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Tres veces me enamoré de Revolver

Ralf Ortiz

Tres veces me enamoré de Revolver

Todos sabemos que Los Beatles llegaron a este continente en 1963. Lo que muchos de ustedes no saben es que yo nací en 1963. ¿Coincidencia?

Sí, porque ni me visitaron, ni me trajeron regalos ni nada así.

Pinches vatos.

Mis primeros acercamientos con los Beatles fueron unos sencillos de títulos muy mal traducidos. Yo la verdad quiero saber quién tradujo “I Wanna Hold Your Hand” como “Quiero estrechar tu mano.” Algún día se hará justicia, pero ese es otro tema.

Cuando eres un adolescente enamorado de la música, tienes epifanías constantes que llegan de todas partes, más aún en un ambiente musicalmente ecléctico como Los Ángeles, California, donde vivía. En un mismo día me enamoraba de un disco de Stevie Wonder por la mañana, y por la tarde de Electric Light Orchestra, por ejemplo.

Un día de verano, el 4 de julio de 1976, para ser exactos,  tuve una epifanía con los Beatles. Fuimos a una parrillada a casa de mi ídolo, mi tío Beto. Mi tío Beto, además de ser mi favorito, era un tipazo: paracaidista veterano de la guerra de Corea, apodado el Güero Aguirre, contaba historias divertidísimas que eran deliciosamente bilingües e interesantes. Ese día me invitó al garaje donde tenía un estéreo y un montón de discos de tango. Sacó tres discos y me dijo que eran para mí porque sabía que me gustaba la música y que acababa de comprar mi primer tocadiscos. Me regaló The Beatles’ Second Album, Rubber Soul y Revolver. Puso Rubber Soul en el estéreo y cantó algunas de sus canciones favoritas.

Mi tío Beto era mayor que mi madre y el único adulto de mi familia que era fan de los Beatles. Y si bien ya era mi favorito, ese hecho lo colocó en un lugar que nadie jamás podría ni ha vuelto a ocupar. Al llegar a casa por la noche, corrí a mi cuarto a tocar mis discos “nuevos” (aunque con señales de años de vida) en un tocadiscos portátil azul con blanco que ya había decorado con personajes de la  Marvel. Llegué a Revolver, escuché “Taxman” y no pasé de ahí. No sé cuántas veces la repetí. Nunca había escuchado nada igual a eso. NADA. Al día siguiente me enamoré de Revolver.

Al principio, nunca lo escuché de corrido. Ponía cada canción dos o tres veces seguidas. Hacía un poco de guitarra de aire en “Here, There and Everywhere”. Cantaba a todo volumen “Yellow Submarine”. Bailaba con “Doctor Robert”. Dedicaba mentalmente “Got To Get You Into My Life” a alguna chica de la escuela. Hacía mi ruta de periódicos cantando “She Said She Said”, porque es una excelente canción para pedalear tu bicicleta y lanzar periódicos doblados a las casas. Qué increíble que un disco que salió cuando tenía tres años fuera mi disco favorito a los trece.

En 1982, The Jam hizo un brillante homenaje a los Beatles con “Start!” Mis gustos punketos y new wave siempre me llevaban a los Beatles. Por esa canción regresé a Revolver completo, no sólo a “Taxman”. Ya con un Walkman y un estéreo más o menos respetable me grabé un cassette. Además le platiqué a mi primo Óscar del tributo sublime de The Jam. Él siempre se entusiasmaba con la música tanto como yo. Me pidió prestado Revolver. Aún lo tiene.

Hace poco, platicábamos y me lo dijo. También me prometió dos cosas; primero, que no lo vendería como había hecho con muchos de sus vinilos. Segundo, que me lo enviaría, pero creo que eso jamás va a suceder. Tiene varios discos míos; después de tantos años creo que ya son de él. La verdad, no me molesta saber que no voy a volverlos a ver. Me queda el confort de que al menos siempre los ha apreciado.

En mi Walkman reviví la maravilla que son Revolver y Rubber Soul. Viven juntos en mi corazón. En cassette me volví a enamorar de esos dos discos. Nunca les he puesto etiquetas. Son de esas canciones que son de uno, en ese cuadrado orden.

Cuando estuve plenamente consciente de que no habría más Beatles, mi botón enorme que decía We want The Beatles back ya no tenía sentido. Era parte de la Beatlemanía de ese tiempo. John ya había sido asesinado y no había nada más qué pedirles a los tres restantes. El cassette era, claro está, pura nostalgia. A finales de ese año regresamos a vivir a México. Escucharlo obsesivamente era también pensar en mi tío Beto, el Güero Aguirre. Y mientras caminaba por calles nuevas, seguía descubriendo música. Dejé de escuchar ciertas cosas, como ese cassette, pero sin dejar de sentir la conexión con quienes me importan tanto.

Por ahí de finales de los 90, me encontré Revolver en una tiendita de CDs que ya ni existe. Lo compré, pero no lo escuché de inmediato. Unos meses después de mi compra, preparaba mis discos en el estuche del Discman para irme a trabajar. Decidí tocar ese primero. Le di play y lo primero que escuché fue “Taxman”. Pensé en The Jam y en mi primo Óscar, pero principalmente extrañé mucho a mi tío cuando sonó “Here, There and Everywhere”; él había fallecido poco antes de eso. No repetí ninguna canción, escuché todo varias veces. Esa semana sólo escuché Revolver; canté, toqué guitarra de aire y bailé. Una vez más, me enamoré de todo el disco. Hasta hoy, cuarenta años después de haberlo conocido junto con Rubber Soul, Revolver es uno de mis discos favoritos.

No se lo he impuesto a mi hija de 12 años. A veces escucha algo y dice que le gusta, y yo me lleno de un calorcito en el alma. Pienso que cuando te enamoras de un disco, de quien sea, ese disco se queda en tu corazón. Yo me he enamorado de éste tres veces. Cuando escucho a Matthew Sweet cantar “She Said She Said”, siempre sonrío. Una de mis canciones predilectas de Earth Wind and Fire es su cover de “Got to Get You into My Life”.

No hay manera, ni ganas, de desprenderme de Revolver.

P.D.: Un día voy a escribir una conferencia que se titule “I'M ONLY SLEEPING, PUTOS… pero hice un cassette para unas amigas y uno de mis carnales”.

 

 

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Ralf Ortiz (San Luis Potosí, 1962) es doctor en cool, punk añejo, musicómano sin cura, entusiasta de la lucha libre y el futbol americano y escritor pop. Ha trabajado en la radio, es profesor de inglés, escritor de cuentos cortos y chef amateur.

Este texto es parte del no. 5 del fanzine La Trampa del Bulevar, que recopiló varios textos centrados en el 50 aniversario del álbum Revolver de los Beatles.

 

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