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Los símbolos no mueren

Eduardo Celaya Díaz

Los símbolos no mueren

La noticia, por más que fuera de esperarse, no dejó de sorprender. Murió Fidel Castro. Y es fácil pensar inmediatamente los lugares comunes, “murió el comunismo”, “el último gran personaje del siglo XX”. Hay quienes incluso, en esa tan odiosa opinología de las redes sociales, han entrado a un nutrido debate sobre por qué la muerte de Fidel deja la puerta abierta para hablar de sus grandes y monstruosas atrocidades.

Lo que es cierto es que la influencia de Fidel Castro, así como del comunismo real, arraigado en la política, ya era débil. No es de extrañarse que el contacto EU-Cuba tenga ya varios meses, y que un viaje de placer a Cuba sea cada vez más un plan de las jóvenes élites de “millennials”. Pero algo es claro, los símbolos no mueren, más bien se hacen más fuertes con la muerte del cascarón que alguno ha señalado como la prisión del alma. Fidel Castro fue, y seguirá siendo, ese personaje que logró imponerse, llevar a la realidad el sueño de muchos marxistas, implantar el comunismo como régimen político, y no sólo eso (que ya es bastante decir), sino que resistió los embates de una ideología consumista, arrolladora, que cada vez es más agresiva. Ni los numerosos intentos de asesinato, ni la opinión pública en Cuba, ni el embargo económico doblegaron los ideales de un revolucionario del siglo XX, ese siglo tan desastrozo y ambivalente, por donde se le quiera observar.

Decía Hobsbawm que el siglo XX comenzó en 1914 y terminó en 1989. No podría estar más de acuerdo. La polarización del mundo fue un fenómeno que abarcó todos los campos de la vida cotidiana, y aun hoy es común escuchar opiniones negativas de la ideología de izquierda (de verdadera izquierda, no nos hagamos tontos, esa que hace tanta falta en nuestro país). Fue tal el impacto de la ideología capitalista, que tomamos como normal el pensamiento consumista, y tan aberrante ese pensar en el comunismo como la misma manifestación de Satanás. Pues bien, antes de opinar sería buena idea dar una buena revisada a lo que es realmente el comunismo, el socialismo, el anarquismo, el sindicalismo, porque vamos, ni por asomo son lo mismo, y de paso, poner un freno a esa tan aberrante opinología que inunda nuestras pantallas y nos impulsa a teclear creyendo tener la absoluta razón.

Pues sí, Fidel Castro, es una realidad. Y es cierto también, sorpresa o no, era algo que muchos ya esperaban. Pero sería una buena oportunidad para entender qué es realmente lo que murió, no apenas, sino de unos años para acá. Proclamarse de izquierda es una bandera que incluso puede parecer “progresista”, cuando lo único que queremos es llamar la atención. No perdamos el tiempo en juicios de valor basados en ideologías de las que ni siquiera fuimos parte, que son importadas en su totalidad, con su respectiva tropicalización. Murió Fidel Castro, y hoy, más que nada, ante el agresivo surgimiento de un populismo de derecha, ante las violentas embestidas del conservadurismo (que agárrense, apenas empieza), y ante el pretendido derecho de abrir la boca, escudados en una malentendida democracia, es un tiempo perfecto para revisar qué es eso que tanto desdeñamos, y de lo que creemos saber.

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Eduardo Celaya Díaz
(Ciudad de México, 1984) es actor teatral, dramaturgo e historiador. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos históricos.

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