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01:22h. Sábado, 25 de Mayo de 2019

Hasta siempre, Comandante

Víctor Hugo Pérez Nieto

El viernes 25 de noviembre, llegué demorado a la ciudad de Guadalajara para asistir a la inauguración de la FIL; el motivo de mi retraso fue un accidente vial a la salida de Tanhuato, a sólo 5 kilómetros del entronque de la autopista, donde un tracto camión quedó atravesado patas arriba por más de tres horas. Al llegar a la capital de Jalisco, casi a media noche, me enteré de una noticia que me ocasionó emociones encontradas:

"El líder histórico de la Revolución cubana falleció en la noche del viernes, 25 de noviembre, a las 22.29 horas, y sus restos serán cremados, atendiendo su voluntad expresa", leí en un portal de noticias que acostumbro revisar antes de dormir, ya que evito ver los nos noticiosos nacionales, no vaya a ser que se me pegue una mala enfermedad en la materia gris.

El triunfo de Trump, acompañado ahora de la muerte del líder indiscutible de Cuba, a pesar de tener casi 10 años de no estar en funciones, rompe el equilibrio de fuerzas mundial, por lo menos en el terreno ideológico, luego de la crisis humanitaria por la escasez en Venezuela y el fracaso de Dilma Rousseff en Brasil. Cuando las izquierdas parecían resurgir hace 2 décadas con el EZLN en América del Norte y las Repúblicas Bolivarianas y el neoperonismo en el sur, hoy parecen perder nuevamente terreno.

A pesar de que mi Alma mater (el Primitivo Colegio de San Nicolás) es un recinto donde se conjuntan todas las corrientes asociadas al marxismo, yo siempre me he considerado un hombre de ideas compatibles con la socialdemocracia, que a mi juicio incorpora lo más rescatable de la izquierda y la derecha, para meterlo en una batidora que une a la pequeña burguesía democrática con la clase obrera socialista, logrando una economía mixta controlada democráticamente. Principalmente me cautiva el sistema colectivista que deja a cargo la gestión, la administración y las utilidades de una empresa a quienes la trabajan, y no en manos de la burocracia de Estado ni en las garras del capitalismo rapaz. A mi juicio eso significa justicia social, no el control del Estado sobre los medios de producción y la repartición salomónica del usufructo con quienes no son productivos, ni la doctrina neoliberal de que, beneficiando a la clases altas, los bienes y el capital fluirán en cascada hacia abajo, a las clases menos favorecidas (ya hemos comprobado que no es así).

¿El comandante Fidel Castro fue un convencido marxista? Sin duda. ¿Me hubiese gustado ver a México en el lugar de Cuba, a pesar de los avances de la isla en educación, salud y justicia social? Como ciudadano de clase media, evidentemente no, pero hay algo que nadie podrá poner en tela de juicio sobre Fidel: fue un hombre de convicciones firmes, que luchó por lo que consideró conveniente para su pueblo, al cual liberó del cinismo imperialista escudado en la tiranía de Fulgencio Batista. Como dijo el son montuno: “Y en eso llegó Fidel. Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”.

Para Estados Unidos es “fáctico” cualquier gobierno que amenace su monopolio del poder, atendiendo las necesidades del pueblo en contra de los intereses del imperio. Sabe el Gigante de América que la organización social constituye naciones libres, cuando las estructuras populares movilizan a las personas y redistribuyen la riqueza como ocurrió en Cuba. Su parte del pastel disminuye considerablemente. Tan simple como una división. De ahí el rencor del mundo capitalista y sus medios de comunicación hacia Castro. De cualquier manera, el principio simpatía-antipatía es un antiprincipio, porque no se funda en nada que sea universal, sólo en un antojo personal. Cuando un grupo odia determinada conducta porque no le es conveniente o simpática, criticará con exagerada desproporción sus efectos negativos.

A pesar que no compartamos la filosofía comunista, todos los que tenemos una formación de centro izquierda, e incluso algunos de la derecha moderada, de un modo u otro nos sentimos atribulados por la ausencia del Comandante. En lo personal, tanto a él como a Ernesto Guevara los sigo teniendo como paradigmas de la emancipación (no niego en la juventud haber sido un marxista consumado, tal vez por eso mi enorme respeto y simpatía, que como ya expliqué, es algo muy personal).

¿Estaban equivocados sus ideales? Tal vez. Su forma de vencer, jamás.

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