Es lo Cotidiano

Asterión, el cómic [XVI]

José Luis Pescador

Asterión, el cómic [XVI]

La Balada de Asterión

Panel general. Vemos a las hordas de fanáticos tras Asterión. Vista del laberinto.

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.

Éste es un poema (¿o balada?, ¿sermón?) de Martin Niemöller.  

Aunque muchos dicen que dicen que es de un tal Bertolt Frederick Brecht, más famoso que el primero. Bertoldo tuvo la puntada (o el tino) de incluir el poema en una obra suya, luego, lo demás es lo de menos. ¿Plagio? ¿Homenaje?  Habría que preguntarle a Volpi qué opina al respecto.

Esta vez han venido por el minotauro. Nadie protestará por eso.

Ni nadie pedirá perdón. Y si lo hicieran, no serviría de nada. Como no sirve de nada que un papa pida perdón.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Esto es de Eduardo Galeano, de Las venas abiertas de América Latina.

Ambos poemas me han acompañado en estos años en el laberinto.

Hoy tienen sentido.

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