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11:06h. Miércoles, 22 de Mayo de 2019

La entrañable presencia

Rosa María Balderas


Las razones por las que duele la muerte de Fidel para quienes nunca en la vida lo vimos en persona, pueden ser diversas, en mi caso, porque encarnaba en mi imaginación adolescente la rebeldía y la belleza masculina, el ideal revolucionario, la bandera contra "el imperialismo yanqui", aunque ni por equivocación supiera entonces lo que rayos fuera eso, pero sonaba bien la frase a la hora de hacer recuento común de enemigos -creíamos- imaginarios , a la hora de creernos guerrilleros, de sentirnos lejanos de frivolidades y buenas conciencias; de cantar a voz en cuello a San Silvio.

Luego con la adultez abrupta, que no acaba de cuajar ya casi en el quinto piso y con prácticamente todos los sueños tronados en sonoros plops, por lo menos Fidel seguía ahí, tan real y viejo como la maldita realidad y vejez suelen ser, pero ahí estaba, resistiendo a ese imperio ahora sí comprendido en su magnitud, bueno, es un decir, porque los ruines alcances de quienes se autoproclaman los mejores del mundo aún están por conocerse.

Ahora que parece que viene lo peor, se ha ido Fidel y se enseñorean las y los canallas, ganan los malos, caen los ideales, se "ceban" los cohetes, hay jóvenes en Miami celebrando la muerte de un hombre que no podrán, qué pena, entender jamás; un hombre de muchos, muchos errores y al que aun así no le llegan a los talones los líderes de pacotilla, los tecnócratas, los burócratas de la política, los convenencieros, los tibios, los lamebotas, los mediocres.

Duele porque se va con su muerte un sueño soñado por muchos, porque ya Fidel no era sólo un hombre sino, junto con el Che y Camilo Cienfuegos, un símbolo para una generación de jóvenes que creían, una camada de hoy viejos que siguen pensando que no hay otros caminos que empuñar un fusil y ganar, o morir de pie antes que vivir de rodillas. También para una generación de adultos que intuimos que la libertad y la pasión eran la respuesta.

Duele la muerte del hombre pero damos la bienvenida al mito, porque por fortuna hay quienes no mueren, hay quienes son "hasta siempre". Pero hoy, en este momento, sólo hay frío y tristeza. Que me habiten pues en este día. Está bien, no me resisto. 

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