Es lo Cotidiano

DUERMO SOLA (7)

Desde Verse hasta Hunger

Giselle Ruiz

Desde Verse hasta Hunger

Dedicada a quien ama la música tanto como a la existencia misma.

En algún momento después de sobrevivir al incendio que provoca la catarsis es inevitable girar el cuerpo en todas las direcciones conocidas buscando un manantial de ideas renovadas en el cual enfriarnos y refrescar las quemaduras, al menos, por unas horas.

Escapar puede que sea el acto más cobarde desde la óptica de la  valentía, o tal vez sea simplemente un instinto que reprimimos desde que nos gobierna el sedentarismo, nuestra estancia en la zona de confort, el aquí estoy bien. Eso acompañado de la resistencia puede provocarnos una parálisis mucho más grave que la que tuve a los 8 años por ingerir medicamento no apto para mi organismo.

Lejos ya de la explosión mental y emocional, decidí volarme la tapa de los sesos y escaparme por unos días a un paraíso lleno de música, agua, calor, gente, alcohol y todo tipo de estupefacientes (como si no fuera suficiente con mis propias ideas para alejarme aún más de la realidad).

Pisando tierra redescubrí algo: No soy tan aburrida como creen, no estoy tan deprimida como me leen y no he envejecido tanto como lo he venido creyendo. He dado una marometa sobre la percepción que tengo de mí misma y por ende de los demás, me doy cuenta que no todo está caduco y que existe energía compatible entre todos nosotros, tal vez estoy recuperando de a poco la fe.

Si existe un despertar que valga el quitarse las cobijas que cubren nuestra amargura, estoy segura que viene acompañado de una guitarra eléctrica, voces acarameladas e indescriptibles, una batería con baqueteo lento pero poderoso, un piano elevado, un bajeo estridente, violines, trompetas, letras envidiables y tragos de cerveza entre estribillos.

Desperté…

Abrí los ojos a otro realidad justo a las 7:30 pm del sábado 20 de febrero al ver salir a Rhye al escenario y escuchar las primeras líneas de Verse: -My  song, says it all, do you hear it in the verse?-

¿Cuántas veces hemos pedido que nos entiendan? ¿Cuántas que no nos dejen? Mi reflexión nunca estuvo más activa en medio de tanta gente. Vino Major minor love y esa frase que me hace pensar en la tranquilidad de las personas por encima de mi presencia, -Love grew so bad, so bad, so bad, I'm so bad- soy mala, lo he sido, como todos tal vez y puede que lo mejor sea la retirada.

Milosh me sacó de un estado de bajón que duró pocos segundos tras comenzar a tocar los filos de una batería ajena y dejar vibrar Last dance, pase de la inmovilidad al baile desenfadado, a las  fumarolas y los recuerdos de las veces que quise estrellar el coche con esa canción de fondo -Don't walk away, tell me lies and fall apart, but don't tell me to change-, amores perdidos y calles teñidas de sensual ardor.

La música tiene un poder curativo, notas que comprimen todo el Universo. Nunca me sentí de tal forma como en esta particular ocasión donde los tatuajes metálicos brillaban, donde los ojos cerrados de los espectadores me hacían sentir sus palpitaciones, las vibraciones similares, la energía de amores rotos, de amores recién estrenados -There's a window in time, 3 days to feel each other, crack this spine, It's gonna break, cave in on itself, love is terminal not built to last, burn bright, burn fast. Todos hemos tenido amores breves; posiblemente estos días en medio del verde fueron causa de algo que no había sentido. La música corre igual que lágrimas de una felicidad hasta ahora desconocida, la vida viene a sorprender mi estado de natural oscuridad para cerrar con Hunger; hoy tengo hambre de mí misma.

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