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Asterión, el cómic (2)

José Luis Pescador

Asterión, el cómic (2)
Los entresijos de Asterión, el cómic (2)
Los entresijos de Asterión, el cómic (2)

Cuando llegues a la ciudad fortificada no vendas tu sueño a los mercaderes, no laves tu rostro en la cisterna de los pájaros a fin de que el olvido no te alcance.

 

Cuando llegues a la ciudad verás hombres que van como el fin del mundo; viajeros que trazan su rumbo en el mapa de la desolación, sobre la piel espumosa de los mares.

 

Cuando llegues a la ciudad, recuerda la moneda oculta bajo tu lengua.

-Jeremías Marquines

 

 

 

No se encuentra crónica alguna que diga hasta dónde llega el laberinto de Creta. Lo que comienza en esa isla podría bien extenderse hasta el infinito, como el número de puertas que están siempre abiertas a hombres y animales en el relato borgiano de La Casa de Asterión. O hasta los túneles de Guanajuato. ¿Por qué no?

Este laberinto donde vaga este Asterión de este cómic se parece al Guanajuato que visitó Greenaway, y donde ha realizado Eisenstein en Guanajuato, un filme maravilloso donde entramos en la laberíntica psique del protagonista, Sergei. Otro laberinto de Greenaway es el de El contrato del dibujante, acaso un laberinto mas mental que real, como reales son los laberintos de las cortes europeas y como mental es ese otro laberinto, el que mantiene confinados en la estancia a los habitantes de El ángel exterminador, de Buñuel.

Y ya que hablamos de laberintos cinematográficos, el laberinto de Inside the Labyrinth es portentoso, aunque no se parece mucho a éste. De hecho, es recto.

Es absurdo y estúpido que no tenga curvas, opina Jennifer Conelly, alias Sarah, cuando debe cruzarlo hasta llegar al castillo en el centro del laberinto, donde habita David Bowie, Rey del Pop, alias Jareth, rey de los Goblins. (También es absurdo que ella no tuviera curvas entonces, pero entonces recordamos que tenía 15 años cuando Jim Henson hizo la peli).

El otro laberinto dibujado en esta página, resuelto con tres líneas finas onduladas (viñeta dos), es ese laberinto llamado Desierto del Sahara –que por cierto no es un solo desierto, sino muchos desiertos juntos que atraviesan varios países del norte de África, todos con diferente nombre y en distintas lenguas-, un laberinto sin galerías ni lineas rectas, infinito: ¡Ni siquiera es fácil recorrerlo cuando lo intentas con Google Maps!

Los tuaregs saben que es recorrible, sin embargo. La noción de laberinto para la nación Tuareg debe ser muy otra que para nosotros los sedentarios –y a veces sedentes- habitantes de Guanajuato.

La procrastinación es el laberinto del siglo XXI, y tristemente es nuestra gran aportación a la cultura humana.

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