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22:48h. Lunes, 20 de Mayo de 2019

DUERMO SOLA

A propósito del innecesario Día Internacional de la Mujer

Giselle Ruiz

Desperté con una resaca extraña. Creo que el malestar se lo debo a la búsqueda de entendimiento de mi nueva novela negra, a mi necesidad de dormir demasiado después de una clase de pole fitness, a los dolores menstruales y a mi agenda recién organizada y repleta de proyectos.

Pese a la situación me visto, me entacono y salgo a trabajar. Conduzco un coche 2014, el cual mes con mes rebaja una cantidad considerable de mi cuenta bancaria, realizo mis labores con la única consigna de hacerlo lo mejor posible, regreso a casa, me encargo de la limpieza, de las obligaciones de tener una gata como mascota, vuelo a clase, a aterrizar más proyectos, a hacer compras del hogar o personales, a pasar tiempo con mis amigos, a escribir el mismo poema mil veces, a aprender lo más que puedo. A la par intento comer de una manera saludable, tener un cuerpo fuerte, regresar a casa sana y salva, preparar la cena, asearme, volver a leer y por fin dormir.

Sé que contar la estructura de mi día (además de ser aburrido) podría parecer ególatra en este espacio, sin embargo, creo que viene al cuento cuando les diga que estoy pensando en el famoso “Día Internacional de la mujer”.

Sé que aquí el tema está dividido. Hay hombres que felicitan a las mujeres, mujeres que se felicitan entre sÍ y comentarios terribles al respecto pero, ¿qué piensan las mujeres de mi edad? ¿Qué pensarán los hombres de los que me he enamorado? ¿Qué sentirían las 146 mujeres que murieron calcinadas en la fábrica Cotton en NY por las bombas arrojadas al rehusarse a abandonar la protesta por un mejor salario y condiciones igualitarias? Les aseguro que lo que sentirían no son ganas de festejar. Además, con esto, ¿qué estamos ganando?

Reconocer el día internacional de la mujer es aceptar el machismo que venimos arrastrando y una lucha tonta contra el mismo, mostrarse del lado de la postura feminista es dar por hecho que somos distintos en cuanto a derechos y obligaciones. Se supone que lo que buscamos es equidad, ¿no?

De alguna manera creo que (hasta cierto punto) la equidad se va manifestando en algunas partes del globo, desde la manera en la que muchas mujeres deciden trabajar en lugar de tener hijos porque lo consideran adecuado para sí mismas, hasta luchas mayores como la abolición de la mutilación genital femenina en algunos países. La diferencia entre “machismo”, “feminismo” y “equidad” es básicamente la no diferenciación, la inclusión o exclusión de todos por igual en una dinámica social en la que los roles no estén determinados por el género.

Una vez aceptando esta realidad irrefutable la lucha no sería mujeres vs. hombres, hombres vs. mujeres, y su competencia por sumar cosas hechas en ámbitos como la política, el hogar, la ciencia, el arte, etc. La lucha sería un camino de transito colectivo en el cual busquemos el bienestar común y se erradique la desigualdad en otros aspectos como la economía de los países o el manejo de los recursos naturales.

¿Por qué no soy feminista? Por la misma razón que no soy machista.

Creo que en la humanidad antes que en el género, cualquier movimiento mal fundamentado crea su propia destrucción y graves repercusiones en las generaciones venideras.

El día en que aceptemos que tenemos el mismo poder de cambio no será necesario que les enumere las actividades de mi día, me disculpe por estar cansada o por vagar a las 4:00 am. Tampoco será necesario seguir conmemorando días internacionales que hagan distinción de género.

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