creativo.

Sin la afección de sus cortos más convencionales, es claro que para apreciar los alcances de esta lamentación por el agua en un marco apocalíptico, hay qué entrarle al visionado de una obra donde la abstracción sigue predominando por encima de la construcción literaria. Con el peligro de agotar su discurso, ya va siendo hora de buscar nuevas formas y de entrarle de lleno a contar una historia formal con todas las de la ley. Ése es el reto que sigue pendiente para este crew que sigue avanzando a paso firme. Va la liga para quien esté interesado en ver una propuesta atípica.

https://www.youtube.com/watch?v=Jvab0K2_WqM

Tláloc/ D y G: León Calleja/ S: Tello Ramírez/ E y F: León Calleja/Con: Gerardo Sagar, Karen Mota, Viridiana Bravo, Susana Vidal, Eduardo Rodríguez, Miguel Ángel Verduzco, Nayeli Reyes y Rafael Acosta/ P: Cinetheus. México. 2013.

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