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17:17h. Sábado, 25 de Mayo de 2019

La bendición del terror: Top 12 de episodios de “¿Le temes a la oscuridad?”

Rafael Cisneros

Es irresistible hablar del terror para algunos de nosotros. Desde luego que el cliché de las atmósferas festivas afectan, pero se consideran con tanto cariño que pareciera ser más un reencuentro con las predilecciones que un efecto especial de festividades próximas. Desde niño amo el terror. Adoro el terror. Es una fuerte satisfacción la adrenalina del espanto. Mientras otros prefieren arrojarse del bonji o a miles de kilómetros de altura desde la avioneta, otros nos buscamos emociones un tanto más lejanas de la muerte en aspecto físico, pero sí más cercanos a la demencia y a la intranquilidad cotidianas. Mientras el deporte te extrae una maravillosa catársis de pulsaciones inmediatas, el terror te va adentrando a lo inquietante, arrebatándote desde el apetito hasta el sueño, y del sueño a la seguridad de andar en un mundo donde podrían ocurrir semejantes males, donde el peor enemigo bien pudiera rayar entre lo sobrenatural y el inevitable hecho de la locura humana. Así pues, de niño me nutrí con las colecciones de Escalofríos, esas célebres novelitas de R. L. Stine, quien fue de las personas que hicieron mi infancia. Uno de mis más grandes y viejos amigos, Andrés Baldíos, quien también escribe entre nosotros en Tachas, era igualmente admirador, y ambos nos hacíamos de campamentillos en el cuarto con sábanas y muebles para intentar inventarnos los mejores horrores. Esto resultó ser una etapa totalmente clave para nuestras predilecciones. Mientras que el Andrecillo le tira a la tentativa de contar las historias, yo intento hablar de ellas. Esta fascinación por el terror nutren al intelecto en modos insospechados: astucia, estrategia, unidad, coherencia, creencia, incluso perseverancia, adaptación, actitud. La fascinación del terror nos brinda la capacidad de actuar ante dificultades que, en momentos correctos para ellas, nos resultarían horribles o lejanos a nuestras manos, y de este modo encontrar un sentido de resolución, búsqueda o, en el peor de los casos, la conclusión del misterio eterno. Por fortuna el terror es aplicable tanto a modos terapéuticos y medicinales como prácticos y fisiológicos. Es cierto que todos tenemos tendencias psicópatas, no es ni exageración ni fiera confesión, por el contrario, es una manera accesible de poner cartas sobre la mesa y hacer revisión de lo que somos capaces, cuáles son nuestras peores límites, los puntos más bajos a los que podemos manifestar destrucción. De este interés nacen géneros y subgéneros de exploración, creando así las mejores historias de horror a nuestro placer.

Otro de los tótems que marcaron mi infancia fue ¿Le Temes a la Oscuridad?, ese programa en Nickelodeon donde varios chicos se juntaban en una fogata a contar historias de terror. Era grandioso, más que excelentes tiempos, perfectos en expectativas y constructivos en imaginación. Si echaran actualmente un vistazo a estos episodios, probablemente su pedante crítico en la arcilla de la oreja y el moho de sus cabecillas predispuestas arrasaría con sus montones de fallas, o lo consideraría un producto netamente adorable por su nostalgia e intenciones. Hasta la fecha, luego de veintiocho años de descubrir las más increíbles, horripilantes, atroces y vomitivas películas que puede ofrecer el terror, enuncio con toda la crítica y consciencia que pueda tener: son hermosos ejemplos de la narrativa fantástica, la mejor aproximación al terror, algo que el niño puede absorber con gratísimo sentido de aventura, el joven puede observar con cierto sentido de inspiración, y el adulto puede apreciar como un perfecto primer vistazo a las variaciones del género. He aquí, finalmente, un breve top 12 de los episodios que más dejaron impresiones en mí, y que hasta la fecha los disfruto con todo y cobija tapándome la espalda. Si bien no aterran, divierten muchísimo, entre pésimas actuaciones y chuscos desarrollos, se desenvuelven a unísono fuertes actuaciones de niños que en su momento prometieron y cumplieron, así como tecnicismos impecables para contar la historia. Have fun!

12. El relato de la bicicleta roja

Un niño pierde la vida cuando cae a un río. Su mejor amigo, traumatizado por el suceso, debe afrontar la aparición del fallecido que deambula con la misma bicicleta roja con la que murió. ¿Intenta espantarlo por no haberlo salvado… o tiene algo sumamente importante qué decirle? Este episodio resulta memorable por dos factores que, siendo primordiales, repercuten tan accesiblemente en nuestras emociones: 1) el irreparable recuerdo de la pérdida, y 2) la posibilidad de confrontar esta pérdida con alguna acción que determine si el recuerdo persiste con temor, o con debida melancolía. De principio a fin, el episodio conmueve al borde de la ansiedad, haciendo de este un episodio lo suficientemente emocional como para volver a él en honor a quienes hemos perdido, si no con la muerte, con el inexorable correr del tiempo (diría Yiyun Li).

11. El relato del turno nocturno

Como a muchos, los hospitales me exasperan. De todos los limbos existentes, entre las centrales de autobús y los aeropuertos, el hospital es el más inquietante, ya que las esperas dentro de sus interminables corredores y sofocantes salas son bastante más angustiosas que aguardar un vuelo: sanar o morir, mejorar o vegetar. Las combinaciones siempre generan tan fuerte ansiedad, que sólo falta agregar el problema de lo sobrenatural para darle un terror mucho más escandaloso. Este episodio es también conocido por tener el mejor jumpscare de la serie. Échen un vistazo y a ver qué pasa.

10. El relato del fantasma solitario

Considerado en algunos blogs como el episodio más aterrador de la serie, sin duda los detalles decorativos y el desarrollo de la historia son lo bastante tétricos como para generar un recuerdo terrible. La historia de una niñita fantasma, atrapada en el espejo de una casa abandonada, se transforma en la angustiosa búsqueda por resolver un pasado tormentoso. La niña saliendo del espejo y haciendo entrega de un collar en una habitación pintarrajeada de auxilios es de las imágenes más aterradores que vivimos los niños creciendo a plena década de los 90.

9. El relato del pinball wizard

¡Pinball Wizard!, gritaba Homero Simpson a los Who. ¡El relato del Pinball Wizard!, gritaba yo de niño a quien pudiera recomendar el programa. Uno de los mejores episodios, hizo que varios de nosotros soñáramos con vivir una aventura parecida… y luego arrepentirnos con los ojos saltándose de horror.

8. El relato del fantasma friolento

Melissa Joan Hart hace una estelar aparición como la niñera del insoportable niño protagonista, y si bien a muchos nos resultaba simpática en Sabrina y Clarissa, confirmamos que realmente la actuación nunca fue su fuerte. Pero nada de esto importa mucho cuando la aparición del fantasma nos perturba con una de esas frases expresadas por entidades como la Llorona: “Tengo frío. Tengo frío.”

En efecto, el episodio nos brinda los escalofríos suficientes para darnos ese frío en la espalda. Sugiero no mirar por la ventana a plena noche si escuchan a alguien quejarse del frío. Las tías me resultan bastante agradables, y me recuerdan hasta cierto punto unas vecinas que alguna vez tuvimos cuando era niño.

7. El relato de la cabalgata a medianoche

Esta historia retoma la leyenda del Jinete Sin Cabeza con gratísima pulcritud. La desprotección que produce el bosque y el sólo hecho de que ahí descansa en paz la vieja leyenda del descabezado, es totalmente efectiva. Aún si no produce temor, sí logra interés inmediato en las escenas de acción. El jinete luce sensacional, las persecusiones tienen la ansiedad esperada y las circunstancias son bastante plausibles para que el percance ocurra con fluidez. Excelente episodio inspirado en una de las más apreciadas leyendas del mundo. Como plus, la chica protagonista, si no es lo suficientemente buena actriz, es bastante bonita, esa belleza campirana y sin maquillaje alguno que nos ofrecían los 90.

6. El relato del asistente del mago

Si bien el muchacho protagonista no ofrece una actuación a la altura de las circunstancias, puedo decir que este episodio tuvo tal efecto en mí, que viví una larga época con pavor a las personas que se me aproximaran de frente. Hay una escena en el desenlace donde el villano se revela de forma tan aterradora que, aún estando con todas las cobijas de la casa sobre mí, me sentía desprotegido. Aunque la familiaridad del villano con Palpatine en su forma de Darth Sidius pudiera distraer a los starwarsianos, su presencia resulta lo suficientemente aterradora como para provocarle al niño su debido insomnio. Las reglas de la magia son absolutamente brillantes, uno de los grandes diálogos de la serie.

5. El relato del bosque del vigía

Si hay algo que amo de este mundo son sus sierras, sus bosques, sus reservas naturales, no hay gran ciudad que compita con las salvajes ambientaciones de los bosques. El cariño que guardo por este episodio incluye esta predilección además de una impecable atmósfera de hostilidad. Por ahí (muy nerdo yo) del minuto 9:49, hay un momento donde la música se torna especialmente aterradora, brindando una desoladora desesperación que sentimos en los primeros instantes donde no queremos aceptar la situación. El Vigía, “el demonio de protege el bosque”, hace una de las apariciones más traumáticas de la serie, casi a lo Cannibal Holocaust, luciéndose como una cadáver putrefacto que sorprende a una de las protagonistas. De ambas chicas, Jewel Staite se lleva su Oscarín de bronce por actriz prometedora, quien haría guapísimas apariciones en series de la década pasada como Firefly y Stargate Atlantis. La tríada de viejas sanguinarias también se lucen como villanas accidentales, con la posibilidad de escapar de su propia leyenda al tiempo que las dos niñas hacen todo por salir con vida.

4. El relato del apartamento 214

Este episodio me dio tal grado de pavor que aún pensando en él, a plena luz, me cuesta trabajo describir el espantoso desenlace. Con una historia bastante sencilla: una niña y su madre a pleno divorcio se van a vivir a unos viejos departamentos. La niña conoce a una ancianita quien no le pide nada más que una visita de vez en cuando, creando un lazo que, en el menor descuido, desata el pánico de un antiguo recuerdo. La anciana llorando en plena oscuridad de la habitación, en reclamo de su promesa, es también una imagen que hasta la fecha me produce la angustia necesaria para matarme de miedo.

3. El relato de la niñera literaria

Este episodio es una locura. Con ciertos momentos de total confusión y varios fantasmas producidos sólo por la mente de alguien como Anna Varney de Sopor Aeternus, la historia de una niñera que difunde la lectura a sus niños se torna en un riesgo de excelencia fantástica. Si bien las actuaciones tampoco van muy acorde a las circunstancias, en sí las apariciones y ambientaciones son de pesadilla. Otra de esas imágenes para toda la vida: el fantasma en el pasillo. Holy fuck! Ese jodido fantasma en el pasillo es simplemente espantoso. Es una figura que hasta cierto punto nos presenta la locura de la desolación, con el rostro alargado de una demencia que contagia a quien se topa con él.

2. El relato del fabricante de muñecas (aka. The Dollmaker)

Un episodio, a mi parecer, completísimo. Actuaciones, historia, desarrollo, algo que Neil Gaiman desearía tener en su haber de invenciones, tan impecable episodio que la astucia de su edición y sus humildes efectos especiales le brindan una valía de clásico; al menos un clásico de la misma serie. De una tristeza que consume el color y reseca las circunstancias, The Dollmaker brinda la extraña satisfacción de haber hallado un momento de calidad con el terror.

MENCIONES HONORÍFICAS

  • El Relato de la Incubación
  • El Relato del Payaso Carmesí
  • El Relato del Viejo Córcoran
  • El Relato del Horrible Sonriente
  • El Relato de la Risa en la Oscuridad
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1. El relato de la locura de medianoche

Una carta de amor al cine, así de simple. En definitiva, mi episodio favorito de ¿Le Temes a La Oscuridad? Podría enunciarle todos los elogios, pero será mejor que le echen el debido vistazo.

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Rafael Cisneros
(León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

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