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22:38h. Miércoles, 17 de julio de 2019

El Diccionario Biográfico del Fracaso Literario

Peter Trabhk

C.D. Rose (Traducción de José Luis Justes Amador

Cada ciudad debería tener su propio escritor. Dublín tiene a Joyce, Praga tiene a Kafka, Buenos Aires pertenece a Borges, Londres a Dickens y Nueva York a… que cada uno se arriesgue. Algunas ciudades, sin embargo, permanecen, tristemente, sin escritores. Manchester, por ejemplo, ha intentado reclamar a Anthony Burgess sin éxito ni motivo. Nacer en un sitio no es motivo suficiente.

Hay muchas ciudades en el mundo que, tristemente, permanecen huérfanas.

Tomemos, por ejemplo, la ciudad de Bzyzhzh. Un lugar poco conocido, limpio pero en el poco cómodo espacio de la frontera entre Polonia, la República Checa y Alemania, la ciudad (se denomina ciudad aunque tiene poco menos de cincuenta mil habitantes) ha intentado dedicarse a sus propios asuntos a pesar de la turbulenta historia de un milenio que conlleva innumerables invasiones, bastantes cambios de nombre y la pertenencia a distintos países.

Mientras que nos apena que la ciudad no tenga un escritor, también nos apena que haya un escritor sin ciudad. Un hombre así fue Peter Trabzhk. Trabzhk nació sin raíces, hijo de una madre italiana y de un padre alemán, granjeros fallidos y agricultores itinerantes en Argentina. Habiendo pasado gran parte de su infancia viajando por el enorme país, se ganó la vida como tenedor de libros y cuando tuvo veintisiete decidió que ya había ahorrado lo suficiente como para viajar de vuelta a su país natal y descubrir las raíces que no sabía que tenía.

Nunca encontró sus raíces, a causa de una larga historia que conlleva un mapa anticuado y un dominio inexistente de ninguno de los idiomas que necesitaba en sus viajes. De hecho, cómo terminó en Bzyzhzh es algo que sigue sin saberse. Es posible, asumimos, que se sintiera atraído al lugar simplemente por lo complicado del nombre que le recordaba a su propio intricado ortográficamente apellido.

A pesar de eso, llegó en 1972, sin saber que era seguido por espías de cuatro países diferentes. Le gustó, y aunque nunca antes había escrito ni una sola palabra en su vida decidió hacerse escritor y contar la historia de Bzyzhzh.

Una historia completa llevaría, obviamente, bastante más de lo que un joven escritor estaría dispuesto a esperar, por eso comenzó con una serie de poemas breves, inspirados en la tediosa Spoon River Anthology de Edgar Lee Masters, una copia del cual había conseguido viajando por Italia, país en el que, inexplicablemente, continúa siendo popular. El periódico local se interesó y publicó unos cuantos en su “Rincón de la Poesía”, pero apenas encontró a nadie que se interesara.

Siguió adelante y, esta vez inspirado por Dublineses (una copia checa que alguien le tradujo de viva voz en un bar), escribió una serie de cuentos que trascurrían todos en Bzyzhzh con personajes que había conocido en su estancia en la ciudad. Fue demandado por difamación y se destruyeron todos los manuscritos.

Sin desanimarse, continuó y paso muchos más años en la ciudad, tiempo durante el que trabajó asiduamente en lo que creía que sería su obra maestra, una épica de novecientas páginas que contara toda la historia de la ciudad. Aún así seguía sin encontrarse cómodo con los muchos idiomas que luchaban por su espacio en Bzyzhzh. El gran error de Trabzhk fue escribir el libro en su español nativo, que nadie hablaba en la ciudad poliglota. Si alguien hubiera sido capaz de leer La ciudad de los tres ríos, Bzyzhzh podría haber estado hoy en las guías para los turistas literarios. Quizá, sin embargo, nunca quiso estar.

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