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01:21h. Sábado, 25 de Mayo de 2019

Reyes de Harlem [II]

Javier Morales i García

1934 fue el año clave. Nada menos que 19 títulos dejó grabados la orquesta en una única sesión del mes de julio para Okeh. Pero, sobre todo, 1934 fue el año de Ella Fitzgerald.

La historia de su descubrimiento forma parte de la leyenda del jazz. La ocupación primordial de la muchacha consistía por aquel entonces en cantar "Judy" de improviso cuando se suponía que había sido contratada para bailar. Frecuentaba los concursos para aficionados del Teatro Apolo y los ensayos de los jueves del Harlem Opera House. En uno de ellos la escucho Bardu Ali, el maestro de ceremonias y showman de la orquesta de Chick; cuando la aspirante a bailarina en el espectáculo que dirigía Tom Whaley comenzó a cantar la canción, Ali supo que le tenía que hablar de ella al jefe. La verdad es que ni Ella ni Chick parecieron entusiasmados con la idea e incluso mostraron cierta antipatía uno por el otro. Bardu Ali llamo a sus amigos Benny Carter y Tiny Bradshaw para que fueron ellos quienes convencieran a Chick, pero este seguía negándose a escuchar a una desconocida.

La tercera fue la vencida y Ali, cerrando cualquier posibilidad de escape al batería, le puso delante a la muchacha que cantó varias canciones y volvió a cantar delante del manager de la orquesta, Moe Gale. De resultas de todo aquella encerrona, Webb decidió ofrecerle un contrato para un único día con el mal disimulado animo de quitársela de encima. "Hey Moe, llévala a la actuación en Yale mañana por la noche y si consigue sobreponerse a lo que le griten esos niñatos se queda con nosotros..." Ella cantó aquella cancioncilla otra vez y a la semana ya era un miembro aceptado y fijo de la orquesta. En un principio, Ella hacia como si fuera un instrumentista más de la orquesta y su función consistía en sustituir al trompetista Taft Jordan en sus solos; cuando no interpretaba la melodía, a Ella le gustaba cantar las partes de los saxofones al unísono con ellos. El examen definitivo fue la primera actuación ya con Ella en el Savoy Ballroom y esos bailes jitterbug. Fue como si una chispa encendiera aquella relación y Chick y los suyos pasaron de ser una atracción de ámbito local a ser un éxito a lo largo y ancho del swing y su mundo.

Ella Fitzgerald nació en 1918 en Newport News, Virginia, pero creció a la sombra de los rascacielos de Nueva York. Concretamente es una chica de Yonkers, Nueva Jersey, al otro lado del río. Vivió allí sus primeros años con su madre, que mantenía a la familia con su trabajo en una lavandería, y con su padrastro, un portugués sin ingresos conocidos. Tímida y retraída, pasó su adolescencia con los típicos sueños de fama de las teenagers norteamericanas de clase baja, y que le acercaron al mundo del espectáculo, más concretamente al baile. Rechazada por falta de condiciones y talento en este terreno, fijó su sensibilidad en el canto, escuchando con admiración y sistema a las principales voces que difunden las emisoras de radio: sus favoritos eran los Hermanos Mills, Mamie Smith y, sobre todo, Connee Boswell, la solista de las hermanas Boswell. Connee fue su modelo. Curiosamente, la futura gran cantante negra va a inspirarse en un modelo blanco, pues Connee era de Nueva Orleans y  de educación musical clásica, aunque había bebido tanto del jazz como de Caruso, y lo que más le gusta a Ella de ella es su técnica fantástica y sus conocimientos musicales que le ayudan a improvisar, ese sentido para el blues y una notable exuberancia expresiva. Es además una arreglista muy moderna, con claros toques negros que encandilan a una Ella de 13 años de edad. Sólo dos años después murió su madre y Ella empezó a tentar a la suerte como cantante en concursos de aficionados.

En 1934 el Teatro Apolo de Harlem, uno de los principales centros de la música negra de la época, organizó los Amateur Night Shows a los que concurrían los cantantes como Ella, quien consiguió un notable éxito con su intervención. El resto es la leyenda que ya conoces…

Los promotores avispados pronto vieron la posibilidad de aumentar el atractivo de las orquestas con la incorporación de una figura femenina en su centro: la cantante vestida de noche en contraste con los uniformes de los chicos. Sus intervenciones musicales eran cortas y se limitaban a rellenar los espacios entre el colectivo y los solos, cantando los 32 compases del tema. No dejaba de ser una especie de elemento decorativo, ligero, femenino, diferenciándose de la supuesta seriedad de los músicos en sus atriles. Se les conocía como The Canaries (Los Canarios) y los directores de orquesta no sabían muy bien qué hacer con ellas, si darles más importancia o no, algo que se irían ganando por su talento, no solo con su cara bonita y una voz insinuante. Acabó triunfando la personalidad artística y el firme espíritu de lucha de personajes como Ella Fitzgerald, imponiendo poco a poco el tener un papel protagonista.

Aquel mismo 1934, la orquesta registró sus mejores números para Columbia, como "If Dreams Come True" (también editada como "When Dreams Come True"), que fue la melodía con la que comenzó mi pasión por Chick Webb y fue también la razón para adentrarme en aquel Harlem ya mítico. "Stompin' At  The Savoy" es el clásico que siempre tenía bises en el repertorio y también grabaron "Blue Lou". Las tres canciones fueron compuestas por Edgar Sampson, miembro de la orquesta. "Don't Be That Way" destaca por contener el primer coro solista de Chick Webb al final de un tema y la versión de "On The Sunny Side Of The Street" cuenta con unos solos de Taft Jordan muy al estilo de Pops Armstrong.

El 12 de junio de 1935, Ella Fitzgerald entró por primera vez en un estudio de grabación con la orquesta, registrando el número "Love And Kisses.” Una fecha histórica, sin duda.

Estas grabaciones (y el impacto sobre la audiencia que tuvo la incorporación de Ella Fitzgerald) colocaron el nombre de la orquesta muy alto en las listas de popularidad pero Webb, receloso por naturaleza ante el éxito y sin creer en todo aquello del swing, decidió apostar fuerte por Ella. Se convirtió en su tutor legal, le dio cobijo en su propia casa, le compró sus primeros trajes de noche y también le asignó a un músico joven dotado de un fino olfato como arreglista personal. Era Van Alexander. Chick Webb se transformó en una especie de segundo padre, como John Trueheart había hecho con él. Era el guía y el maestro que Ella necesitaba. Chick fue más allá de lo musical y llegó a confiar plenamente en la cantante.

Webb le enseñó a entrar, estar y moverse por el escenario. Pulió su estilo y expresión y le descubrió los primeros elementos del canto scat que le permitieron arrastrar a los bailarines a la pista de baile. La fórmula lleva a la orquesta a un éxito insospechado y el periodo culmina con la grabación de temas como "A Tisket, A Tasket", "Flat Floot Boogie" o "My Last Affair", que alcanzan unas cifras de ventas que se salen de lo normal para orquestas de swing.

Cultivaron temas rápidos, aptos para el fulgurante diálogo voz-batería, melodías sencillas, bien cortadas, servidas con una brillantez rítmica y que fueron aprendizajes ideales para ir adquiriendo oficio y prepararse poco a poco para tareas más difíciles y comprometidas como las baladas. El hecho de que la orquesta pasara a un segundo plano provocó la división de opiniones entre los músicos. Taft Jordan acogió las medidas con alivio ya que así evitaba las notas altas que tanto odiaba, pero el resto de los músicos, incluido el manager Moe Gale, abandonó la formación. Finalmente pudo rescatarse a Sandy Williams y a John Trueheart entre otros, pero las deserciones provocaron un impasse en las actividades hasta que, a comienzos de 1936, la nueva orquesta abandonó el Savoy para embarcarse en una interminable gira por los estados del Sur. Ya con Helen Dance como nuevo manager y con Ella Fitzgerald elegida como la primera swing singer por los lectores de la revista Downbeat, los éxitos en las listas sigueron llegando y los nuevos números fueron difundidos  través del programa Good Time Society de la cadena NBC: "I'll Chase The Blues Away", "A Little Bit Later On" y "Sing Me A Swing Song", uno de sus sellos, y la frase que mejor describe la producción completa de la unión musical de Ella y Chick.

Con todo esto, Chick Webb seguía siendo pesimista sobre el futuro de la orquesta y decidida a levantar su ánimo, la manager Helen Dance organizó un encuentro entre la orquesta del batería y la de Benny Goodman, que pasaba por ser la más famosa y contaba con solistas de la talla de Gene Krupa y Lionel Hampton. Aparte, esa sería la presentación del clarinetista en el uptown.

C O N T I N U A R Á

 

 

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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