Buscar
13:20h. Domingo, 26 de Mayo de 2019

DUERMO SOLA (6)

Catarsis

Giselle Ruiz

No tengo nada que decir en mi defensa…
Por las promesas que se olvidan por extensas.

Lo veo venir, sí, viene por mí aunque no lo espere, se hace escuchar, lo dejo pasar y me levanta el cabello, como siempre mi lenta reacción me deja a metros, muchos metros de ese extraño tren de pensamientos, corro a la velocidad promedio, me sostengo de la barandilla y salto, en segundos estoy sobre él…

Hoy estoy en automático, no pienso, la forma en la que voy hilando mis pensamientos va dando como resultado una cobija gruesa de palpitaciones. Este sentir es como escuchar la misma canción nebulosa hasta un punto en el que te cercena las sinapsis.

No estoy razonando ni editando lo que escribo, tengo un millar de situaciones coléricas y asignaturas pendientes.

Reviso el diccionario de la RAE en la red.

CATARSIS: Del lat. mod. catharsis, y este del gr. κάθαρσις kátharsis 'purga', 'purificación'.

1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.

2. f. Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones.

3. f. Purificación, liberación o transformación interior suscitadas por una experiencia vital profunda.

4. f. Biol. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo.

En este justo momento me quedo con una combinación conveniente de las definiciones 2 y 4 pero en distinto orden.

Para “limpiarnos” parecería prudente vomitar todo, sacar de la manera menos moderada lo que nos va quemando el tracto digestivo y el pecho. Reconozco que tengo una manera infantil de dar cara a las situaciones, hago las cosas más tontas y cargadas de debilidad que cualquiera se pueda imaginar, y antes que nada, reconocer que también las ha hecho.

Pido préstamos con intereses altísimos cuando no puedo pagar una mensualidad del coche, ayudo a las personas, posteriormente recibo reclamos (a eso le llamo “joderme por buena samaritana”) y para colmo, trato de justificarme y hacer entender que “el bien común” debe estar sobre el ego.

Cuando alguien roba mi trabajo pienso que algún día el Universo se encargará de arreglar el asunto, voy por la vida justificando actos, e inconscientemente confundo la magnesia con la gimnasia en esa interminable obra teatral de buscar el equilibrio.

¿Cómo le hago? ¿Cómo decir “NO”? ¿Cómo pagar las cuentas atrasadas? ¿Cómo tener más sexo? Mejor aún, ¿Cómo hacer el amor realmente? ¿Cómo ser la hija que mis padres desean? ¿Cómo vencer el miedo a herir con mis decisiones? Sobre todo, ¿Cómo no salir herida? ¿Cómo decir “quédate conmigo” tras recibir una paliza emocional? ¿Cómo ganar más dinero? ¿Cómo dar un consejo a la persona que más te preocupa en el mundo? ¿Cómo conservarte firme? ¿Cómo mantenerte alejado de todo? ¿Cómo despertar? ¿Cómo dormir? ¿Cómo mantener las ganas de vivir en medio del capitalismo y sus consecuencias? ¿Cómo respirar si mis relaciones importantes se parten por causas tan estúpidas como el remplazo por personas que poseen más dinero? ¿Desde siempre podemos vernos como entes sin ideales? No me doy cuenta, no me quiero dar cuenta y hoy, hoy, hoy justamente vivo una explosión digna de temor: NO PUEDO MÁS.

He decidido entregarme al comportamiento de las masas, al egoísmo, al individualismo. Haré el mal, todo el mal que tengo dentro será pirotecnia llamativa a kilómetros.

Aprendan y a la vez vengan conmigo, sean conscientes de que: “No se puede leer una cosa así sin llevar los labios pintados”.

[Ir a la portada de Tachas 141]