Es lo Cotidiano

Asterión, el cómic [XVIII]

José Luis Pescador

Asterión, el cómic [XVIII]

La balada de Asterión

Panel 01. Vista general. Vista particular. Vista cansada.

-ejem-

Panel 01. Vista General. Asterión de frente a un ser con cuerpo de toro y cabeza humana. 

El Minotauro, en un encuentro casual, tejido por el azar, quizá no del todo consciente de la importancia que aquel acontecimiento tendría para el devenir de su vida, se halló frente a frente –es un decir- con un ser que no podría ser más opuesto a él mismo: un toro con rostro humano.

Revolviendo los mitos, no encontramos testimonios orales o escritos que nos refieran la extraordinaria existencia de este ser cuadrúpedo, de bellas patas fuertes y toscas, complexión musculosa y ágil, con bello rostro humano, bello cuanto que lo humano nos es cercano, no porque lo sea efectivamente sino por su condición trágica de ser humano atrapado en el poderoso cuerpo de un toro. A simple vista nos parece difícil discernir si su existencia se debe a castigo de dioses juguetones y de diosas celosas, o es creación de alguna mente imaginativa y antisolemne de algún escritor, Mario Bellatín, por poner un ejemplo de escritor de historias deliciosas, maravillosamente contadas. ¿Serían buenos amigos si se dan tiempo de contarse sus respectivas soledades en el laberinto? ¿Son almas gemelas de alguna manera? Seres extraordinarios que guardan un lejano parentesco. 

Pues bien, el hombre-toro mira fijamente al toro-hombre, se refleja en sus pupilas dilatadas y tras unos segundos de contemplación, inflexible, gira el rostro hacia atrás. Nada hay que le interese menos. El destino –ese alcahuete- ha hecho su trabajo al oponerlos, al encontrarlos y, sin sorpresa, se aleja.

Asterión entonces, en lo más profundo de su ser, ha cambiado para siempre.

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