lunes. 03.10.2022
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Dos poemas de Ana Sosa

Ana Sosa

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Dos poemas de Ana Sosa

LENTO

Mirar por el ojo de la cerradura,
saber qué guardo, qué entierro adentro.
¿Soportaría tu mirada la luz del quebranto?

No quiero.

A quien exige saber, le regalo sonrisas.
Porque a veces el silencio es sólo eso,
sonreír.

En el pasado lo vi, sí, es cierto.
Lo vi en mi propio espejo antes de estallar:
el sucio rostro de la impaciencia.
De niña dibujaba flores y lunas tras los espejos,
la punta de mis tijeras desenterraba virutas oscuras
que se amontonaban en los bordes de las grietas.
La pureza entonces
se limitaba a herir la fría piel de los espejos;
nunca hacerlos estallar, mala espina decían.
Por eso dejé tantas heridas abiertas tras ellos,
la luz cedía sus escamas brillando apenas al filtrarse
y nunca volvía.

Colapsarme, fundir en el silencio
todo lo que suene a punta de agujas o tijeras,
esquivar el quebranto de la luz y los espejos,
deshacer la rigidez de las palabras hasta sentir
la desnuda ternura del origen,

eso quiero.

No más palabras, nuestros cuerpos,
un leve crujir de respiraciones agrietando el silencio,
lento,

abrirme lento como el pan de la mañana en tus manos.

EN LA PALABRA

En la palabra Berlín, en la manguera de la ducha -olvidada- formando la ge, en cualquier asiento de un autobús, en la ciudad de mantillo sobre la roca de Cernuda, en el atardecer, en los gatos de San Telmo, en el trozo de pizarra que llevo en mi bolso, en todos los renault antiguos, blancos y alargados, en la lluvia, en los trazos de un lápiz plastidecor, en la señal de tráfico que veo cada tarde al pasar por la Soledad, en la palmera que falta, en las palomas que ya no vienen, en la esquina de la mora y en la de la muerte, también ahí, en la constelación de orión, en el perfume de una dama de noche enjaulada, en el verano y su jadeo de grillos, en el aliento a whisky, en el calor, en el silencio y su serpiente, en mi guitarra, en las venas sobresalientes de mis manos, en mi maraña de pelo al otro lado del espejo, en las montañas, en un poema gris, en el amanecer.

******

Ana Sosa Novo. Nací en el 80, en un pueblo de Sevilla, a orillas del Guadalquivir. Aquí, quizá haya poco por decir; pero allá donde mire siempre encuentro palabras que no puedo evitar escribir. Mi primer poema fue a los 8 años, sin más ambición que burlar la muerte. No lo conseguí, obviamente, pero se podría decir que desde entonces me llevo mejor con ella. Tantos años, tantos versos, a escondidas, que da pudor desnudarse ahora

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