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22:37h. Miércoles, 17 de julio de 2019

De algunas pesadillas

Andrés Baldíos

  1. ESTRATEGIA

Para librarse de un trauma ocasionado por una espantosa pesadilla cuyas sombras involucran algún lugar cercano o de proporciones únicamente conocidas en el sueño, sólo hay que llamar a tus mejores aliados para inutilizarlo, y una vez calmado, retornar a la vida de siempre.

Por ejemplo: si tienes una pesadilla donde te es imposible atravesar el umbral de un lugar al que solías ir de niño (algún terreno de tus familiares, una granja, un solar, una zona privada en la extensión de una sierra), invita a todos tus amigos ahí mismo ha pasar un fin de semana y permíteles la entrada a ellos primero. Irán de visita para prender todas las luces por ti, desempacar sin sospecha alguna de nada en absoluto y recorrer los rincones con la dicha de los turistas en un sitio anhelado, todo para que te des cuenta de que en realidad no hay nada en la oscuridad de tus desvaríos.

En el dado caso de que el experimento concluya torcidamente (es decir, que aquella indescifrable herida en tu pesadillas era nada menos que un presagio de ti mismo enloqueciendo y asesinando a tus propios invitados por motivos que los estudios concentrados en patologías aún desconocen), entonces otro gallo nos canta.

  1. LA HABITACIÓN PERFORADA

Eran pasadas las siete de la mañana. Había logrado dormir las ocho horas que tanto había anhelado desde hacía varios años, pues ya eran dos los que llevaba muerta de miedo, deseando jamás tener que volver a dormir. Un deseo que fue tornándose en necesidad a favor de su exhausta condición mental. Lo último que quería del entero día era llegar a su apartamento a dormir, porque sabía que si dormía, se vería en la trágica necesidad de soñarse en las peores circunstancias. Si dormía, mejor no despertar, todo menos abrir los ojos para verlo de nuevo.

El día traspasaba la cortina de su ventana e iluminaba perfectamente la habitación. Todos los rincones clarísimos: la tranquila luminosidad alcanzaba hasta las esquinas bajas; esa tenue iluminación mañanera en donde cualquiera se siente a salvo. Pero apenas había abierto los ojos… lo vio. Aquello era (a falta de expresiones o balbuceos tratando de atinar a las más escabrosas referencias del horror) el detalle más imponente de la consternación, la aberración más gráfica posible, el horror del horror en su estado más puramente incomparable, la manifestación absoluta de todos los males, el dominio de la más imperceptible malignidad vibratoria con una espantosa forma específica que a su vez no significaba nada. Era quizás la peor parte, el hecho de que contemplara aquello que no era nada sintiendo un pavor que de nada servía, que nada significaba.

(Parecía más un agujero negro de contorno espantosamente perfecto, un círculo llano coloreado con el negro más imposible fuera de cualquier percepción humana: el negro en sus más graves compresiones. Ya se han descrito todos los negros, pero aquel círculo retrataba más allá de una idea incompleta de la oscuridad absoluta).

Permaneció tendida en su cama mirando fijamente la cosa que flotaba tan inerte como nada justo en la esquina superior izquierda de la habitación. Aquí convendría no seguir describiendo nada, sólo que ya era segura y definitiva la despedida del sueño, del descanso.

En efecto, no volvería a dormir jamás de los jamases. Es más, parece que nunca regresó al mundo después de haber visto lo que pocos han visto del finito.

Probablemente vive pero ya no puede contarle nada a nadie.

  1. HORROR

Se levantó de la cama. Tomó un baño. Se puso los zapatos. Se colocó el saco. Se peinó. Salió a la calle. Tomó el autobús. Llegó al trabajo. Trabajó. Regresó a casa. Cenó. Se metió a la cama. Soñó algo. No lo recordará nunca. Llegó el día de paga. Todo bien. Regreso a casa. Salió a hacer las compras. Regresó a casa. Le encandiló un poste de luz. Terminaron las lluvias. Llegó el verano. Tomó vacaciones. Sonrió un par de veces. Suspiró una docena de veces. Es la costumbre. Llegó de vacacionar. Regresó a casa. Cenó. Se acostó temprano. Soñó. No lo recordará nunca. Vivirá para contarlo. Se levanta de la cama. Toma un baño. Se pone los zapatos. Se coloca otra cosa. Vaya, vaya. Se peina para salir a la calle. Hay cadencia en la llegada del otoño. Vivirá para ignorarla. Soñará cuando regrese a casa.

Y así sucesivamente…

  1. DESESPERACIÓN

El barco, por motivos que la desesperación me ha hecho olvidar, explotó hace menos de una hora. Mientras demasiados mueren en la hoguera flotante, otros demasiados mueren ahogados. Y mientras cada una de las víctimas se ocupa en su respectiva tarea de sobrevivir, mi familia y yo nos aislamos de tan brutal loquera nadando hacia unos tablones que flotan con descocada tranquilidad a unos metros del siniestro. La melodía del mar prosigue en tintineos, los salvajes salpicones de quienes mueren apenas afectan el movimiento de aquel punto inespecífico de su infinito.

Mi familia y yo nos alejamos poco a poco, sin mirar atrás, al ritmo aturdido de nuestros pataleos empujándonos hacia una huida inútil. Tarde o temprano nos vamos a ahogar.

En el transcurso de tan espantoso momento, cada uno de nosotros decimos lo mucho que nos amamos y que, pase lo que pase, nos habremos de reunir en un lugar lejos de ahí.

Ya comenzamos a agotarnos cuando un par de aletas dorsales emergen a la superficie para confirmar nuestra imposibilidad de salvación. Ahora son cinco. Luego son siete. Los rostros de mis hermanos lucen tan dolientes que me hacen renunciar a todo esfuerzo por intentar ayudarlos. El rostro de mi madre luce tan sosegada que un fuerte arranque de horror me aviva para esquivar a los monstruos que ya han comenzado a devorarnos. El rostro de mi padre luce tan resignado que jamás lo olvidaré.

A lo lejos se divisa una costa. Ya puedo ver una ciudadela demacrada que nos aguarda con tranquilidad.

Mi madre habla por última vez. Allá está, dice, tú ya casi llegas. Dios te bendiga, dice. Mis hermanos flotan en pedazos. Los tablones flotan en pedazos. Ya casi terminan con mi padre. La mitad de mi madre se ha hundido con lo que queda de mis hermanos. El ver su torso incompleto me ratifica lo sencillo que es desbaratarnos. Se deja hundir por mi bien, para que ya no sufra viéndola dispersarse. Como toda buena madre, me protege hasta de la imagen de su mutilación.

Yo sigo pataleando… El mar ha disuelto mis lágrimas… Y mi dolor es lo peor que pueda imaginarse…

Llego a la costa. Me arrastro dejando trozos de mi pierna izquierda tras de mí. Varias personas me reciben en la supervivencia con expresiones atónitas y un silencio que exige una explicación. No estoy listo para hacerlo, pero deberé contarles lo que pasó…

  1. GIRONE DELL’INFERNO O UN NIÑO ABRE SU CLÓSET EN LA NOCHE

No sólo encontrarás ese suéter peludo y colmilludo. No, no. También la pantera, el león y el lobo que alguna vez acosaron a aquel viejo poeta saltarán desde los zapatos para rasgarte las ganas de dormir. El revés de las suelas será el entorno de Malebolgia y ahí se expandirán las revueltas macabronas hasta los muros del zapato. Las agujetas se volverán serpientes y se retorcerán entre que se canta la canción de cuna, se reza el padrenuestro y caducan los besos de mami.

Tus camisitas colgadas serán torsos enganchados en pequeñas anclas, sangrientos y oscuros. El saquito de tu escuela es el más completo de los cuerpos, partido en dos, tripitas de tus visiones ensalzando el oscuro espacio.

En las esquinillas habrá tarántulas protestando por la oscuridad con el silencio, con la saliva y el sonar de la ausencia en sus entrañas y racimos de ojos; sus telas amontonadas te recordarán las legañas de cuando no puedes evitar quedarte despierto. Revolotearán los entresijos como avechuchos enclenques y pútridos, escupiendo negruras y juegos de luces para que prosigas con tú insomnio y solloces inútilmente.

Los besos de mami ya se han ido. Tus mejillas apestan a abandono.

Las pelusas serán tan diversas como tus juguetes. Todas tendrán las formas más indeseables para el colmo de tu angustia. Ésta de aquí es una alimaña rebotando con vueltas tembleques mientras se aproxima a la cabecera de tu cama; ésta de acá es una especie de alacrán afelpado que sobrevuela tus pestañas; ésa de allá una turbulenta bestia que se desliza con el silencioso acecho de los pedófilos; ésas de ahí son tan desfiguradas como los regaños que sufriste el día de ayer…

Debajo de la cama sólo espera lo que menos imaginas…

Ahora el listado de más horrores por venir. Todavía rondará un largo tiempo antes del ansiado amanecer; todavía no te dejaremos gritar… primero mira atrás de ti…

***

Andrés Baldíos es escritor. Los primeros peldaños son peligrosos, su hasta ahora primer libro de cuentos, fue editado en 2012 por San Roque.

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