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RESEÑA

Conversación con la perrada, poesía sin concesiones

Graciela Guzmán

Conversación con la perrada, poesía sin concesiones

(*) Cuando Leopoldo Navarro, el director general de Tlacuilo Ediciones, me extendió la amable invitación para presentar una obra recién nacida en sus prensas: el nuevo libro de poesía de Benjamín Valdivia, Conversación con la perrada, inicialmente hube de declinarla por compromisos contraídos con antelación. Sin embargo, un aguijoneo en mi interior me llevó por la ruta del no desear perder la oportunidad de, primero, tener el honor de ser una de las personas que estuviera, específicamente, en esta mesa de presentación al lado de un autor que admiro y respeto por su amplio y reconocido quehacer literario; segundo, porque sabía que a pesar de tener tantos años de conocerlo y de pertenecer casi a la misma generación de escritores, y de que hemos coincidido de manera personal, que no en libelos, en ocasiones escasas, sería un gozo reencontrarnos entre las palabras, SUS PALABRAS, que devienen poesía; que respiran, viven, conviven, reviven, extraen, construyen, obsequian poesía.

Convencida, entonces, de que yo debía estar aquí, acompañando a Benjamín, a Polo y a mi querida amiga y gran poeta, Rosa Murillo, decidí hacer lo necesario para estar presente, no por vanidad o curiosidad, sino para abrevar de la sapiencia del maestro Valdivia.

Así pues, el martes pasado, cuando concluí la lectura de Conversación con la perrada, me pregunté qué iba a decir sobre esta obra que me impactó por su excelsitud (que, entre paréntesis, posee un título un tanto provocador). Fue el hallazgo de una poesía contemporánea -acépteseme la expresión- concebida desde un lirismo delicioso y que tramonta siglos para traernos con ella reminiscencias de Luis de Góngora y demás lumbreras del Siglo de Oro español, pero con temas y preocupaciones tan actuales como comunes a nosotros todos.

Benjamín Macedonio Valdivia Magdaleno -Benjamín Valdivia- , quien posee un nombre poético, o que bien podría germinar en un personaje de cuento o de novela, juega, se divierte, se enoja, se maravilla, habla con la perrada, mas antes que nada, consigo mismo. Alecciona, advierte, enseña, consuela, ama a la perrada; esa perrada que el autor concibe como animales que acompañan al ser humano, que pueden ser rabiosos o leales, o rabiosos y leales, pero que nos acompañan siempre, como también nos acompaña la poesía; esa perrada que puede convertirse en jauría animal o humana para defender la sobrevivencia; para proporcionarse infinidad de satisfactores inmateriales, como calor, frío, amor, salud, por ejemplo; para entender cómo funciona su entorno y sus consecuencias. Ustedes y yo, la perrada a la que "la modernidad" del lenguaje callejero nos permeó. Y no sé ustedes, pero no me incomoda esa definición o ser parte de la acepción de la palabra que nos ocupa, por lo que también me siento cómoda, contenta y honrada al tener en mis manos una conversación poética con Valdivia.

Conversación con la perrada es un libro dividido en ocho partes que contienen un total de cuarenta y cinco poemas y una dedicatoria. Dedicatoria que pareciera ser dirigida a quienes no han podido amar ni sabido vivir, y han concentrado sus afanes en la crítica a los otros y a denostar a quienes sí lo han conseguido, como se recoge en algunos de sus versos:

Turbia la herida está: su pálida corola
indica desperfectos en el alma

y ganas de amar
que no han podido.

El autor, quien obviamente no busca facilitar la lectura ni la interpretación de su creación, no hace concesiones de lenguaje y, antes bien, lanza un reto para abordarla con mente abierta, y yéndose más allá -y aunque no lo diga-, invita a caminarla con un diccionario bajo el brazo, pues está escrita con numerosas palabras un tanto en desuso en la actualidad; como lo mencioné antes, con reminiscencias de la poesía de Luis de Góngora, que se caracteriza por su culteranismo, es decir, que se centra en la forma, que es la complejidad en el orden sintáctico (alteración del orden normal de la colocación de las palabras en el verso, y el empleo abundante del hipérbaton). La palabra está al servicio de un contenido conceptual y emocional, entre otras características que conlleva el culteranismo. Asimismo evoca el conceptismo característico, por ejemplo, de la poesía de Francisco de Quevedo, entendiéndose por conceptismo el dar más importancia al fondo que a la forma. Es poesía de contenido; es asociación entre palabras e ideas de manera ingeniosa. Aunque, discúlpeseme, pero no seré yo quien allane el camino que deseó trazar el autor para sus lectores.

He escuchado a Benjamín Valdivia asegurar que su libro es, entre otras cosas, "una reflexión de lo que debe ser la poesía de nuestro tiempo; una poesía que no haga concesiones a la tradición, pero que tampoco se entregue a una superficialidad contemporánea, a una dilución en los medios (...) Lo que un escritor joven haría en su obra, si supiera lo que está haciendo". Premisa que yo acepto con urgencia, ante la dispersión actual de lo que se concibe y practica como poesía contemporánea, a la que muchos jóvenes etiquetan como posmoderna o de vanguardia, y entre todos los "estatus" de la poesía existentes, tales jóvenes (y no tanto) ignoran a profundidad y la profundidad de todos. Pareciera que entre "más moderna" consideran la poesía, se arrogan el derecho de decir más sandeces que califican como poesía vanguardista.

Así pues, el autor, quien ha abordado todos los géneros literarios con holgura y éxito, nos ubica y re-ubica en el virtuosismo y complicada sencillez de su poesía (para usar un oxímoron, figura retórica que también podemos encontrar en algunos pasajes de Conversación con la perrada), en la que podemos constatar la riqueza de su musicalidad, su ritmo, sus imágenes, sus metáforas.

Como mencioné antes, la obra está dividida en ocho partes, en las que los temas que podemos descubrir son, entre otros, la vida, la muerte, el amor, la ausencia, la ira, la tristeza, el desconsuelo, los desafíos, el júbilo, la vejez, la incredulidad, el dolor, la libertad, la alegría, el erotismo; hasta lo escatológico. Temas que son tratados con socarronería; de manera lúdica y satírica; de manera gentil y delicada; de manera brutal y sin indulgencias; de manera gozosa, risueña y mortal. Valdivia nos puede dar un paseo por la rueda de la fortuna de la palabra y hacer que nos detengamos en donde a él se le antoje, merced a su erudición. No por nada es Miembro Correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y autor de más de medio centenar de libros.

Por último, permítaseme compartir unas cuantas estrofas de diferentes poemas, desnudándolos de solemnidad al no enunciar sus títulos, sólo por el placer de presumirlos junto al gozo que tales cuantas me ocasionaron, como tantas más dejo a cubierta en su lectura personal:

Aquí lo veo andar medio desnudo
creyéndose ferviente
la leyenda
de que sigue siendo el rey.
Roídos los mendrugos más tardíos

ya no tiene signos vitales
con los qué presumir.

********

¿Por qué demontres vivos
se mueren los vocablos..?
********

Voy con huesos raídos
a devolverle agua por agua
a los malditos rumbos de la tierra.
Mientras tanto el ardor, como el amor,
hacen fila en la sombra
porque igual que la muerte reconocen
que cada cosa tiene su lugar.

********

Bestia multiplicada y sola.
Arreo de las repeticiones.

********

Como si al rejuntarse las estrellas
perdieran, sorpresivas,
toda la luz.

********

Amada, acompáñame a morir.
A morir de vejez incandescida.

********

Dame la mano y la mirada.
No te prometo más que lo que digo.

No te tengo entregado sino el sol
donde desde hace siglos

se incendia la promesa.

********

Lúcido el interés de la ambición:
por eso salgo
hacia lo descampado de esta estrella

y tomo posesión
de cantos que
se aroman alhelíes
de los que más prefieres.

********

A más no haber
y sin poder pasar
esta frontera temporal de ver sin ser,
permite que
te mande
siquiera en la pupila de un pájaro instintivo
la fotocopia de este corazón.

********

Se admiran todos del pintor sin brillo
que aprendió
a registrar a utorretratos
sobre papel moneda.

y todos rinden
pleitesía
y no hacen pleito
-y mucho menos mofa-
del abstruso funcionario que entregó
el reconocimiento
a todos los que
difirieron el don de la poesía.
 

¡Enhorabuena, querido Benjamín, por este renuevo tuyo!
 

(*) Texto leído por la autora en la presentación del libro Conversación con la perrada el 25 de febrero de 2016 en León, Guanajuato.

***

Graciela Guzmán. Nació en León, Gto. Ha publicado el poemario No. 1 de La vida no vale nada, los libros de poesía De la desnudez a solas y Húmedo desierto. Sus poemas aparecen en los libros colectivos Seis de a bordo, Guanajuato luz y pluma, Casa en interiores, Poetas jóvenes de Guanajuato, Escritores de León. Cuento y poesía, El país de las siete luminarias, Mujeres que besan y tiemblan. Antología mexicana de poesía erótica femenina, Historia de la Literatura Guanajuatense. Algunas páginas electrónicas han acogido parte de su trabajo poético. Ha sido traducida al inglés y publicada en Internacional Poetry Review, de Greensboro, North Carolina; Aileron – A Literary Journal, de Austin, Texas, y en Writers’ Forum, editado por la Universidad de Colorado, en Colorado Springs.

Tiene múltiples publicaciones en revistas, diarios, suplementos culturales del país. Ha intervenido como jurado en diversos concursos de poesía. Fue becaria del Consejo de Cultura del Estado de Guanajuato en el área de Poesía de Autores con Trayectoria. Ha prologado varios libros de otros autores.

Es diseñadora, editora, correctora de estilo y ortografía de varias revistas y libros de autores de Guanajuato y de otros estados de la República Mexicana.

Además es fotógrafa, área en la que ha obtenido premios nacionales e internacionales.

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