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Sonidos alternos: FIAC y AURAL

Fernando Cuevas de la Garza

Sonidos alternos: FIAC y AURAL

Un par de festivales coincidieron en nuestro país con sendas propuestas que buscan acercarnos a expresiones artísticas alejadas de los grandes reflectores. Se ausentaron pero ya están de regreso en sus respectivos nichos.

EL FIAC EN LEÓN

El error y el fallo como materia prima para reconvertirla en arte impensado. Si la ciencia avanza con base en las equivocaciones, el arte ensancha fronteras aprovechando los cabos sueltos y los caprichos de algún elemento del sistema: paradójicamente, esa ruptura abona a la singularidad de la entidad, más allá de afectarla negativamente, y la convierte en una realidad distintiva. Desde luego, dependemos del entramado subjetivo y de la perspectiva de quien aprecia para que así ocurra.

Algunos de los sonidos que acompañaron la celebración del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de León, ahora que está de regreso, como reclamando su lugar en una tradición que parecía desplazada, muy a tono con la concepción temática que presenta cual esperada anomalía que resquebraja la apabullante normalidad.

Emika: voz en electrónicas penumbras

Con sangre checa corriendo por sus venas, la artista inglesa Ema Jolly (1986), conocida en los circuitos de la electrónica como Emika, se trasladó a Berlín después de estudiar al respecto de los vínculos entre la música y las tecnologías informáticas. Tras algunos sencillos, debutó con Emika (2011), en donde plasmó su estética glitch, aprovechando sonidos erráticos puestos en orden por la vocal, poblando el ambiente de ecos fantasmales en cadencia sincopada con lances clasicistas, como si estuviéramos en una película de miedo en la que nunca se revela la verdadera causa de nuestro temores.

DVA (2103), que significa dos en checo, representó una natural continuidad a sus intereses sonoros, introduciéndose en la diversa selva del dubstep con esas reiteraciones que van poniendo los pelos de punta sin que nos demos cuenta, gracias al hipnotismo de una vocal nebulosa de pronto queriéndose operística,. Una derivado de esta obra y recurriendo a la música clásica, en particular a la influencia de su compatriota Leoš Janáček, grabó en clave instrumental pianística Klavírní (2015), con piezas nombradas como Dilo y secuenciadas del 4 al 16, buscando crear una sensación de continuidad que intenta regresar una y otra vez.

Con su siguiente álbum, titulado sintéticamente Drei (2015), la cantante y compositora, bien armada con su laptop y su inventiva para recrear un sonido que suena familiar, sobre todo si pensamos en el tecno y el dark ochentero, volvió a levantar su cautivante y versátil voz, que igual se ajusta a esquema de pop sintético que a lúgubres atmósferas donde predominan las líneas de bajo con exceso de calorías. Ahora sabemos que las fallas también pueden ser amigables y, mejor aún, evocativas.

Jasmine: ambientes a la distancia

Con su álbum Yellow Bell (2015), de carácter introspectivo y conformado por una mezcla de sonidos aleatorios y edición expansiva, la artista Jasmine Guffond (1972), originaria de Sidney y afincada en Berlín, propone un entorno exigente y a la vez irresistible para el escucha con capacidades para adentrarse por texturas en principio inescrutables pero paulatinamente clarificadoras. La experimentación como premisa para moldear el silencio y entremezclarlo con el sonido, acaba por ser extrañamente cercana y familiar.

Elephant es una pieza por completo hipnótica, que parece ser un canto a los grandes y hermosos paquidermos, mientras que la pieza titular nos devuelve a una sutil disonancia que nos acompaña en el extravío. Con el conocimiento útil y las nociones medulares para comprender y profundizar en la cotidianidad, concluimos este trayecto auditivo tan cercano como si estuviéramos en un paseo donde lo que priva no es la mirada, sino el oído: una campana amarilla es nuestra guía y anfitriona.

Del bit al ruido, del byte a la imagen

Tristan Perich (Nueva York, 1982) ha buscado integrar lógicas provenientes del mundo de las matemáticas y la física con el arte sonoro y visual, cuales fórmulas y modelos puestos a prueba en intrincados pentagramas y encuadres de electrónica manufactura, así como en presentaciones en vivo donde crea escenarios orgánicos a partir de un enfoque digital lleno de bytes inquietos. Con base en ecuaciones y operaciones numéricas, desarrolla entidades musicales, instalaciones y dibujos en papel generados por máquinas que siguen determinados planteamientos programáticos.

Conocida es su pared microtonal de 7.25 metros, que estuvo en el museo de arte de San Diego a finales del año pasado, compuesta por 1,500 bocinas con una frecuencia específica que en conjunto alcanzan cuatro octavas; en este ámbito, también explora los intervalos y la noción de continuidad a través de frecuencias sonoras continuas, distribuidas en paneles de pequeños altavoces colocados estratégicamente. Su álbum 1-Bit Music (2004) fue realizado como un microchip en el que se sintetizó su música electrónica creada en vivo. (http://www.tristanperich.com/).

A largo de sus cinco movimientos y a partir de un solo microchip, 1-Bit Symphony (2010) establece envolventes secuencias impredecibles de agudeza incisiva que se rompen y restauran en aparente casualidad, imposibles de pasar por alto. Desarrolladas en capas sonoras como si de un teclado multinivel se tratara, las piezas eluden las posibilidades melódicas para centrarse en estructuras de una extraña geometría, formando armonías contrapuestas con un particular sentido de la sinergia. En contraparte, se puede apreciar su obra 1-Bit Video, presentando imágenes en blanco y negro con baja resolución generadas por la síntesis de un microchip y rayos catódicos televisivos.

En este mismo sentido estético, Noise Patterns se integra por seis secciones que exploran las posibilidades del ruido, en cuanto a materia capaz de aparentar evolución y movimiento, creando justamente patrones solo susceptibles de ser descubiertos a posteriori. Si bien se puede escuchar en las plataformas digitales como si fuera un disco, el producto físico es un circuito sobre una tabla negra con un audífono que incluso tiene su pequeño switch de encendido, como para reforzar ese toque de digitalismo anacrónico que remite a imágenes polvorientas y llenas de pelusa.

Iluminada electrónica oscura

El trío londinense conformado por los artistas electrónicos e instrumentistas Matt Parker y Chris Amblin y por la vocalista nipona Ayu Okakita, navega entre varias influencias sonoras que van de las oscuridades electrónicas propias de los ochenta, al dubstep de reverberación hipnótica que tanta presencia tiene en las propuestas postmilenarias. Se bautizaron como Nedry en referencia al regordete empleado de Jurassic Park que tiene que enfrentarse con algunas de las lindas criaturas que se encontraban en cautiverio.

Ya colaborando directa y presencialmente después de una breve separación, el grupo debutó con el EP SZ (2010) de producción casera, que sirvió como impulso para consolidar su primer disco poco después: Condor (2010) resultó breve pero cautivante, gracias a esas vocales que han sido comparadas con Bjork y al tejido electrónico de creativo diseño, por momentos dejando que la luz lo traspase aunque con el énfasis puesto en una cuidada densidad.

Su segundo disco, titulado muy a propósito In a Dim Light (2012), inspirado en David Lynch y T.S. Eliot, según se ha señalado, marcó una sustentable permanencia que se extendió a una versión de remezclas. Las penumbras siguen rodeando una voz que combina cierto misterio con fragilidad y elementos cercanos al postrock y al trip-hop aparecen cual escenarios fantasmales que se disipan justo cuando podrían ser percibidos con mayor nitidez. La luz difusa, mientras tanto, se resiste a sucumbir del todo.

AURAL EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Volvió el festival de experimentación sonora después de un año de ausencia. Luciendo un cartel potente, revisemos algunas de las presencias siempre bienvenidas para ampliar rangos y escaparnos de las zonas conocidas. Además, el programa ofreció un cine-concierto sobre las cintas de George Méliès, musicalizadas por un cuarteto de lujo integrado por Lee Ranaldo, John Medeski, Kenny Grohowski y Mike Rivard.

Okkyung Lee

La chelista surcoreana inició su formación en el ambiente de la música clásica y poco a poco fue revisitando otros territorios como el jazz y el avant garde, mostrando que lo suyo es la versatilidad y la capacidad de riesgo. Tras mudarse a Boston para desarrollar sus estudios, se fue a Nueva York donde entró en contacto con un ambiente musical que pronto reconoció como propio. Su trayectoria se conforma por dos grandes vertientes: como colaboradora de grandes nombres del ambiente de la experimentación y grabando sus propios discos.

Dentro de la primera, formó parte del grupo Taylor Ho Bynum & SpiderMonkey Strings, con el que grabó Other Stories (Three Suites) (2005) y ha compartido su talento con gente como Evan Parker, Laurie Anderson, Thurston Moore, Swans, Vijay Iyer, Jim O´Rourke, Nels Cline y John Zorn, por mencionar algunos notables de la vanguardia musical contemporánea. Justamente en la disquera de éste último realizó Nihm (2005), su primer álbum en solitario, abriendo la segunda línea artística mencionada.

Entre colaboración y colaboración, continuó con su propia obra con I Saw the Ghost of an Unknown Soul and It Said (2008), de tendencia escalofriante, seguido de Noisy Love Songs (2010), cual inquietante y febril mirada al romanticismo, y del exquisitamente desconcertante Ghil (2013), con un acento experimentalista y enloquecido ante el que no queda más que rendirse al azaroso desarrollo de sus episodios sonoros, como si fueran producidos por una criatura que cambia de forma constantemente y no sepamos en qué se va a convertir.

Con un solo corte de más de 30 minutos, Amalgam (2016) se desplaza por senderos alterados y disonantes, abiertos en conjunto con Christian Marclay y lleno de expresiones chirriantes como si se exprimieran las posibilidades del chelo en plena trifulca con los lances electrónicos; en este mismo año, grabó Live at Café Oto (2016) junto con Bill Orcutt, guitarrista que gusta del noise y de las aventuras sonoras sin destino predeterminado.

Robert A. A. Lowe

Artista representativo de la comunidad creativa de Chicago, este cantante y multiinstrumentista formó parte del proyecto de rock matemático the 90 Day Men como bajista y de Dreamweapon, junto con integrantes del cuarteto Town and Country. Bajo el sobrenombre de Lichens grabó The Psychic Nature of Being (2005) y Omns (2007), álbumes que navegan entre ecos monásticos, notas engañosamente relajantes con una guitarra acuática de resonancia hipnótica y sonidos electrónicos de creciente intensidad, aunque conservando el tamiz contemplativo.

En complicidad con Rose Lazar grabó Gyromancy (2008), pieza de aproximadamente quince minutos desarrollada por un teclado con sonido en espiral que formó parte del proyecto de una disquera, y Eclipses (2010), incorporando algunos elementos folkpop e indierock. Presentó también Fazo IV: La Kvalito de Speguloj (2010), conformado por ocho cortes en clave electroambiental que de pronto nos llevan a una especie de viaje astral, continuado en su colaboración con el francés Ariel Kalma que se concretó en FRKWYS, Vol. 12: We Know Each Other Somehow (2015).

Godflesh

El veterano dueto primero y trío después, originario de Birmingham y liderado por el guitarrista y cantante Justin Broadrick (quien participó de adolescente con Napalm Death y posteriormente en el proyecto Head of David), se instaló en el territorio del industrial como base de su propuesta, incorporando elementos del metal, la experimentación y el grindcore: o sea, por intensidades no paramos. No obstante, siguen buscando nexos nuevos entre los géneros sin abandonar la densidad en su enfoque.

Junto con el bajista Ben Green, el apoyo de Paul Neville y una caja de ritmos (después sustituida por el baterista Ted Parsons), Broadrick firmó el EP Godflesh (1988) y Streetcleaner (1990), su primer largo que en efecto ya buscaba de manera extrema las carnalidades hasta en las entidades espirituales y advertir sobre la tensión destructiva que invade las las calles. Con esta hiperkinética presentación, la escena del rock conocía a un abrasivo representante, dispuesto a prender fuego por todas partes.

Durante los años noventa, mantuvieron una frenética actividad expresada en álbumes de corte apocalíptico como en Slavestate (1991), originalmente concebido como un disco corto y el EP Cold World (1992), seguidos por Pure (1992), su segundo largo propiamente, Selfless (1994), más cercano al rock, el EP Merciless (1994), integrado por dos piezas que no habían visto la luz y otro par de reciente creación, y Songs of Love and Heat (1996), homónimo de la obra maestra coheniana.

La andanada continuó con Love and Heat in Dub (1997), a partir de un mayor énfasis en los recursos electrónicos del dub y el drum’n’bass pasados por la rudeza característica y retomando sonidos del disco anterior, y con Us and Them (1999), articulado desde un noise digitalizado de corte mecanicista que nos recuerda la permanencia de los conflictos entre ellos y nosotros, justo para cerrar el siglo a tambor batiente entre alaridos de angustia y rítmica machacante.

Para empezar el milenio, se publicó In All Languages (2001), notable recopilación del trabajo del trío que sintetiza con tino la producción desarrollada durante los diez años anteriores. Todavía alcanzaron a sacar el macizo Hymns (2001), a manera de aparente despedida con todo y la salida de Green. Trece años después, cuando todo parecía finiquitado, regresaron con el EP Decline and Fall (2014) y el largo de incendiario mensaje A World Lit Only By Fire (2014), demostrando cómo la experiencia se puede aprovechar para profundizar el furibundo enfoque musical.

Stetson + Neufeld

Nacido en Michigan y asentado en Montreal, el versátil saxofonista Colin Stetson (1977) también intérprete de cuanto instrumento de viento se nos ocurra, gusta de participar con grupos y solistas de altos vuelos de la escena del rock y grabar sus propios discos con orientación jazzera de espíritu experimental. Todavía estando en su ciudad natal como universitario aprendiendo de grandes maestros (Roscoe Mitchell y Henry Threadgill, por ejemplo), grabó Transmission (1997) y Tiny Beast (2002), con el Transmission Trio, donde ya empezaba a mostrar su repertorio de sofisticadas técnicas interpretativas.

Ya como titular con firma propia, propuso el fluido Slow Descent (2003), articulado con una justa medida de accesibilidad y riesgo, entre episodios de complejidad creciente donde la técnica de la circulación del aire y los cambios de timbre se dan vuelo, y otros de cierta calma que nos abrazan con sentida inspiración. Sus colaboraciones igual incluyen cantautoras de diverso cuño como Sinéad O'Connor, Feist, Jolie Holland y Angélique Kidjo, que notables grupos como Animal Collective, The National, TV On the Radio y Godspeed You! Black Emperor, así como artistas de los sonidos digitales como LCD Soundsystem y The Chemical Brothers.

Mientras tanto, la violinista canadiense Sarah Neufeld (Vancouver, 1979), llegó a la escena musical de Montreal junto con el brillante músico electrónico Tim Hecker, apenas cumpliendo la mayoría de edad (según los parámetros mexicanos). Su talento interpretativo y su decisiva capacidad para ahondar en sus habilidades, la llevaron a participar en el clásico instantáneo Funeral (2005) de Arcade Fire, grupo grande con el cual ha mantenido una estrecha relación, ya sea como miembro o intérprete de soporte. Con el impulso, formó parte de The Bell Orchestra y The Luyas, en ese sentido de comunidad artística que ha caracterizado a nuestros vecinos de más al norte.

Con el inquietante New History Warfare, Vol. 1 (2007), plagado de habilidades técnicas integradas a un sorprendente despliegue imaginativo que incluye la simultaneidad en el sonido de las notas, Stetson inició una trilogía que se complementaría con New History Warfare Vol. 2: Judges (2011), en el que se escucha la voz de Laurie Anderson, y New History Warfare Vol. 3: To See More Light (2013), con el apoyo de Justin Vernon (Bon Iver); las obras narran la historia de una comunidad que vivía en el mar y, tras asentarse en tierra algunos de sus miembros, se encuentran con la guerra, el amor y la muerte.

En el inter, a este saxofonista de excepción le dio tiempo para presentar el EP Those Who Didn't Run (2011) y editar Stones (2012), álbum grabado en vivo junto con el colega sueco Mats Gustafsson durante una presentación en el festival de jazz de Vancouver. Neufeld, por su parte, se animó a grabar como solista Hero Brother (2013), su álbum debut de corte austero en el que logró plasmar ideas propias, después de estar rodeada de puro genio musical, considerando que la producción corrió por cuenta de Nils Frahm, otra figura clave de la escena electrónica. Las tres canciones de regalo se integraron después en el EP Black Ground (2014).

Ya juntos, integrados por su convergencia en Arcade Fire, firmaron el soundtrack para Blue Caprice (Moors, 2013) y presentaron el notable Never Were the Way She Was (2015), de intrincadas texturas con una orientación de cercanía; la obra acabó siendo uno de los discos a seguir de aquel reciente año, sobre todo gracias a la creativa suma de talentos en el territorio de la experimentación.

Posteriormente, Stetson propuso Sorrow: A Reimagining of Gorecki’s 3rd. Symphony (2016), una revisión intensa de la clásica obra acerca de las lamentaciones del compositor polaco y Outlaws and Angels (2016), quizá lo mejor del desapercibido filme homónimo de JT Mollner, al tiempo que Neufeld grabó The Ridge (2016), con una mayor presencia de su vertiente como vocalista y ya en plena faceta de búsqueda en solitario.

Ooioo

Cuarteto de mujeres niponas más invitados diversos que mezclan garage, punk, noise y cualquier otra vertiente alterada con absoluto desparpajo y fiereza. Comandadas por Yoshimi P-We, conocida como la percusionista de Boredoms aunque aquí encargándose de la voz y la guitarra, debutaron con el ruidoso OOIOO (1998), al que le seguiría el ingenioso Feather Float (2001), ya atravesando el milenio con una mayor consistencia en el estridente entramado, soportado por efectos sonoros como sacados de otro planeta.

Kila, Kila, Kila (2004) y Gold and Green (2005) le dieron continuidad a la banda, si bien se trató de álbumes transicionales, como para seguir afilando las armas y no perder el hábito de crear escenarios de oscuridad que por momentos parecieran encontrar una calma cargada de ansiedad y de cierto humor retorcido. Vendría después Taiga (2006), otro de sus discos centrales que nos traslada a un naturaleza recargada de tonalidades como los vestuarios fosforescentes que portan Yoshimi, Kayan (guitarra), Aya (bajo) y Ai (batería) en los conciertos.

Regresaron con Armonico Hewa (2009) combinando el español y el swahili en el título, acaso proponiendo una orientación ligeramente más armoniosa, considerando los patrones sonoros en los que se mueven estas niponas, quienes presentaron Gamel (2014), después de cinco años de ausencia y en el que incorporaron rítmicas tribales con influencia del gamelán, tipo de grupo musical originario de Bali y Java: uno acaba sintiéndose parte de un cuadro de Gauguin retocado con extraños colores.

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