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22:27h. Martes, 16 de julio de 2019

El Diccionario Biográfico del Fracaso Literario

WELLON FREUND

C. D. Rose (Traducción de José Luis Justes Amador)

Es sabido que los escritores son propensos a la adicción. Para Sheridan LeFanu era el té verde, para Thomas De Quincey el opio y Balzac se bebía cincuenta tazas de café al día (y una vez, incluso, llego a envenenarse por comer granos de café crudos por la desesperación). Elizabeth Barret Browning estaba a favor del oporto y el láudano mientras que Kerouac mecanografió su paso a la fama y al olvido con la bencedrina. Los comentaristas modernos proponen que Byron era un adicto al sexo mientras que Dostoievski reconocía su adicción a las mesas de juego (y resulta extraño imaginárselo ahora rondando Betfred si no enganchado a Póker 888).

Para Wellon Freund, en nada diferente de su generación, era la marihuana.

Afortunado como fue por nacer al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto demasiado viejo para ser mandado a Vietnam, Freund aun así hizo todo lo posible para protestar contra el conflicto, sobre todo enrollando porros del tamaño de zanahorias en las portadas de los discos de Quicksilver Messenger Service.

Hasta ahí todo común. Pero lo que hace destacar a Freund de sus camaradas adictos a la hierba es que, conforme se disipaban las nubes de los años sesenta, Freund se encontró a si mismo poseído no por el deseo de ver películas de Cheech y Chong o comer helado a medianoche, sino por la escritura.

A principios de los años setenta, Freund se sentaba frente a su IBM Selectric II para narrar las aventuras de aquellos que se habían colocado, viajado y marchado. Sus obras podrían haber sido una gran contribución a la literatura del periodo pero, por desgracia, la mayoría se quedaron inacabadas cuando se terminó la tinta de la Selectric y cunado Freund consiguió un recambio descubrió que ya no podía recordar lo que estaba escribiendo. Su único triunfo en aquella época fue componer las letras de un álbum en solitario del bajista de Iron Butterfly (que, tristemente, nunca se publicó).

Fue durante ese periodo cuando dice que escribió el guión original de la película de culto My Sweet Dread dirigida por Perkins Cobb, aunque Cobb en persona lo ha negado. (“¿Wellon Freund?”, respondió cuando se le preguntó por el tema. “¿Quién es él?”).

A principios de los ochenta, usando el dinero que había conseguido con sus actividades extraliterarias, Freund invirtió en una granja de quinientos acres en el norte de Utah, un lugar en el que esperaba cultivar sus dos pasiones. Sin embargo, para entonces la marea ya había cambiado y una mañana, mientras Wellon se sentaba frente a su nueva Canon Typestar mirando sus cultivos, vio un avión federal volando bastante bajo y descargando miles y miles de litros de mata hierbas sobre sus amadas plantas.

En ese punto, Freund –que estaba a mitad de la frase de inicio de lo que pensaba que sería su obra maestra- se encontró incapaz de seguir y nunca fue capaz de escribir más que el primer párrafo.

Pasó un año intentando emular a Le Fanu, bebiendo galones de té verde antes de desayunar, pero descubrió que tenía efectos diuréticos y no alucinógenos. Intentó la misma adicción que Balzac, intentando superar al padre del realismo moliendo los granos y esnifándolos (lo que terminó con él en el hospital, no por una sobredosis de cafeína sino por un grano mal molido que se le instaló en una de sus narinas). Pasó a otras adicciones de moda en aquella época: las prescripciones médicas (el Percoset no le hacía más que dar sueño, el Prozac no le hacía nada), el sexo (una adicción sobrevalorada, decidió, después de contraer una enfermedad de trasmisión sexual bastante desagradable). Después volvió a las de la vieja escuela, el alcohol y las apuestas, pero lo único que consiguió fue perder la mayor parte de su fortuna y envenenar su hígado.

Nada, parecía, le iba a devolver la inspiración.

Ahora Wellon Freund lleva el pelo corto, es un republicano registrado y ya no cree que Oar de Skip Spence sea la obra maestra que él pensaba que era. Incontinente, en la ruina y asistiendo regularmente a diálisis (cuando puede recordar que tiene cita), ha estado años alejado de su Typestar.

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